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		<title>Librería de Editorial Praxis - Últimos libros del género: Poesía</title>
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		<lastBuildDate>Wed, 22 May 2013 01:38:48 +0100</lastBuildDate>
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			<title>Librería de Editorial Praxis</title>
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		<item>
			<title>Argonautas</title>
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			<description>&lt;p&gt;
	 &lt;/p&gt;
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					&lt;p align=&quot;center&quot;&gt;
						&lt;img alt=&quot;Viñeta&quot; height=&quot;33&quot; src=&quot;imagenes/vineta.png&quot; width=&quot;72&quot; /&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;Autor&quot;&gt;
						Carlos López&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						Los exiliados latinoamericanos que inician la travesía en busca del espejismo estadunidense son argonautas de la modernidad que no llega, sobrevivientes de la esclavitud económica, del feudalismo ideológico. Montados en La Bestia —como los colgados de la serpiente de fierro viejo bautizaron sin eufemismos esa nave del riel—, desesperados, arriesgan la vida para alcanzar la frontera de Estados Unidos. ¿Cómo llegar a un país hecho de inmigrados que ahora rechaza la migración de América Latina, el traspatio que siempre lo ha proveído de mano de obra casi regalada para realizar el trabajo que nadie quiere hacer? Las víctimas del sistema económico rapaz impuesto en todo el mundo que sostienen sus pilares y sólo quieren trabajar para sobrevivir son tratadas como escoria, como delincuentes, por quienes son los únicos beneficiarios de esta situación paradójica, miserable. La poesía de Gloria Vergara interroga en los sueños de estos viajeros, despliega velas en el desierto donde se reflejan las pálidas luces de un amanecer que para ellos no llega.&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
				&lt;/div&gt;
			&lt;/td&gt;
		&lt;/tr&gt;
	&lt;/tbody&gt;
&lt;/table&gt;
&lt;p&gt;
	 &lt;/p&gt;
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		&lt;tr&gt;
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					&lt;p align=&quot;center&quot;&gt;
						&lt;img alt=&quot;Viñeta&quot; height=&quot;33&quot; src=&quot;imagenes/vineta.png&quot; width=&quot;72&quot; /&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
					&lt;p align=&quot;center&quot; class=&quot;Titulo&quot;&gt;
						De viaje la memoria&lt;/p&gt;
					&lt;p align=&quot;right&quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot; style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;
						&lt;em&gt;Todo está siempre en otra parte:&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot; style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;
						&lt;em&gt;allí donde comienza.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;p align=&quot;right&quot; class=&quot;Autor&quot;&gt;
						Roberto Juarroz&lt;/p&gt;
					&lt;p&gt;
						 &lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						Este es un viaje que nos concierne a todos, un viaje que, directa o indirectamente, hemos llevado a cuestas sobre nuestros hombros por varias generaciones. La historia económica del México moderno ha estado ligada siempre a nuestro vecino país del norte, ya por la dependencia comercial, ya por las implicaciones políticas que tienen las decisiones del mandatario en turno. Pero existe otro elemento de flujo (el más valioso e importante) entre ambas naciones que es el pilar en los respectivos sistemas económicos: el capital humano. Por el lado de Estados Unidos, la fuerza laboral que garantiza el crecimiento y desarrollo; y por México, el ingreso de miles de millones de dólares anuales que son el sustento de miles de familias que sortean las peripecias de un país sumido en la desigualdad y la pobreza, de un país convulso entre violencia y narcotráfico. Y en este intercambio de capitales es a nosotros a quien nos toca perder a nuestra gente.&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						Esto es sólo una parte de nuestro discurso histórico-social, de nuestra realidad actual, y hay muchas formar de leerlo: la versión oficial, la versión que nos venden los noticiarios o la versión más fidedigna, la de sus protagonistas en las calles de pueblos y ciudades, en comunidades rurales o los cementerios. Pero existe también otra versión, la que hoy nos presenta Gloria Vergara en &lt;em&gt;Argonautas&lt;/em&gt;, una fusión de elementos que ha elegido entretejer a través de la poesía, una serie de poemas que llegan, que tocan el fondo de una realidad trágica: inmigración y violencia.&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						De la mano de la mitología griega, Gloria Vergara hace una analogía del viaje de Jasón en busca del vellocino de oro con el largo camino y las dificultades que pasan los inmigrantes durante su travesía hacia la frontera con Estados Unidos y los peligros que asechan en ella al tratar de cruzar hacia el otro lado. El olor a muerte, los abusos, el desierto abrazador, acompañan a los hombres y mujeres que han dejado un mundo para insertarse en otro totalmente distinto, buscando un aliento de esperanza para cambiar un poco el que quedó atrás y disfrazar o aliviar el hambre de los suyos. Y sobre esa búsqueda Gloria Vergara escribe:&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						parece que el pasado tiene otra forma y no&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						parece más duro y no&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						parece que el terror es primitivo y no&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						por haber puesto la esperanza&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						en el desierto (p. 25)&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						La frontera es el escenario donde muchas vidas se transforman, donde la conciencia sufre una metamorfosis y, sin embargo, queda congelada en un pasado inmediato y un futuro probable. Es la frontera donde las dudas potencializan la pérdida, es el lugar donde la muerte ronda a las mujeres víctimas de un misterio nunca develado. Y al límite de nuestra tierra y a la orilla de otra, nuestros padres, hermanas e hijas se convierten en números, forman parte de las estadísticas mortalmente en ascenso.&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						            todos vinieron a juárez, a el paso, texas&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						y el vellocino sigue vivo&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						enredado en los cuerpos de todas esas muertas (p. 17)&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						En búsqueda del vellocino de oro, estos «argonautas de la modernidad» —como dice Carlos López— son impulsados por un deseo de retomar el reino (igual que Jasón) o fundar uno nuevo a partir de la recompensa por alcanzar el gran sueño americano que, para muchos, más que pesadilla, se convirtió en un sueño profundo del cual nunca despertaron, tanto por lo que quedaron sumidos en un mundo consumista y borraron cualquier rastro de raíz u origen como por aquellos que fueron sorprendidos por la muerte.&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						los argonautas fueron entonces atormentados&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						por la patrulla fronteriza&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						miles de argos brotaban / en tren&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						sobre el río/ la bestia le decían&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						Etes es la patrulla fronteriza, poniendo trabas a esos jasones aventureros que arriesgan su vida para alcanzar un sueño; Medea son los traficantes de personas que con sus hechizos y magia ayudan a los argonautas a llegar a su destino. Mito y realidad encajan en este poemario que además toca temas como la esencia del hombre, la condición humana, la conciencia y responsabilidad de escribir sobre ello:&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						            tengo la forma / la furia / la beatitud&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						pero las palabras no son puentes&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						brazos vertiginosos&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						¿adónde voy con este México? (p. 33)&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						&lt;em&gt;Argonautas&lt;/em&gt;es la presencia de los que están ausentes; estos poemas son la voz y el silencio, son un diálogo que apela a nuestra conciencia, a nuestra humanidad. Argonautas no son sólo nuestros paisanos y centroamericanos que buscan una mejor calidad de vida para sí y sus familias, argonautas somos todos lo que viajamos en este Argos y compartimos el vellocino de oro que es la vida, con todas sus dificultades y recompensas; argonautas somos todos los que partimos en busca no sólo del bienestar físico, sino en búsqueda de nosotros mismos.&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						Así, los viajeros que aquí logran cruzar una frontera llena de tormentos llegan al otro lado con la añoranza sobre los hombros, con un dolor a cuestas que ha de pesar lo mismo para el que perece o para el que se queda al otro lado esperando el retorno. Partir es el origen primitivo, nómadas contemporáneos que transitan por un país adverso, a merced de los hombres y sus atrocidades, para fundar un mundo al cual poder asirse:&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						Sin nombre sin cara / los argonautas mexicanos&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						buscan&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						comienzan el mundo más allá del río bravo (p. 36)&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
					&lt;p align=&quot;right&quot; class=&quot;Autor&quot;&gt;
						Manuel Alfonso De Jesús Morales&lt;/p&gt;
				&lt;/div&gt;
			&lt;/td&gt;
		&lt;/tr&gt;
	&lt;/tbody&gt;
&lt;/table&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;hr /&gt;&lt;img src=&quot;http://www.editorialpraxis.com/components/com_virtuemart/shop_image/product/resized/Argonautas_517af4c95c5b5_170x200.jpg&quot; alt=&quot;Argonautas&quot; vspace=&quot;5&quot; hspace=&quot;5&quot; align=&quot;left&quot; border=&quot;0&quot; /&gt;&lt;br /&gt;Precio: 

	&lt;span class=&quot;productPrice&quot;&gt;
		$50.00			&lt;/span&gt;


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			<category>Poesía</category>
			<pubDate>Fri, 26 Apr 2013 21:42:33 +0100</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title>La patria del corazón</title>
			<link>http://www.editorialpraxis.com/index.php?product_id=744&amp;page=shop.product_details&amp;category_id=38&amp;flypage=garden_flypage.tpl&amp;option=com_virtuemart&amp;Itemid=1</link>
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	&lt;span class=&quot;productPrice&quot;&gt;
		$130.00			&lt;/span&gt;


