Alguna vez el Ciervo

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Alguna vez el Ciervo, Mariana Bernárdez, 2010, 80 p., ISBN 978-607-420-045-4, $70.00
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Viñeta

 

Félix Suárez

¿Qué queda después de la ruptura amorosa? La agonía de los amantes condenados a abrazar el vacío, rastros como inscripciones de fuego en la memoria, y entre la incierta hojarasca de los días, el rumor presentido de un Ciervo, obligado a recorrer las estancias vacías: ojos de ambos puestos ahí para añorar una y otra vez el reino abolido.

Es ésta la realidad en la que los amantes, alcanzados un día por la altísima ira del cielo, se desabrazan, se vacían uno del otro. Ahí ha puesto Mariana Bernárdez su particular acento en este libro. Desde ahí la poeta de Alguna vez el Ciervo se interroga sobre la realidad del desamor y su extravío. Ahí se detiene una vez más para encender, contrita, una hoguera íntima con los suaves y amados restos de la querencia, porque sabe muy bien que al final nadie «quiere el recuerdo de lo perdido».

 

 


Viñeta

 

Aborda poemario delirio del tiempo

 

Carlos Olivares Baró

 

 

El tiempo oscila, reverbera, salpica las pausas y las quietudes. El tiempo es un delirio que sofoca las estaciones. El tiempo, presencia desbordada. El tiempo, río y arpegio. El tiempo coteja todas las posibles conciliaciones. Sed, mirada, éxodo, espesuras, silencios, clamores, aprehensiones, vigilias… El tiempo cobija las gesticulaciones. El pasado es un suceso que se asoma deseoso en el presente.

 

Alguna vez el Ciervo (Editorial Praxis, 2010), de Mariana Bernárdez, aborda trazos metafísicos que nos remiten a Quevedo. «Me interesa el instante poético que da cabida a una multiplicidad temporal», me dice una poeta convencida de los reflujos de la memoria. ¿La evocación como encajamiento en un presente que se diluye?, le pregunto. «Movimiento de la memoria que se va atrás, más atrás, pero regresa como inserción al presente, a lo que somos en este momento que es instante».

El último libro de Mariana Bernárdez es una posibilidad para adentrarnos «al instante/ poético que da/ cabida a una/ multiplicidad/ temporal». Alguna vez el Ciervo, es un poemario de sujeciones. Las hablas que lo conforman abrazan la eventualidad recurrente de esos hilos frágiles de los nombres y esas contingencias de las respiraciones del deseo. La duración aquí es fuga y sosiego. «Me pregunto cómo vivir sin la querencia/ o la caricia rodando de cuello a pie/ ¿será posible ser otros de quienes somos?», pregunta una de las voces que corretean por estos folios. El Ciervo se detiene transmutado en bosque, desamparado en las consonancias de un diálogo cobijado en un piélago de sombras. «Estamos realmente en el tiempo: uno mora el tiempo, lo habita. Me interesa la temporalidad a través del uso de la palabra poética», reafirma Mariana Bernárdez. Leo unos de sus salmos y me doy cuenta de sus improntas detenidas, atajadas en esa corriente que es la permanencia: «La niebla desanuda sombras/ traza la ornamenta/ El vaho contenido/ acecha relámpago/ Miro tus ojos y detienes el tiempo».

 

La Razón, México, 14 ene., 2010, p. 26

carlos.olivares.baro@hotmail.com

 

 

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