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			<category>Poesía</category>
			<pubDate>Tue, 23 Apr 2013 01:13:05 +0100</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title>De noche, una calle</title>
			<link>http://www.editorialpraxis.com/index.php?product_id=193&amp;page=shop.product_details&amp;category_id=38&amp;flypage=garden_flypage.tpl&amp;option=com_virtuemart&amp;Itemid=1</link>
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	 &lt;/p&gt;
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		&lt;tr&gt;
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				&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;
					&lt;p align=&quot;center&quot;&gt;
						&lt;img alt=&quot;Viñeta&quot; height=&quot;33&quot; src=&quot;imagenes/vineta.png&quot; width=&quot;72&quot; /&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;Autor&quot; style=&quot;line-height: 14.25pt;&quot;&gt;
						&lt;span style=&quot;font-family: Arial, sans-serif;&quot;&gt;José Falconi&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot; style=&quot;line-height: 14.25pt;&quot;&gt;
						&lt;span style=&quot;font-family: Arial, sans-serif;&quot;&gt;E&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial, sans-serif;&quot;&gt;n &lt;i&gt;De noche, una calle&lt;/i&gt; Refugio Pereida funda una urbe poética habitada por los símbolos del deseo, el amor, la soledad y la muerte. Estos símbolos deambulan encarnados en personas, animales, elementos de la naturaleza e insectos que se confrontan, se confunden, se reúnen y se separan construyendo destinos personales y paradójicamente colectivos que es señal, cifra, santo y seña de una triste realidad: la vida en sus múltiples expresiones es a fin de cuentas una mascarada febril, carnavalesca, tal vez tan sólo fantasma o espejismo de lo que tendría que ser una vida a la altura de la imaginación humana y de los recónditos misterios de la realidad, tal como querían los poetas surrealistas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot; style=&quot;line-height: 14.25pt;&quot;&gt;
						&lt;span style=&quot;font-family: Arial, sans-serif;&quot;&gt;Entrampados en «el reino de la necesidad»&lt;i&gt;, &lt;/i&gt;los seres humanos nos hemos apartado de nuestra naturaleza adánica —donde mora nuestra capacidad de poetizar— y hemos negado el mandato más alto que la Naturaleza nos ha confiado: cuidar la maravilla y la diversidad del mundo para evolucionar junto con él. Enajenados por las supersticiones que el mundo del poder, el éxito, el dinero nos ofrece, hemos dejado de comprender de qué tamaño es el desastre que nos hemos construido y heredado. La poeta Refugio Pereida parece decirnos que el desastre de la realidad que nos circunda sólo puede darnos tregua cuando ejercemos nuestra soberanía corporal; el derecho —que debiera ser irrestricto e irrenunciable— al ejercicio de nuestra sensualidad y sexualidad «bajo el pulcro bostezo de la noche»&lt;i&gt;. &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot; style=&quot;line-height: 14.25pt;&quot;&gt;
						&lt;span style=&quot;font-family: Arial, sans-serif;&quot;&gt;La poeta Refugio Pereida en &lt;i&gt;De noche, una calle&lt;/i&gt; funda una ciudad poblada de sonidos y silencios. Es decir, de un ritmo poético que recuerda canciones de incunables sonidos, de danzas al mediodía o de una lengua vagabunda o rumor de sorgo que cae y lo hace con las palabras que se ocultan detrás de las voces cotidianas. Detrás de los frágiles nombres de las cosas, los hechos, las emociones del mundo, si bien observamos, si indagamos como detectives adánicos que quieren ver más allá de la apariencia de la realidad, encontraremos las lianas rotas de tu mano en mi mano; es decir, la potencia poética que unifica la realidad objetiva y subjetiva: las otras palabras, las que son capaces de erotizar «el retrato de un suicida trepado en su silencio».&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot; style=&quot;line-height: 14.25pt;&quot;&gt;
						&lt;i&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial, sans-serif;&quot;&gt;De noche, una calle &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Arial, sans-serif;&quot;&gt;es un intenso libro escrito con maestría en &lt;i&gt;sus &lt;/i&gt;decires, en que el tema, &lt;i&gt;contrario sensu&lt;/i&gt; a lo que sucede en buena parte de la poesía que en estos tristes tiempos se escribe, sí cuenta, y en mucho: el tópico nodal de este libro es el de la resistencia y reafirmación de la condición humana y sus númenes creativos. Resistencia y reafirmación ante una realidad que pervierte la condición primigenia del ser y enajena su capacidad de hacer el mundo más amplio y luminoso. Un mundo desquiciado por las acechanzas, desvaríos y perversidades de los poderes políticos, económicos, religiosos y aún culturales que quiebran el amor, desarman el deseo y promueven no la hermandad sino la complicidad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot; style=&quot;line-height: 14.25pt;&quot;&gt;
						&lt;span style=&quot;font-family: Arial, sans-serif;&quot;&gt;Hace apenas unas cuantas noches, en una calle de la colonia San Rafael vi un grupo de enanos que habían sacado a pasear a sus sexos bajo la lluvia y en la esquina de esa misma calle me encontré al &lt;i&gt;Che&lt;/i&gt; Guevara y a Manuel Acuña, sentados en la banqueta, tomándose una cervezas y leyendo los poemas de Refugio Pereida, poeta que tanto admiro.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot; style=&quot;line-height: 14.25pt;&quot;&gt;
						&lt;span style=&quot;font-family: Arial, sans-serif;&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
				&lt;/div&gt;
			&lt;/td&gt;
		&lt;/tr&gt;
	&lt;/tbody&gt;
&lt;/table&gt;
&lt;hr /&gt;&lt;img src=&quot;http://www.editorialpraxis.com/components/com_virtuemart/shop_image/product/de-noche,-una_170x200.jpg&quot; alt=&quot;De noche, una calle&quot; vspace=&quot;5&quot; hspace=&quot;5&quot; align=&quot;left&quot; border=&quot;0&quot; /&gt;&lt;br /&gt;Precio: 

	&lt;span class=&quot;productPrice&quot;&gt;
		$70.00			&lt;/span&gt;


</description>
			<category>Poesía</category>
			<pubDate>Fri, 21 Aug 2009 18:35:58 +0100</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title>Poemas de espuma</title>
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			<description>&lt;p&gt;
	 &lt;/p&gt;
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	&lt;tbody&gt;
		&lt;tr&gt;
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				&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;
					&lt;p align=&quot;center&quot;&gt;
						&lt;img alt=&quot;Viñeta&quot; height=&quot;33&quot; src=&quot;imagenes/vineta.png&quot; width=&quot;72&quot; /&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;Autor&quot;&gt;
						Juan Antonio Rosado&lt;/p&gt;
					&lt;p&gt;
						 &lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						Es verdad que la pintura se capta de forma sincrónica: de un vistazo atrapamos el lienzo con sus trazos y colores, y aunque por momentos podamos fijarnos en algún detalle, no hay línea temporal que nos guíe, que nos imponga un camino. En cambio, la poesía y la música deben percibirse dentro del orden diacrónico: a lo largo del tiempo-guía se van desplegando y desarrollando los motivos, ritmos, melodías, imágenes, emociones o secuencias narrativas. La pintura es espacial; la música y la literatura, temporales.&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						 No obstante, es posible una conjunción, una comunión de pintura y poesía cuando esta última se nutre de la imagen y de los colores. «Azul, verde-mar,/ arabescos de espuma,/ transparentes olas», y asimismo: «Olor a selva,/ azul-verde mar,/ se mecen las olas/ y tiemblan/ espejos de plata». He ahí una parte fundamental de la poética de Lola Benton en su libro &lt;em&gt;Poemas de espuma&lt;/em&gt;: una poética del color llena de sugestiones visuales y, por tratarse de poesía, también auditivas. A la vez, los textos hurgan en la reflexión y en la memoria. La piedra y el agua, la gruta y la montaña, el sol y las nubes son algunos símbolos-imágenes bañadas de brillos, destellos o sombras. Prácticamente, todos los colores aparecen plasmados: rojo, verde, carmesí, blanco...&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						Las misteriosas metamorfosis de este poemario desembocan en la frescura del cristal, del valle, del espejo, del mar, y también del azar, de los caminos inciertos, llenos de sorpresas y acaso de hermosura. A menudo, los objetos y la naturaleza se tiñen de dimensiones insospechadas.&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						&lt;em&gt;Poemas de espuma&lt;/em&gt; es al mismo tiempo un poemario y un libro de arte en que podemos admirar algunas pinturas de Christine Aebi-Ochsner que dialogan incesantemente con la escritura.&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;Notaalpie&quot; style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;
						&lt;em&gt;La Cultura en México&lt;/em&gt;, suplemento de la revista &lt;em&gt;Siempre&lt;/em&gt;! núm. 3122,&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;Notaalpie&quot; style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;
						México, 14 de abril, 2013, p. 81&lt;/p&gt;
				&lt;/div&gt;
			&lt;/td&gt;
		&lt;/tr&gt;
	&lt;/tbody&gt;
&lt;/table&gt;
&lt;hr /&gt;&lt;img src=&quot;http://www.editorialpraxis.com/components/com_virtuemart/shop_image/product/resized/Poemas_de_espuma_516c3cc9edc61_170x200.jpg&quot; alt=&quot;Poemas de espuma&quot; vspace=&quot;5&quot; hspace=&quot;5&quot; align=&quot;left&quot; border=&quot;0&quot; /&gt;&lt;br /&gt;Precio: 

	&lt;span class=&quot;productPrice&quot;&gt;
		$120.00			&lt;/span&gt;


</description>
			<category>Poesía</category>
			<pubDate>Mon, 15 Apr 2013 17:45:46 +0100</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title>Péndulo</title>
			<link>http://www.editorialpraxis.com/index.php?product_id=432&amp;page=shop.product_details&amp;category_id=38&amp;flypage=garden_flypage.tpl&amp;option=com_virtuemart&amp;Itemid=1</link>
			<description>&lt;table border=&quot;0&quot; bordercolor=&quot;#000000&quot; cellpadding=&quot;0&quot; cellspacing=&quot;0&quot; width=&quot;100%&quot;&gt;
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					&lt;p align=&quot;center&quot;&gt;
						&lt;img alt=&quot;Viñeta&quot; height=&quot;33&quot; src=&quot;imagenes/vineta.png&quot; width=&quot;72&quot; /&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;p&gt;
						 &lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						Elizabeth Hulverson (México, &lt;span class=&quot;versalitas&quot;&gt;df&lt;/span&gt;, marzo, 1954), poeta y escritora, es licenciada en filosofía por la Universidad Iberoamericana. Imparte cátedra en la Universidad de Colima, en la Universidad Nacional Autónoma de México, en la Universidad Iberoamericana y en el Instituto Tecnológico Autónomo de México. Ha colaborado como crítica y traductora en &lt;em&gt;Casa del Tiempo&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;La Jornada Semanal&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Tierra Adentro&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Estudios&lt;/em&gt;,&lt;em&gt; Poesía y Poética&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Los Universitarios&lt;/em&gt;. Su trabajo poético ha visto la luz en diversos periódicos y revistas y fue incluido en la antología bilingüe &lt;em&gt;Un ojo en el muro &lt;/em&gt;(1987).&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
					&lt;div&gt;
						 &lt;/div&gt;
				&lt;/div&gt;
			&lt;/td&gt;
		&lt;/tr&gt;
	&lt;/tbody&gt;
&lt;/table&gt;
&lt;hr /&gt;
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						&lt;img alt=&quot;Viñeta&quot; height=&quot;33&quot; src=&quot;imagenes/vineta.png&quot; width=&quot;72&quot; /&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;Autor&quot;&gt;
						Gloria Prado&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						En un movimiento circular que comienza donde termina y termina donde comienza, Elizabeth Hulverson construye un viaje interior en el que la sujeto lírica se busca, se va rencontrando y se vuelve a perder, en forma paulatina y dolorosa hasta llegar a la disolución, que a la vez es de donde parte, mediante un eslabonamiento de imágenes y de tropos de gran fuerza y originalidad que le confieren una lograda dimensión plástica y poética a las distintas fases por las que tiene que transitar, padecer, revivirse. Las imágenes en el espejo, lago a la vez, las diversas caras que van apareciendo, la fragmentación del espejo-lago y antes la ausencia-presencia de rostro, de rostros, apuntan, justamente, en forma explícita, a la dimensión plástica. Mas, en este viaje, lo único que se encuentra es lo que estaba ahí en el principio.&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
				&lt;/div&gt;
			&lt;/td&gt;
		&lt;/tr&gt;
	&lt;/tbody&gt;
&lt;/table&gt;
&lt;p&gt;
	 &lt;/p&gt;&lt;img src=&quot;http://www.editorialpraxis.com/components/com_virtuemart/shop_image/product/pendulo_170x200.jpg&quot; alt=&quot;Péndulo&quot; vspace=&quot;5&quot; hspace=&quot;5&quot; align=&quot;left&quot; border=&quot;0&quot; /&gt;&lt;br /&gt;Precio: 

	&lt;span class=&quot;productPrice&quot;&gt;
		$70.00			&lt;/span&gt;


</description>
			<category>Poesía</category>
			<pubDate>Fri, 21 Aug 2009 18:36:08 +0100</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title>Fuego de círculos</title>
			<link>http://www.editorialpraxis.com/index.php?product_id=705&amp;page=shop.product_details&amp;category_id=38&amp;flypage=garden_flypage.tpl&amp;option=com_virtuemart&amp;Itemid=1</link>
			<description>&lt;table border=&quot;0&quot; bordercolor=&quot;#000000&quot; cellpadding=&quot;0&quot; cellspacing=&quot;0&quot; width=&quot;100%&quot;&gt;
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					&lt;p align=&quot;center&quot;&gt;
						&lt;img alt=&quot;Viñeta&quot; height=&quot;33&quot; src=&quot;imagenes/vineta.png&quot; width=&quot;72&quot; /&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
					&lt;p align=&quot;center&quot; class=&quot;Titulo&quot;&gt;
						Retrato a lápiz. Tres apuntes para Miguel Ángel Muñoz&lt;/p&gt;
					&lt;p align=&quot;right&quot; class=&quot;Autor&quot;&gt;
						José Francisco Conde Ortega&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						&lt;em&gt;1. &lt;/em&gt;El crítico de arte. Vale la pena insistir: cuando &lt;em&gt;El Viejecito&lt;/em&gt; Urbina apunta que la primera condición del crítico es una fina sensibilidad, asume una realidad de amor propio. Claro, el autor de &lt;em&gt;Lámparas en agonía&lt;/em&gt; se refería al crítico literario, pero no hay que olvidar que muchos escritores, en virtud de esa eterna curiosidad —no pocasveces generosamente insana— han decantado esa «fina sensibilidad» en el asedio de otras artes: la pintura, la música, el teatro… Por eso el diálogo fructífero y muchas páginas de amorosa connivencia a partir de la responsabilidad y una suerte de compromiso ético. Los otros elementos para una crítica pertinente —método, datos,soporte teórico, contexto…— son más fáciles de adquirir.&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						Creo que ése es el camino por el que Miguel Ángel Muñoz ha buscado transitar. Además, ha procurado apropiarse de otras armas para establecerse en un territorio necesario: el rigor. Pronto será doctor en historia del arte, asunto para nada desdeñable, sobre todo si se piensa que la formación académica permite vislumbrar, sin pesadumbre, procedimientos y metas, perspectivas y acercamientos, juicios y valoraciones. Nada debe estar más lejos de la sensibilidad del crítico de arte que la improvisación. Es decir, la utilización de herramientas críticas permite desbrozar caminos y asegurar el principio del asedio y enriquecer la mirada del poeta.&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						Por otra parte, Miguel Ángel Muñoz, ese joven-viejo en un medio de suyo inseguro y esquivo, arriesga otra condición: una irreverencia nacida de la pasión de quien cultiva la poesía. Intolerante y audaz, no vacila en emitir juicios sumarios y definitivos. Todo como producto de un temperamento sedimentado en un paciente trabajo con el poema y en un riguroso ejercicio de reflexión. Así, ha decidido elegir y defender sus preferencias. Los pintores que constituyen el &lt;em&gt;corpus&lt;/em&gt; de su oficio crítico son vistos desde esa necesidad vital de asumir que la sensibilidad y la pasión son espejos que nunca engañan. Son el espejo de un amor propio afanosamente cultivado.&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						&lt;em&gt;2. &lt;/em&gt;El poeta. El trabajo poético de Miguel Ángel Muñoz encuentra su punto de partida y de llegada en una peculiar manera de mirar. En estricta consonancia con su labor crítica, cada poema de Muñoz es un regreso a la Ítaca afanosamente contemplada. Las tiradas de versos, así, constituyen una manera de aceptar la invitación del desasosiego. Del mismo modo que aquel que se aventura en la oscuridad y silba para espantar el miedo, Miguel Ángel Muñoz busca, quizás, la promesa de la luz; o, acaso, la dolorosa certidumbre de sentirse un poco menos inseguro en el mundo porque existe la posibilidad de mirar, aun inciertamente.&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						Y si el poema es un soliloquio, un soliloquio asaz inaudito, cuando intenta vestirse de frac en la página impresa se torna rabiosamente compartido. Y compartido por tres entidades complementarias y dependientes: la línea hospitalaria de algunos pintores promisorios, la mirada fatalmente inquisitiva del poeta y la presencia irrevocable de un lector inequívocamente atento.&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						Poeta de la mirada, Miguel Ángel Muñoz ha intentado la brevedad como consigna. Cada poema busca, de este modo, construirse como un espacio de significados concomitantes. Y aquí la brevedad significa economía y contención. Por eso la mayoría de los verbos están en presente de indicativo, como una manera de privilegiar el aquí y el ahora. Como otra manera de decir que el mundo nace y lo descubre en la mirada oblicua de los otros.&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						&lt;em&gt;3. &lt;/em&gt;El &lt;em&gt;bon vivant&lt;/em&gt;. Ante una mesa de cantina, después de una comida suculenta y al amparo de una cerveza bienhechora, un amigable tequila o un vaso de &lt;em&gt;bon vino&lt;/em&gt; (para recordar a Gonzalo de Berceo), Miguel Ángel Muñoz suele apasionarse con la conversación. Con los amigos la plática encuentra rumbos insospechados, pero nunca languidece. Y confluyen, en ella, pintores europeos, mexicanos y de intrincadas latitudes; poetas amigos y no tanto; escritores y funcionarios; intelectuales por cuales y algo menos. Todos vistos desde la nada serena ebriedad, el humor y la inteligencia. Y los meseros son rebautizados con los nombres más a propósito. Y nunca falta la música: de Vivaldi, Louis Armstrong, los &lt;em&gt;Beatles&lt;/em&gt;, Rigo Tovar.&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						Ésta es una manera de entender el mundo. Una forma menos azarosa de existir. Muñoz reconoce que la vida es una responsabilidad; y que sus asechanzas nos dejan no pocas veces indefensos. Por eso, ante la certeza de la fragilidad del ser en la tierra, la necesidad de la fiesta como rito congregatorio debe convertirse en un imperativo moral. De ahí que la compañía de los amigos sea un resguardo, si bien transitorio, no por eso menos seguro, ante los imponderables de un mundo cada vez más incomprensible.&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						¿Parte del oficio de vivir? Sí. Y feliz consonancia del trabajo y de la vida levemente más allá de aquél. Es cierto: ni la felicidad ni la desdicha duran toda la vida. Por eso hay que agotar las gotas de la buenaventura. Es la forma más certera de la responsabilidad. Miguel Ángel Muñoz lo sabe. Por eso, también, ha decantado su sensibilidad en el arte de vivir.&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
				&lt;/div&gt;
			&lt;/td&gt;
		&lt;/tr&gt;
	&lt;/tbody&gt;
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					&lt;p class=&quot;Autor&quot;&gt;
						Sergio Mondragón&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						Si está claro que el corpus de la poesía que se escribe en nuestra lengua a partir de la irrupción de los trazos de Picasso y la poética de Huidobro tiene una filiación y una deuda insoslayable con la estética cubista, el verso libre y el espíritu del romanticismo, de los cuales es heredera y continuadora la poesía del poeta Miguel Ángel Muñoz resulta, así mismo, depositaria de esa tradición y establece un vínculo igualmente claro con la pintura abstracta y la noción de obra abierta, lo que vendría a contextualizarla como una consecuencia directa y una floración reciente de aquella ruptura que se dio en nuestro arte pictórico y nuestra poesía a partir de los inicios de la segunda mitad del siglo anterior.&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						Sólo que en esta poética de la abstracción que su libro reciente nos entrega con una cierta actitud cauta, en la que se deja entrever que esta escritura podría soportar —y aun exigir— una mayor tensión visual y verbal para más ampliamente expresarse, se hace paradójica y vagamente visible, o sugerible, un sujeto que a lo largo del libro y entre líneas, inventa, descubre, piensa, fabula, percibe, corrige, mancha: un sujeto &lt;em&gt;alguien &lt;/em&gt;que ve pintura y que a través de ella penetra al reino de la poesía, el cual es transmutado a su vez en el lenguaje de los campos de color, las formas informes, el espacio, los bordes y los horizontes, en suma, en la plenitud del ser de la pintura, que queda así fundido en esa interpenetración con el ser de la poesía.&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						Muñoz ha construido este libro como quien ve pinturas y lee poemas ajenos al tiempo que pasa revista y hace versiones de los poemas y las pinturas que le han precedido y que admira, actividad que recuerda la manera en que procede el poeta John Ashbery cuando glosa y extiende él también el trabajo de otros poetas y pintores, como lo hace en su largo poema «Autorretrato en un espejo convexo», el cual es reflejo y comentario de la pintura que con ese nombre realizó en el siglo &lt;span class=&quot;versalitas&quot;&gt;xvi&lt;/span&gt; el manierista Parmigianino. De manera similar y con estos signos y claves intelectuales, Muñoz retoma la tradición del arte moderno y se apoya en los modelos que éste le proporciona, lo que permite a sus lectores verlo ver pintura y escribir sobre ella, y oírlo leer y recordar poemas y poetas, en una sucesión de imágenes que son reflejos de reflejos y espejos que los reproducen y que son la virtud más evidente de esta experiencia escritural. &lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
				&lt;/div&gt;
			&lt;/td&gt;
		&lt;/tr&gt;
	&lt;/tbody&gt;
&lt;/table&gt;
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					&lt;p align=&quot;center&quot;&gt;
						&lt;img alt=&quot;Viñeta&quot; height=&quot;33&quot; src=&quot;imagenes/vineta.png&quot; width=&quot;72&quot; /&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;Autor&quot; style=&quot;text-align: right; &quot;&gt;
						Ricardo Muñoz Munguía&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						En la pintura se buscan, o más bien, se encuentran signos. Las imágenes despliegan ecos que son sombras, que son luces. La poesía, por su parte, aprehende esos signos, los descubre, los engancha del paisaje o del subconsciente o de la cotidianidad o de una pintura…, y los jala a las páginas. Es otra manera de agotar imágenes, de exponerlas a la luz de la mirada.&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						De la labor como crítico de arte de Miguel Ángel Muñoz (Cuernavaca, Morelos, 1972) han sido publicados varios volúmenes de gran valía para el arte plástico. Diversos artistas tanto de América como de Europa han atraído la atención de Muñoz. Por otro lado, su creación poética, que también le ha dado varios volúmenes, de algún modo se conjunta con la pintura, o quizás el prejuicio que nos puede provocar el ensayista por su constante relación con el arte forma tal encauzamiento. Sin embargo, al intentar sacudirnos tal prejuicio, las figuras persisten: «Cristales opacos,/ miradas fugaces,/ labios encendidos,/ sombra».&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						El más reciente libro de poemas de Miguel Ángel Muñoz cuenta con varios registros, símbolos que transmiten una voz. Entre estos símbolos encontramos la constante búsqueda de la luz, de acariciar los entornos que cada luminosidad provoca al filtrarse en el día o en el encanto nocturnal desplegado a lo largo de su firmamento como sucede en su poema «Mirador»: «I// Despertar entre islas,/ silencio como una roca/ contra un cielo estrellado.// II// Abrir los brazos,/ un solo cielo,/ sentir el tiempo,/ el viento, la luz/ tejiendo un imperio/ que el agua romperá». El silencio es otra constante que en voz de Miguel Ángel parecen traducirse en roca, como lo menciona en el poema que acabo de citar, o el instante preciso en que el sueño clava su daga y que Muñoz lo dibuja a su manera en «Murmullo», otro poema anhelante: «Guardar silencio en este laberinto/ sumergido en pliegues de voces/ y no escuchar nada.// Torres de murmullos/ que se olvidan del mundo.// Me arropas el silencio/ y respiro sueños/ que destilan suave indiferencia […]. Vivir es esto,/ sin palabras,/ sin llanto,/ sin piel que soporte/ la demorada vida y la muerte,/ con el tiempo ilusorio sobre la cama/ y mis cenizas dispersas en ramas ciegas».&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						Los signos de que se ocupa Miguel Ángel Muñoz en su &lt;em&gt;Fuego de círculos&lt;/em&gt; están persistentemente clavados en sitios estratégicos a lo largo de los poemas. Estrategia que, al finalizar el volumen, nos provoca el sabor de habernos internado por un mismo sitio donde cada uno de esos signos termina por formar un solo cuadro, paisaje abierto con el fino toque del escalpelo poético y que provoca el hundimiento de la mirada hasta el subconsciente.&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						Entre tales signos también destacan el mar que atraviesa y rebasa los horizontes, agua que nace y renace y muestra sus conexiones, como se presenta en «Ausencia», en que Muñoz la atrapa: «La nieve no es transparente/ sino prisionera de luz.// Ella está en reposo/ y fluye bajo el Sol// Sed, deseo y transparencia/ bajo el destino del tiempo/ que abre centelleos junto a las laderas». El tiempo es una presencia importante en los versos de Miguel Ángel, quien voltea hacia los rastros del tiempo que paralelamente corren junto con los poemas: «Evocar ramas en el tiempo,/ aguas extendidas/ en un cielo arañado/ interminable». Por último, otra constante que quizá mejor se afianza es la del cuerpo del espejo, en el que se traza la dualidad provocada por la fuerza del reflejo: imágenes vertidas en sombras, palabra transformándose en luces. «Espejo de agua,/ único signo/ que expande mundos».&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						&lt;em&gt;Fuego de círculos&lt;/em&gt;, como es de esperarse, se acompaña de ilustraciones, en este poemario, de Ignacio Iturria. Las imágenes prevalecen en la figura de la palabra para dictar el panorama de la memoria, un recorrido en que se conjuntan la pintura con el poema y destellan su reflejo para fundirse en un mismo cuadro-poema.&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;Notaalpie&quot; style=&quot;text-align: right; &quot;&gt;
						&lt;em&gt;Siempre!&lt;/em&gt;, 3065 y 3066, &lt;em&gt;La Cultura en México&lt;/em&gt;, México, 11 y 18 de marzo, 2012, p. 85 y 86&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;Notaalpie&quot; style=&quot;text-align: right; &quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
				&lt;/div&gt;
			&lt;/td&gt;
		&lt;/tr&gt;
	&lt;/tbody&gt;
&lt;/table&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;table border=&quot;0&quot; bordercolor=&quot;#000000&quot; cellpadding=&quot;0&quot; cellspacing=&quot;0&quot; width=&quot;100%&quot;&gt;
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				&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;
					&lt;p align=&quot;center&quot;&gt;
						&lt;img alt=&quot;Viñeta&quot; height=&quot;33&quot; src=&quot;imagenes/vineta.png&quot; width=&quot;72&quot; /&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;Autor&quot;&gt;
						Juan Antonio Rosado&lt;/p&gt;
					&lt;p&gt;
						 &lt;/p&gt;
					&lt;p align=&quot;center&quot; class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						El crítico de arte contempla los trazos y colores; los trata como elementos que en el lienzo cobran vida y significados: un sentido en sus propios contextos que a menudo va mucho más allá de la tela o del espacio en que se ubican. Cuando el crítico-poeta Miguel Ángel Muñoz dice &lt;em&gt;Fuego de círculos&lt;/em&gt; y lo coloca como título de un poemario, no sólo invierte la conocida imagen —circense lugar común— «círculos de fuego», sino que le confiere a un trazo —el círculo, los círculos— la cualidad de complemento adnominal (en términos gramaticales), de modo que la frase nominal completa puede interpretarse como una serie de círculos que se han apropiado del fuego, aunque también como un fuego hecho de círculos, o como un fuego que los contiene porque es la medida que los puede resguardar, como el vaso al agua cuando decimos: «vaso de agua», ya que si utilizamos la preposición &lt;em&gt;con&lt;/em&gt; podría ser cualquier cantidad. El nexo &lt;em&gt;de&lt;/em&gt; nos otorga la medida del recipiente (en este caso, el fuego).&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						Como se aprecia, desde el título hay un matrimonio entre el poeta y el ojo que observa trazos. Abro entonces la primera página y me encuentro con el poema «Líneas», estructurado como adivinanza: «Rumor de aires nocturnos,/ líneas en bordes sombríos.// Espacio.// El oleaje divide y cae;/ las rocas, lenguaje/ que el espacio quiebra.// Vacío, sombra divisoria,/ ágil ladera./ La noche humedece./ Es el silencio». Más adelante, desfilan los versos de «Espacio», «Bordes de luz», «Espacios», «Superficie», que evocan la materia impalpable de la luz que desciende y revela imágenes de plasticidad sonora o candente. Otros poemas, no obstante, evocan espacios más concretos, geografías con historia y cotidianidad, como los titulados «París», «Palestina» o «Extranjeros en Grecia». Otros abarcan los sentidos como signos por descifrar, desiertos, a veces inmóviles, ya cristalizados, con la voz que cae sin eco ni luz, ya en un laberinto que ciega.&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						Para Muñoz, el poema «es un silencio». En el silencio se contempla mejor, como ocurre con la imagen de una pintura. Pero además, «bajo la forma de su lenguaje es signo». Desde la mirada del prologuista, el crítico literario José Francisco Conde Ortega, «cada poema de Muñoz es un regreso a la Ítaca afanosamente contemplada».&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;Notaalpie&quot; style=&quot;text-align: right; &quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;Notaalpie&quot; style=&quot;text-align: right; &quot;&gt;
						&lt;em&gt;La Jornada Morelos&lt;/em&gt;, Cuernavaca, Morelos, 10 de octubre, 2012, p. 14&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;Notaalpie&quot; style=&quot;text-align: right; &quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
				&lt;/div&gt;
			&lt;/td&gt;
		&lt;/tr&gt;
	&lt;/tbody&gt;
&lt;/table&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;table border=&quot;0&quot; bordercolor=&quot;#000000&quot; cellpadding=&quot;0&quot; cellspacing=&quot;0&quot; width=&quot;100%&quot;&gt;
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		&lt;tr&gt;
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				&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;
					&lt;p align=&quot;center&quot;&gt;
						&lt;img alt=&quot;Viñeta&quot; height=&quot;33&quot; src=&quot;imagenes/vineta.png&quot; width=&quot;72&quot; /&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;p align=&quot;center&quot; class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;Autor&quot;&gt;
						&lt;span style=&quot;color: rgb(34, 34, 34); font-family: Arial, sans-serif; font-size: 13px; font-variant: small-caps;&quot;&gt;José An&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;color: rgb(34, 34, 34); font-family: Arial, sans-serif; font-size: 13px; font-variant: small-caps;&quot;&gt;tonio Sáez&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						&lt;em&gt;Fuego de círculos &lt;/em&gt;es el título que en este caso el poeta mexicano Miguel Ángel Muñoz ha publicado en Editorial Praxis. Bien pudiera considerarse una imagen visual aquélla que señala el título, pero lo cierto es que también aquí se dan la mano pintura y poesía, poesía y pintura, estrechamente vinculadas. El prologuista de su poemario, Juan Francisco Conde Ortega, señala tres facetas de su personalidad bien definidas: el crítico de arte, el poeta y el &lt;em&gt;bon vivant&lt;/em&gt;, en este último caso por su carácter de buen conversador ante una mesa. La poesía de Muñoz se considera heredera de Picasso y de Huidobro, del cubismo y el creacionismo, así como del espíritu romántico en general, la pintura abstracta y la noción de obra abierta. Se trata de una poesía que visualiza y que intenta sugerir más que decir por parte de su creador. Muñoz va de la pintura a la poesía y de ella a la pintura, pues esos son sus &lt;em&gt;círculos de fuego&lt;/em&gt;, a la manera de John Ashbery, apoyándose siempre en los presupuestos del arte moderno. Poemas que son espejos de imágenes, escritura que es experimentación y singularidad, como la del equilibrista que camina tembloroso sobre la cuerda tensa. Una teorización poética de un programa estético y visual. Todo eso y aún más encontrará el lector en este libro singular del crítico y poeta mexicano, quien viene asistiendo como espectador y protagonista privilegiado a la evolución de los mejores pintores y poetas españoles en las últimas décadas.&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;Notaalpie&quot;&gt;
						&lt;em&gt;La mirada ausente&lt;/em&gt;, España, 24 feb., 2013&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;Notaalpie&quot; style=&quot;text-align: right; &quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
				&lt;/div&gt;
			&lt;/td&gt;
		&lt;/tr&gt;
	&lt;/tbody&gt;
&lt;/table&gt;
&lt;p&gt;
	 &lt;/p&gt;&lt;img src=&quot;http://www.editorialpraxis.com/components/com_virtuemart/shop_image/product/resized/Fuego_de_c__rcul_4f32f5766e677_170x200.jpg&quot; alt=&quot;Fuego de círculos&quot; vspace=&quot;5&quot; hspace=&quot;5&quot; align=&quot;left&quot; border=&quot;0&quot; /&gt;&lt;br /&gt;Precio: 

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			<category>Poesía</category>
			<pubDate>Wed, 08 Feb 2012 22:21:42 +0100</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title>Territorio del tiempo</title>
			<link>http://www.editorialpraxis.com/index.php?product_id=671&amp;page=shop.product_details&amp;category_id=38&amp;flypage=garden_flypage.tpl&amp;option=com_virtuemart&amp;Itemid=1</link>
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						&lt;img alt=&quot;Viñeta&quot; height=&quot;33&quot; src=&quot;imagenes/vineta.png&quot; width=&quot;72&quot; /&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;p&gt;
						 &lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;Autor&quot;&gt;
						Francisco Calvo Serraller&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						Las revelaciones de Ràfols no se han hecho contra sí mismo, sino extendiéndose y ahondándose más él mismo por la naturaleza pictórica y poética, ya que parece abarcarlo todo. Para explicarme esta belleza, que es producto de una total libertad conquistada a través de toda una vida, no puedo resignarme a reducir el hallazgo de este don a una cuestión de maestría técnica, sino a una decantación espiritual, que es, en suma, no me cabe la menor duda, pariente directa del «temblor del tiempo», el juicio final de la pintura, que es, a la vez, su consumación y resurrección. ¡Vaya paisaje!&lt;/p&gt;
					 
					&lt;p&gt;
						 &lt;/p&gt;
				&lt;/div&gt;
			&lt;/td&gt;
		&lt;/tr&gt;
	&lt;/tbody&gt;
&lt;/table&gt;
&lt;hr /&gt;
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						&lt;img alt=&quot;Viñeta&quot; height=&quot;33&quot; src=&quot;imagenes/vineta.png&quot; width=&quot;72&quot; /&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;p&gt;
						 &lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;Autor&quot;&gt;
						Eduardo Moga&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						Los poemas de Ràfols-Casamada -en los que se advierten ecos valentinos, como su insistencia en la espera y la luz, y de eso que se ha llamado poesía del silencio- son poemas de la fugacidad: poemas que atrapan instantes. Algunos de ellos, brevísimos, casi haiku, transcriben literalmente esa sensación de instantaneidad.&lt;/p&gt;
					 
					&lt;p&gt;
						 &lt;/p&gt;
				&lt;/div&gt;
			&lt;/td&gt;
		&lt;/tr&gt;
	&lt;/tbody&gt;
&lt;/table&gt;
&lt;hr /&gt;
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					&lt;p align=&quot;center&quot;&gt;
						&lt;img alt=&quot;Viñeta&quot; height=&quot;33&quot; src=&quot;imagenes/vineta.png&quot; width=&quot;72&quot; /&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;Titulo&quot;&gt;
						Albert Ràfols-Casamada: «Hay un tiempo de cantos...»&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;Autor&quot;&gt;
						José Francisco Conde Ortega&lt;/p&gt;
					&lt;p&gt;
						 &lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						En las primeras páginas —10, 15— de &lt;em&gt;El amor&lt;/em&gt;, Marguerite Duras nos convierte en testigos de un triángulo inusitado. Un hombre que camina con un paso tan regular que parece un prisionero, otro que únicamente mira y una mujer encinta parecen querer que el lector se vuelva cómplice propiciatorio de un silencio que favorece, en la isla que les sirve de escenario, el arrobo ante la gama de colores que suscita la luz, en su empecinado ir y venir del día a la noche, en su contacto con el mar, la arena y los resquicios de un paisaje melancólicamente compartido. Es, a fin de cuentas, la puesta a prueba de la experiencia vital más onerosamente destructiva: el amor.&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						Algo muy parecido ocurre con &lt;em&gt;Territorios del tiempo&lt;/em&gt;, antología poética de Albert Ràfols-Casamada preparada por Miguel Ángel Muñoz. Si bien el libro contiene una selección de la obra poética del autor en un espacio de tiempo reducido —1976-2007—, sí es posible percatarse de una tensión vital que da sentido al conjunto: un triángulo que atisba las luces de la creación en el ávido movimiento de sus vértices: la conciencia vigilante de Ràfols-Casamada, la búsqueda de la palabra escrita que permita vislumbrar el misterio de la creación y la omnipresencia de la línea y de la forma conforman las aristas de un oficio poético obsesiva y dolorosamente sujeto a su carácter transitorio.&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						La conciencia vigilante de Ràfols-Casamada le permitió erigirse como una de las figuras intelectuales más notables del siglo xx. Es uno de los mayores pintores abstractos; y ejerció, como necesidad vital la teoría, el magisterio y la poesía. Todo como un asidero en la zozobra; como una manera de cercar el tiempo para explicarse la fragilidad y la permanencia de ese «minuto fraudulento», de ese instante en que el artista roza la eternidad. Por eso la referencia a Marguerite Duras, pues ésta coloca a sus personajes en la experiencia límite del olvido, quizás para entender menos superficialmente algo muy parecido al amor. Por eso los ángulos de su triada se mueven caprichosamente, como un espejo que siguiera las opacidades de la vida. Así los lados del triángulo de Ráfols-Casamada.&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						De seis títulos son los poemas tomados para esta antología: &lt;em&gt;Territorio del tiempo&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Ángulo de luz&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Roc de mestral&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;El color de las piedras&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Huésped del día&lt;/em&gt; y &lt;em&gt;Textos dispersos&lt;/em&gt;. En ellos se deja ver una constante: la búsqueda de equilibrio entre la tradición y la ruptura formal de las vanguardias. Así, la permanencia de un ritmo de cadencia antigua pasa, sin mayor apuro, a la amplia ola rítmica tan cara a, por ejemplo, T.S. Eliot. Todo en busca, inevitablemente, de la imagen irrepetible y, al mismo tiempo, esclarecedora del misterio de la forma pictórica. Por eso casi todos los poemas enuncian empecinadamente el presente, como si el poeta hablara en voz baja para conjurar a los fantasmas que se mueven traviesamente entre el límite siempre evanescente del pasado y el futuro. Es la conciencia vigilante y la palabra, dos lados del triángulo que buscan su tercera posibilidad: la certidumbre de la línea.&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						Por eso dice el poeta, en &lt;em&gt;Roc de mestral&lt;/em&gt;: «para rencontrar la imagen/ sonora vuela una abeja». Ardua sinestesia que configura un arte poética. Ése es el camino —uno de tantos, quizás— que permite el libro al lector. Es decir, imagen en busca de la imagen. Conciencia vigilante que mira con cierta desconfianza a las vanguardias, pero sin rechazarlas. De ahí que la parte en ese sentido más propositiva sea la de los poemas de &lt;em&gt;Huésped del día&lt;/em&gt;. Allí se encuentra más confiada la conciencia vigilante del artista. Y todo mediante dos artificios seguros. El primero es la decantación de la imagen. Decantación que lleva a Ráfols-Casamada a ofrecer una versión personalísima del haiku. La otra, asumirse como testigo ultraconsciente de otros artistas en el momento de la creación.&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						Así, Ráfols-Casamada cierra las aristas de su triángulo. Deja que el lector comparta un poco esa búsqueda de la (sin)razón del arte. Por eso es ejemplar el poema titulado «Gris»:&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						                                   ¿Qué color tiene la luz&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						                                    cuando entra por las ventanas?&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						                                   Con gesto seguro&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						                                               Velázquez&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						                                   pinta&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						                                               y&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						                                   piensa&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						                                   mientras pinta.&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						  &lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;Notaalpie&quot; style=&quot;text-align: right; &quot;&gt;
						&lt;em&gt;Casa del Tiempo&lt;/em&gt;, 50-51, México, dic., 2011-ene., 2012, p. 94-95&lt;/p&gt;
					&lt;p&gt;
						 &lt;/p&gt;
				&lt;/div&gt;
			&lt;/td&gt;
		&lt;/tr&gt;
	&lt;/tbody&gt;
&lt;/table&gt;
&lt;hr /&gt;
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						&lt;img alt=&quot;Viñeta&quot; height=&quot;33&quot; src=&quot;imagenes/vineta.png&quot; width=&quot;72&quot; /&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;Autor&quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;Autor&quot;&gt;
						José Antonio Sáez&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						En la antología poética del pintor catalán Albert Ràfols-Casamada, titulada &lt;em&gt;Territorio del tiempo&lt;/em&gt; y publicada por la editorial mexicana Praxis, se compendian textos seleccionados de un largo periodo comprendido entre los años 1976-2007 por el poeta y crítico mexicano Miguel Ángel Muñoz, amigo personal del pintor fallecido en 2009. Concretamente, se integran en ella poemas extraídos de los libros &lt;em&gt;Territorio del tiempo&lt;/em&gt; (1976-1989), &lt;em&gt;Ángulo de luz&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Roc de mestral&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;El color de las piedras&lt;/em&gt; (1989-1994), &lt;em&gt;Huésped del día&lt;/em&gt; (1994-2002) y &lt;em&gt;Textos dispersos&lt;/em&gt; (2002-2007). En la introducción que va al frente del volumen, firmada por el propio Muñoz («Lenguaje y tradición en la poesía de Albert Ràfols-Casamada») se nos hace saber lo siguiente: «Ràfols reconoce las resonancias de la tradición clasicista mediterránea que heredó una infancia influida por el &lt;em&gt;nouvencentisme&lt;/em&gt; que defendía Eugenio d’Ors» (p. 9). Señala, además, el crítico mexicano desde las influencias de la poética íntima de Sunyer hasta las del expresionismo abstracto estadunidense o el espacialismo europeo. En los poemas de Ráfols-Casamada hay un pintor que se acerca con inteligencia y sensibilidad a la pintura de la poesía. Sus versos son sensaciones pictóricas visuales y emociones pictóricas surgidas de la forma y el color, del espacio y la superficie, no exentas de emoción y fascinación, los cuales rayan, en múltiples ocasiones, en el minimalismo poético. Pintor de palabras, los trazos y las superficies sobre las que imprime forma a lo que no tiene forma. Podríamos decir así, en un juego verbal, que el autor hace de su pintura poesía, y poesía de su pintura.&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;Notaalpie&quot;&gt;
						&lt;i style=&quot;color: rgb(34, 34, 34); font-family: Arial, sans-serif; font-size: 13px;&quot;&gt;La mirada ausente&lt;/i&gt;&lt;span style=&quot;color: rgb(34, 34, 34); font-family: Arial, sans-serif; font-size: 13px;&quot;&gt;, España, 24 feb., 2013&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
					 
					&lt;p&gt;
						 &lt;/p&gt;
				&lt;/div&gt;
			&lt;/td&gt;
		&lt;/tr&gt;
	&lt;/tbody&gt;
&lt;/table&gt;
&lt;hr /&gt;&lt;img src=&quot;http://www.editorialpraxis.com/components/com_virtuemart/shop_image/product/resized/Territorio_del_t_4db75de76e2ad_170x200.jpg&quot; alt=&quot;Territorio del tiempo&quot; vspace=&quot;5&quot; hspace=&quot;5&quot; align=&quot;left&quot; border=&quot;0&quot; /&gt;&lt;br /&gt;Precio: 

	&lt;span class=&quot;productPrice&quot;&gt;
		$150.00			&lt;/span&gt;


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			<category>Poesía</category>
			<pubDate>Wed, 27 Apr 2011 00:05:59 +0100</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title>Xochitecuan/Tigre florido</title>
			<link>http://www.editorialpraxis.com/index.php?product_id=737&amp;page=shop.product_details&amp;category_id=38&amp;flypage=garden_flypage.tpl&amp;option=com_virtuemart&amp;Itemid=1</link>
			<description>&lt;p&gt;
	 &lt;/p&gt;
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					&lt;p align=&quot;center&quot;&gt;
						&lt;img alt=&quot;Viñeta&quot; height=&quot;33&quot; src=&quot;imagenes/vineta.png&quot; width=&quot;72&quot; /&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						Originario de Topiltepec, Zitlala, Guerrero, Gustavo Zapoteco realizó estudios de turismo en la Facultad de Turismo de la Universidad Autónoma de Guerrero, y obtuvo diplomados de creación literaria en lenguas indígenas en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México y en el taller de creación literaria auspiciado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. Ha recopilado literatura oral de indígenas tlapanecos, mixtecos, popolocas y nahuas de Guerrero y Puebla, migrantes asentados en campamentos cañeros del estado de Morelos. Participó en los encuentros Nahuatlamatilistle y el Mikistle, en Guerrero y Morelos, y en el Tercer Festival de Lenguas de América, realizado en la Sala Nezahualcóyotl de la unam, en 2008.&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						Publicó los poemarios &lt;em&gt;Cuicatl in yolotl/Cantos del corazón&lt;/em&gt; (2002), &lt;em&gt;Cuicatl pan tlalliouatlmej/Cantos en el cañaveral&lt;/em&gt; (2004) y &lt;em&gt;Xochitl ihuan cuicatl in Morelos/Flor y canto en Morelos&lt;/em&gt; (2007). Fue becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes en 2007 y del Instituto de Cultura de Morelos.&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						En la actualidad, es coordinador de Asuntos Indígenas, Colonias y Poblados del Municipio de Tlaltizapan, Morelos.&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
				&lt;/div&gt;
			&lt;/td&gt;
		&lt;/tr&gt;
	&lt;/tbody&gt;
&lt;/table&gt;
&lt;hr /&gt;
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					&lt;p align=&quot;center&quot;&gt;
						&lt;img alt=&quot;Viñeta&quot; height=&quot;33&quot; src=&quot;imagenes/vineta.png&quot; width=&quot;72&quot; /&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						La palabra de nuestros antepasados es una forma de la revelación a través de la sencillez. No de la superficialidad, ni del uso convertido en abuso. Es, en la esencia de sí, el mejor testimonio del canto: a las flores, a los guerreros, al dador de la vida, a las conquistas, a los animales, a la naturaleza. Con el hechizo primordial de la sensibilidad, Gustavo Zapoteco Sideño escribió Xochitecuan/Tigre florido, que ahora se presenta en edición bilingüe. Testigo fiel de su mundo, que es la raíz del nuestro, Zapoteco Sideño indaga en los asuntos en apariencia más triviales pero que a la postre se convierten en un vertedero de historias, de leyendas, de sucesos que conforman el gran conglomerado de visiones y sensaciones que encierra este libro. Cantor de su origen, sabe que el mejor sendero para llegar a buen término se encuentra en la acción de contar sin rodeos, sin ocultar la fuente de su sentir; y demuestra, en esta serie de poemas, que cuando la intuición invita a escribir, el estrecho vínculo con la realidad es imprescindible. Porque realidad es la magia y de magia está hecha la forja de este Xochitecuan/Tigre florido. Aquí habita en estas páginas. Le corresponde al lector descubrirla y descubrirse en ella.&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						&lt;br /&gt;
						 &lt;/p&gt;
				&lt;/div&gt;
			&lt;/td&gt;
		&lt;/tr&gt;
	&lt;/tbody&gt;
&lt;/table&gt;
&lt;hr /&gt;&lt;img src=&quot;http://www.editorialpraxis.com/components/com_virtuemart/shop_image/product/resized/Xochitecuan_Tigr_51537e480e960_170x200.jpg&quot; alt=&quot;Xochitecuan/Tigre florido&quot; vspace=&quot;5&quot; hspace=&quot;5&quot; align=&quot;left&quot; border=&quot;0&quot; /&gt;&lt;br /&gt;Precio: 

	&lt;span class=&quot;productPrice&quot;&gt;
		$120.00			&lt;/span&gt;


</description>
			<category>Poesía</category>
			<pubDate>Wed, 27 Mar 2013 23:18:32 +0100</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title>Trenes para nombrar la soledad</title>
			<link>http://www.editorialpraxis.com/index.php?product_id=736&amp;page=shop.product_details&amp;category_id=38&amp;flypage=garden_flypage.tpl&amp;option=com_virtuemart&amp;Itemid=1</link>
			<description>&lt;p&gt;
	 &lt;/p&gt;
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		&lt;tr&gt;
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				&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;
					&lt;p align=&quot;center&quot;&gt;
						&lt;img alt=&quot;Viñeta&quot; height=&quot;33&quot; src=&quot;imagenes/vineta.png&quot; width=&quot;72&quot; /&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						Carlos F. Ortiz (Mazatlán, Guerrero, 1976) publicó los libros &lt;em&gt;Sueños prosaicos &lt;/em&gt;(1999), &lt;em&gt;Poebrio&lt;/em&gt; (2000) y &lt;em&gt;Palabras peregrinas&lt;/em&gt; (2006); parte de su trabajo se ha publicado en las antologías &lt;em&gt;Ríos interiores, poetas de Guerrero&lt;/em&gt; (1999), &lt;em&gt;Antología de poetas jóvenes&lt;/em&gt; (1999), &lt;em&gt;Poetas y narradores de la selva cafetalera&lt;/em&gt; (2000), &lt;em&gt;Más vale sollozar afilando la navaja&lt;/em&gt; (2004), &lt;em&gt;Anuario de poesía del Fondo de Cultura Económica &lt;/em&gt;(2004).&lt;/p&gt;
				&lt;/div&gt;
			&lt;/td&gt;
		&lt;/tr&gt;
	&lt;/tbody&gt;
&lt;/table&gt;
&lt;hr /&gt;
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				&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;
					&lt;p align=&quot;center&quot;&gt;
						&lt;img alt=&quot;Viñeta&quot; height=&quot;33&quot; src=&quot;imagenes/vineta.png&quot; width=&quot;72&quot; /&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						La lectura de Trenes para nombrar la soledad, de Carlos F. Ortiz, contiene los elementos propios de un título pensado, de una estructura preconcebida con el designio de la mesura. Por una ley necesaria y no escrita, todo libro que define su objetivo en un tema localizado desde el principio, se encauza, al menos en un sentido, en dos vertientes que confluyen en una sola. Por un lado, existe una investigación natural sobre el eje rector y, por el otro, dicha búsqueda se transforma en un diálogo con otros autores: que acompañarán al poema, que lo verán nacer, que lo incentivarán. Por eso no es casual la presencia de, entre otros, López Velarde, Efraín Bartolomé, Jorge Teiller, David Huerta, Héctor Carreto, Jeremías Marquínes. Carlos F. Ortiz ha frecuentado poéticas tan diversas para armar el tren que lo ayudó a nombrar la soledad que lo ayudó a formar un volumen íntegro, sin fisuras, macerado en la contundencia de sus imágenes.&lt;/p&gt;
				&lt;/div&gt;
			&lt;/td&gt;
		&lt;/tr&gt;
	&lt;/tbody&gt;
&lt;/table&gt;
&lt;hr /&gt;&lt;img src=&quot;http://www.editorialpraxis.com/components/com_virtuemart/shop_image/product/resized/Trenes_para_nomb_51537d04d9523_170x200.jpg&quot; alt=&quot;Trenes para nombrar la soledad&quot; vspace=&quot;5&quot; hspace=&quot;5&quot; align=&quot;left&quot; border=&quot;0&quot; /&gt;&lt;br /&gt;Precio: 

	&lt;span class=&quot;productPrice&quot;&gt;
		$60.00			&lt;/span&gt;


</description>
			<category>Poesía</category>
			<pubDate>Wed, 27 Mar 2013 23:13:08 +0100</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title>Nagasakipanema</title>
			<link>http://www.editorialpraxis.com/index.php?product_id=675&amp;page=shop.product_details&amp;category_id=38&amp;flypage=garden_flypage.tpl&amp;option=com_virtuemart&amp;Itemid=1</link>
			<description>&lt;table border=&quot;0&quot; bordercolor=&quot;#000000&quot; cellpadding=&quot;0&quot; cellspacing=&quot;0&quot; width=&quot;100%&quot;&gt;
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				&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;
					&lt;p align=&quot;center&quot;&gt;
						&lt;img alt=&quot;Viñeta&quot; height=&quot;33&quot; src=&quot;imagenes/vineta.png&quot; width=&quot;72&quot; /&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;Titulo&quot;&gt;
						Un zafarrancho que no se desmancha&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;Autor&quot;&gt;
						&lt;span style=&quot;color: rgb(0, 0, 51); font-size: medium; font-variant: small-caps; text-align: right;&quot;&gt;Mario Arteca&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;div&gt;
						 &lt;/div&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						&lt;i&gt;a)&lt;/i&gt; &lt;span&gt;Víctor Sosa (Uruguay, 1956) es el poeta de las inserciones. Esos &lt;i&gt;insert&lt;/i&gt; funcionan desde el movimiento impersonal de proponer que todo lo intuido no debe ser explicitado. Si no es sentido el sonido de la lluvia, diría Sosa, tampoco escuchamos la palabra lluvia al pronunciarla. Sin embargo, la lluvia existe, cae, es atrapada —como todo— por la ley de gravedad de la sintaxis. Insertar es intercalar, introducir, pero también adherirse a la superficie de un órgano. Si &lt;i&gt;Nagasakipanema&lt;/i&gt; es un artefacto donde no puede hallarse nada que no pueda mirarse, entonces cada poema en prosa trabaja, como diría un poeta tan disímil de Sosa, Gregory Corso, «una llave para abrir una puerta no escrita». Porque se trata de prosas cuya continua dislocación no afecta el equilibrio que las semeja. Lo que se intenta decir —y una introducción jamás será suficiente para abarcar las capas de cualquier libro de Sosa— es que este texto en particular podría ser las esquirlas de una novela mayor, uno de esos textos en los que un entramado distinto se confundiría con un proyecto diferente. &lt;i&gt;Nagasakipanema&lt;/i&gt; mantiene un lejano parentesco, casi auxiliar, con esa gran novela del desperdicio y la borradera, que es &lt;i&gt;Juan sin Tierra&lt;/i&gt;, de Juan Goytisolo. En el texto del catalán, una mixtura de escatología, ausencia de puntuación y un permanente rompimiento de la sintaxis consigue que el big-bang descrito por Goytisolo halle los senderos de un origen multiétnico, lo que emparenta su texto con &lt;i&gt;De donde son los cantantes&lt;/i&gt; o &lt;i&gt;Cobra&lt;/i&gt;, del cubano Severo Sarduy, traspasado por &lt;i&gt;El ojo pineal&lt;/i&gt;, de Georges Bataille. Esta amalgama funcional del lenguaje encuentra su etiología en &lt;i&gt;Nagasakipanema&lt;/i&gt;, justo en el punto en que se desproporciona la estructura para brindarle un sistema a la palabra que se vuelve un disloque en el cauce. Es decir: salirse de sí para retomar la superficie y luego volver a las profundidades. Una isla sinuosa recubre el epitelio escritural de este nuevo libro de Víctor Sosa. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						&lt;i&gt;b)&lt;/i&gt; &lt;i&gt;Nagasakipanema&lt;/i&gt; está en el centro de la totalidad y, sin embargo, esa totalidad tiene su centro en otro lugar.El centro no es el centro, le gustaría decir a Jacques Derrida, porque en verdad se trata de la aventura del yo errante, cuyo sonido es ruido, en el sentido propuesto por el rock para esa palabra y que es todo un estilo en sí mismo: &lt;i&gt;noise&lt;/i&gt;. Si pudiéramos emparentar a &lt;i&gt;Nagasakipanema&lt;/i&gt; con un trabajo coincidente con esa estética, elegiríamos el enorme &lt;i&gt;Psychocandy&lt;/i&gt;, de los escoceses Jesus and Mary Chain. Tal como se da en el texto de Sosa, &lt;i&gt;Psychocandy&lt;/i&gt; estáconstituido a partir de una inmovilidad fundadora. Eso que Víctor Sosa llama, y a sí mismo se nombra, &lt;i&gt;supernova&lt;/i&gt;: «superar en luz a mis iguales y después detonar sin partenaire». Y este estallar sin mediador es ese big-bang personal al que nos referimos párrafos atrás.&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						&lt;i&gt;c)&lt;/i&gt; «Un pasado que nunca ha sido presente», señaló Derrida en una conferencia dictada en 1968, con relación a una fórmula de Emmanuel Levinas, y que desemboca en lo que el argelino llama «el enigma de la alteridad absoluta». Ese pasado sin el pasillo del presente es lo que &lt;i&gt;Nagasakipanema&lt;/i&gt; pone en funcionamiento, porque desordena la coordenadas temporales de un relato poético sensible a las proyecciones. En ese sentido, y bien vale por eso refuncionalizar la cita, Víctor Sosa reproduce en sus prosas la inmanencia de un futuro que está en la voz de la escritura. Y aquí, futuro no refiere directamente al porvenir, sino a lo que está arribando. ¿Cómo es esto? En cada nuevo libro de Sosa hallamos esa diferencia ontológica heideggeriana, por lo cual es posible pensar presencia y presente como sensibles desvíos de sentido. A diferencia de &lt;i&gt;Mansión Mabuse&lt;/i&gt;, &lt;i&gt;Nagasakipanema&lt;/i&gt; dialoga con la exégesis de un simulacro dentro de una presencia que se desplaza y que no tiene propiamente lugar. El texto de Sosa consigue borrarse y al mismo pertenecer a su estructura. Y la borradura tiene su sitio de privilegio en esa homogeneidad falsificada por un logos retirado de su fondo, porque el formato de &lt;i&gt;Nagasakipanema&lt;/i&gt; es la secuencia de un relato inconcluso, disipado por la ausencia de anclaje y reforzado por mecanismos de incrustaciones de realidad. Todo en &lt;i&gt;Nagasakipanema&lt;/i&gt; suena a realidad, pero siempre estamos enfrentándonos con el residuo de esas inserciones. Como Sosa escribe con base en un sistema de empalmes o de yuxtaposiciones —pero en el sentido sistémico de la palabra—, entonces a cada capa se le superpone otra y con una velocidad tal que cada renglón queda anulado, o mejor, simplificado, por otro que obstruye la llegada asimilable de la lectura. La dificultad está alejada del estilo, porque se trata más bien de todo un sistema.&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						&lt;i&gt;d)&lt;/i&gt; Un poema en particular parece concentrar, a un ritmo centrífugo, los mecanismos de &lt;i&gt;Nagasakipanema&lt;/i&gt;. Ese texto es «Trepanación». Hay todo un génesis enarbolado en esa forma de parapraxis, o desplazamiento de la lengua, o del inconsciente de la lengua. Desde la microhistoria de una especie de Rosa Luxemburgo periférica, como Anacaona, hasta el hallazgo de los valores reales de intervenir sobre la naturaleza, en un final a toda orquesta borgeana, una especie de perífrasis sustituyendo la pampa por el Sahara, y ese Pflicht, que en verdad es un Müssen, interrumpido por el corrimiento leporino de unos labios que lo único que hacen es describir y patentizar la complejidad de una lengua. De una u otra manera, Víctor Sosa construye organismos cuyos fines son alimentarse de restos de culturas descatalogadas por el circuito cosmopolita. Y con ese acervo dialoga sin proporciones entre sí. Como en cualquier escuela de la &lt;i&gt;sospecha&lt;/i&gt;, pensar equivale a interpretar, pero la poética de Víctor Sosa sigue un mecanismo diferente: la misma noción de «verdad» es el efecto de una estratificación histórica, cuyos orígenes siempre son retóricos. Sin embargo, este libro y este texto tan móvil, en lo particular, trabaja o profundiza una noción problemática de la escritura. En «Trepanación», &lt;span&gt;la escritura es extraña al sistema interno de la lengua. Es la contracara de la gramatología derridiana, aunque no la desmiente, porque con ello la escritura reviste la vida de la lengua: «no es un vestido, sino un disfraz». Pero el simulacro es un todo en el cual la escritura forma parte de un sistema de flujos internos. El estilo de Sosa no es un fenómeno de representación exterior, sino un circuito interior de referencias alternas. Dos patrias y siete madres después, y con el orín hacia el poniente, el discurso de un demente parece acercarse a la validez perentoria del método. Las siete madres debieran medirse en la cantidad de maneras del habla que parecen habitar los libros de Sosa. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						&lt;i&gt;e)&lt;/i&gt; &lt;i&gt;Nagasakipanema&lt;/i&gt; es pariente directo de la versión más recóndita de un narrador a gran escala y que supo ser un poeta lateralizado por la metonimia: Severo Sarduy. Tanto el cubano como el uruguayo-mexicano Víctor Sosa, se inscriben en una fórmula constructiva que es toda una poética proveniente del mismo rizoma: &lt;i&gt;hojaldre-ready-made-haiku&lt;/i&gt;. Se trata esta cadena de un texto que aún sigue en proceso, y cuya publicación será todo un acontecimiento, funciona como un piso movedizo donde la escritura de este poeta formula sus bases y nos dice desde dónde perfeccionar la lectura de una obra tan sinuosa como arraigada en la crisis del lenguaje, que es la traducción más cercana a la lectura de la tradición poética. Esta secuencia ribonucleica programada por Sosa describe a la perfección el movimiento incesante de los textos de &lt;i&gt;Nagasakipanema&lt;/i&gt;, la fusión entre estallido y deseo, entre un big-bang creado por el artista y la sinuosidad de la palabra en la deriva del reparto de procedimientos. Esto se observa con claridad en dos textos como &lt;i&gt;La saga del Sordo&lt;/i&gt; y &lt;i&gt;El principio de eternidad&lt;/i&gt;. En ellos nos aproximamos al problema más agudo del tono. Sosa no emprende su escritura contra las dificultades de la escritura sino que enarbola los signos usurpados de la forma, y nos obliga a pensar, una vez más, que un tono puede ser imitado, fingido, y al mismo tiempo maquillado. Es una manera de proponer síntesis donde debiera haber algo más que acumulación de procedimientos. Estos dos libros se mueven como pivotes alquímicos de un &lt;i&gt;passagem&lt;/i&gt; haroldiano, hasta arribar a este &lt;i&gt;Nagasakipanema&lt;/i&gt;, prosaico, fundacional del arte de la traducción generalizada. Uno de los personajes de &lt;i&gt;El principio de eternidad&lt;/i&gt;, una especie de obra coral de concatenaciones fónicas, se pregunta: «¿Se escribe sin causa?». La respuesta se hace desear, pero emerge dentro de ese rico sistema de impostaciones que Sosa maneja como pocos. La respuesta es «No sé qué decir ni qué decirte». Pero mientras se niega se responde y esa es justamente la salida que encuentra Sosa para diferenciar &lt;i&gt;Nagasakipanema&lt;/i&gt; de su obra anterior, aunque incluyéndola como un sacrificio de imposibilidad verbal. Para escribir como Víctor Sosa se debe verificar que no se puede decir mientras se dice. Si &lt;i&gt;El principio de eternidad&lt;/i&gt; funciona como el piso conceptual de &lt;i&gt;La saga del Sordo&lt;/i&gt;, ambos libros, al mismo tiempo, son el soporte que objetiva esa operación de traducción en &lt;i&gt;Nagasakipanema&lt;/i&gt;; de lo contrario, cómo se llega a escribir «un emplumado crótalo es el Sordo que zigzaguea/ en su sémola invisible inoculando abejas desde la catarata de su ámbar», si no se piensa en el fantasma vampírico de Lezama Lima, conforme esa imagen de serpiente emplumada edulcorada por el movimiento continuo de las palabras del autor. Sosa traduce a Lezama y le coloca una lengua adecuada a los tiempos que corren sin causa, pero con efectos colaterales en la sintaxis. &lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						&lt;i&gt;f)&lt;/i&gt; Una vez escribí que Víctor Sosa eligió el camino de la dificultad poética, de acuerdo con una testificación que hiciera Eduardo Milán con relación al segundo libro —&lt;i&gt;Sunyata&lt;/i&gt;— de nuestro autor. Esa dificultad podría leerse como el resultado de un camino sin concesiones. En su ya importante obra cohabita cierta precisión ambulante (conjugando largos momentos reflexivos) junto a destellos de una espontaneidad con todos los sentidos alerta. Sosa no se parece a ninguno de su generación en Uruguay, pero sus textos funcionan como un fermento de todos ellos (Espina, Milán, Appratto, Ojeda, etcétera). Si en &lt;i&gt;Decir es Abisinia&lt;/i&gt; ese doble espasmo del lenguaje consigue un raro control, permitiendo al lector adaptarse a una lectura en principio ralentizada, en &lt;i&gt;Nagasakipanema&lt;/i&gt; todo aquel equilibrio de tono se vuelve una marea roja que «empuja una tortuga herida hasta la costa y todos los niños la rodean». Ese animal vencido promueve lo que aparenta y menoscaba la idea que &lt;i&gt;a priori&lt;/i&gt; tengamos de lo que debe sugerir la poesía. Cada texto suyo obtiene una velocidad adecuada a la respiración, pero también al trazo que repica casi en relámpago, lo mismo que un cuadro de Mark Rothko o de Antoni Tàpies, o tal vez afín a los trabajos en clave chinesca de Henri Michaux. Sosa es de aquellos escritores que aseguran que quienes escriben —o pintan— no pueden escapar al estilo, definido sin obstáculos como una «huella digital de la lengua ya personalizada». O bien que el estilo es como «el cuerpo (visible) de un aliento (invisible)». Ese orden de concatenación entre los visible y lo invisible se pone de manifiesto con la cantidad de llamadas al pie que pueblan este extenso tratado sobre la acumulación del discurso para revertir el discurso. Desde citas de Melville hasta &lt;span&gt;un prospecto de Rivotril, Víctor Sosa nos advierte sobre la necesidad de decirlo todo, a pesar de la imposibilidad de la empresa, y nos previene de las consecuencias de quedarse a mitad de camino. Pero Sosa es un escritor sumamente inteligente: conoce muy bien que la única forma de que exista una totalidad es aproximarla, rodearla como si uno pudiera tomarla por la cola, aunque apenas. El arte de escribir, nos dice en &lt;i&gt;Nagasakipanema&lt;/i&gt;, es dispersar el sujeto, extenderlo, como si un yo desproporcionado fuera un nylon cubriendo una pileta, despedido el verano, en pleno canje de estación, y con las pupilas aún enjuagadas por las imágenes de un periodo feliz. Los poemas de Víctor Sosa se muestran extenuantes, semejan la antesala de la perversidad, pero sólo funcionan en un engranaje deseante. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						&lt;i&gt;g)&lt;/i&gt; En &lt;i&gt;Nagasakipanema&lt;/i&gt; el sentido se manifiesta como formación de series, que al mismo tiempo son desplazamientos, proposiciones ontológicas e interferencias en medio de un génesis de entramados. No se trata de leer estos textos necesariamente como poemas, sino como porciones espacio-temporales que desguazan la noción de verdadero y falso. Esto se observa en un tramo del texto «Gravedad cero», cuando señala que «ni los alisios ni los franceses soplan. Ni siquiera un sinónimo, correcto, bien hallado en la turbamulta de la lengua, sopesado en el buqué (&lt;i&gt;mise en bouteille&lt;/i&gt;) de sus caninos, mensurado en metrónomo de &lt;span&gt;X a la A, de catapulta a láser; nada, ni qué decir o sobre qué dudar, en esa incandescente, suave gloria». Víctor Sosa es ese tipo de poeta que se hace dueño de una mirada que incluye un atajo al acertijo, pero donde no importa adivinar, ya que haría de lo real alguna cosa tangible y la realidad es irrazonable. &lt;i&gt;Nagasakipanema&lt;/i&gt; formula esa delgada frontera donde se hace fuerte la invención y donde intervenir es constatar el sonido perturbado de los objetos cuando chocan, se despedazan, haciendo trizas una lengua de inmediato a recuperar, aunque ya no en su estructura original.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
					 
					&lt;p&gt;
						 &lt;/p&gt;
				&lt;/div&gt;
			&lt;/td&gt;
		&lt;/tr&gt;
	&lt;/tbody&gt;
&lt;/table&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;table border=&quot;0&quot; bordercolor=&quot;#000000&quot; cellpadding=&quot;0&quot; cellspacing=&quot;0&quot; width=&quot;100%&quot;&gt;
	&lt;tbody&gt;
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					&lt;p align=&quot;center&quot;&gt;
						&lt;img alt=&quot;Viñeta&quot; height=&quot;33&quot; src=&quot;imagenes/vineta.png&quot; width=&quot;72&quot; /&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;p align=&quot;center&quot; class=&quot;Titulo&quot;&gt;
						La risa rigurosa de la palabra inoxidable&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
					&lt;p align=&quot;right&quot; class=&quot;Autor&quot; style=&quot;text-align: right; &quot;&gt;
						&lt;span class=&quot;Apple-style-span&quot; style=&quot;color: rgb(0, 0, 0); font-size: 15px;&quot;&gt;María Cruz&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot; style=&quot;text-align: justify; &quot;&gt;
						&lt;span style=&quot;color:black&quot;&gt;Para viajar a &lt;i&gt;Nagasakipanema&lt;/i&gt; es necesario atreverse a nadar en aguas singulares y habitar la contradicción, se necesita poner un pie en la bomba atómica y otro en una serena playa de Brasil, es decir, que la contradicción da la bienvenida al lector y le aviva zonas dormidas y le pone abejas y exóticos pájaros en la sensibilidad y en la inteligencia. Víctor Sosa empieza este libro con un poema llamado «Negación» y con él hace un anuncio de rebeldía; el poema funciona como advertencia de que en este libro no habrá condescendencias, pero sí mucha complicidad. Aquí hay un vasto conocimiento porque para poder negar y jugar, hace falta conocer el mundo, el literario y los otros, el extenso mundo de la interioridad humana y el exterior con sus rarezas, su arte, su polifonía, su historia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot; style=&quot;text-align: justify; &quot;&gt;
						&lt;i&gt;&lt;span style=&quot;color:black&quot;&gt;Nagasakipanema&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style=&quot;color:black&quot;&gt; es un libro de poemas que no lo parece porque cada enunciación cuestiona el lenguaje poético. Probablemente el protagonista de este libro es el lenguaje, el español, pero salpicado y contaminado de otras lenguas, de otros ronroneos; pues lo que es evidente es que el poeta busca lo no reductible y entonces rompe la sintaxis, organiza de otras formas las palabras que aquí adquieren un significado propio, son parte de un sistema en donde la comunicación no se da de manera convencional porque ésta también es cuestionada. ¿Qué son estos organismos poéticos?, ¿cuentos?, ¿prosas poéticas?, &lt;span&gt; &lt;/span&gt;¿narraciones musicalizadas? No lo sabemos y en ese no saber está su atractivo y su enigma. Parece que estamos ante anécdotas que en realidad no son; hay, por supuesto, un fuerte impulso de narrar y un hilo dramático que mantiene tensa la prosa, pero no hay una estructura fija o un final esperado, el dramatismo se disloca y acaba en risa o en sinsentido o esperpento. Los textos fragmentarios, caóticos, inacabados tienen vitalidad, energía y un humor que se genera a partir de la exageración, del extremo y lo saturado; tienen, además, un ritmo envolvente.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot; style=&quot;text-align: justify; &quot;&gt;
						&lt;span style=&quot;color:black&quot;&gt;George Steiner dice que «el lenguaje se venga de quienes lo mutilan». Víctor Sosa no debe temer esa venganza porque él no discrimina términos, enlaces, palabras, más bien hace su festín con ellos, los trae de distintos mundos (de la ciencia, de la cocina, de la tecnología, de la moda) y une lo que parece imposible de juntar y separa lo que parece inseparable. Esto no es surrealismo, éste es un lenguaje anfractuoso, híbrido, que gusta de contaminarse, de mezclar, de insertar, de interrumpir y que no explica ni es racional. Están las palabras, pero también los conceptos y la cultura, el poeta juega a la simultaneidad, minimiza lo grande, engrandece lo mínimo; juega también al estiramiento de los tiempos históricos y a la mezcla inusitada de todos los elementos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot; style=&quot;text-align: justify; &quot;&gt;
						&lt;span style=&quot;color:black&quot;&gt;Aquí la escritura es una lucha y una actitud ante el mundo, hay mofa y también dolor porque a menudo encontramos en los personajes situaciones límite, vemos el cuerpo humano como un espacio de transformación total: la enfermedad es una constante, a veces se le indaga con el vocabulario de la medicina, pero siempre hay algo más, una certeza de que lo normal no existe, de que lo anómalo perdura. La enfermedad es metamorfosis y esta última también busca el incesto, la antropofagia, la autofagia, la ansiedad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot; style=&quot;text-align: justify; &quot;&gt;
						&lt;span style=&quot;color:black&quot;&gt;El autor explora la ductilidad del lenguaje y la cultura; unas palabras imantan a otras en una escritura sinuosa que parece irse escribiendo a sí misma y cuyas frases concatenan una historia, pero ¿qué historia? El autor no cede a las jerarquías, extiende la prosa hasta alcanzar los extremos y flexibilizarlos, para llegar a situaciones que caen en lo excesivo y que hacen recordar lo que Borges decía del barroco: que «es el estilo que deliberadamente agota (o quiere agotar) sus posibilidades y que linda con su propia caricatura». Sin embargo, más allá del ejercicio estilístico que muchas veces nos remite a lo absurdo, hay un fondo que no resulta lejano. El poeta ve claro que nuestro mundo se parece a su libro, que la miríada del mundo nos sobrepasa, que convivimos con lo esperpéntico y la interrupción todo el tiempo, porque la modernidad se caracteriza por el caos, lo inconcluso y el vacío, un vacío que parece llenar Víctor con un aparente ruidero y que podría continuar porque &lt;i&gt;Nagasakipanema&lt;/i&gt; no es un libro que determine o afirme o imponga, podría seguir escribiéndose hasta el infinito.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot; style=&quot;text-align: justify; &quot;&gt;
						&lt;span style=&quot;color:black&quot;&gt;Aquí el yo poético se aproxima y se aleja, vaga, toma la existencia de otros y los habita, está aquí y en otro lado, muda de sexo y edad porque la pulsión es multiplicarse, no fijar, no coagular nada, no anhelar la pureza, sino más bien ir al cauce del caos o confundir las piezas para descubrir y desenmascarar que la versión que nos han contado no es cierta, que la historia no es el orden establecido, fechado y archivado en anaqueles. Sosa se burla, por ejemplo, del lenguaje de los medios de comunicación o de la frivolidad reinante o de las patologías que dominan; se burla de lo estadístico, lo serio y lo comprobable a través de los pies de página que nos dan información innecesaria o fuera de lugar, pero todo esto sin obviedades; lo hace a partir de la observación, de la apertura, del conocimiento y la complejidad. Nada en este libro es sencillo. Las alusiones abundan, las paráfrasis y las intertextualidades abundan, el lector de pronto descubre tesoros y se refleja en ellos porque el ojo atento del poeta siempre nos está haciendo guiños.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot; style=&quot;text-align: justify; &quot;&gt;
						&lt;span style=&quot;color:black&quot;&gt;En &lt;i&gt;Nagasakipanema&lt;/i&gt;, el poeta recurre a lo único que puede salvarnos en estos tiempos: la ironía, la creatividad, la imaginación y construye con esta poesía jugosa, incluyente, ilógica, un mundo inquietante. ¿Ésta es la rebelión de los vocablos, como diría Girondo? Yo creo que no. Aquí, aunque con intuición, el que juega es el mago, el poeta. Aquí está el que ya aprendió a cantar, el que ya no sigue una coreografía, sino que danza. Ya lo susurró Jalaludin Rumi alguna vez: «Baila cuando seas perfectamente libre». Víctor Sosa está danzando.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot; style=&quot;text-align: justify; &quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
				&lt;/div&gt;
			&lt;/td&gt;
		&lt;/tr&gt;
	&lt;/tbody&gt;
&lt;/table&gt;
&lt;hr /&gt;&lt;img src=&quot;http://www.editorialpraxis.com/components/com_virtuemart/shop_image/product/resized/Nagasakipanema_4df290312ba67_170x200.jpg&quot; alt=&quot;Nagasakipanema&quot; vspace=&quot;5&quot; hspace=&quot;5&quot; align=&quot;left&quot; border=&quot;0&quot; /&gt;&lt;br /&gt;Precio: 

	&lt;span class=&quot;productPrice&quot;&gt;
		$220.00			&lt;/span&gt;


</description>
			<category>Poesía</category>
			<pubDate>Fri, 10 Jun 2011 21:44:17 +0100</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title>Babélico y El tigre</title>
			<link>http://www.editorialpraxis.com/index.php?product_id=731&amp;page=shop.product_details&amp;category_id=38&amp;flypage=garden_flypage.tpl&amp;option=com_virtuemart&amp;Itemid=1</link>
			<description>&lt;table border=&quot;0&quot; bordercolor=&quot;#000000&quot; cellpadding=&quot;0&quot; cellspacing=&quot;0&quot; width=&quot;100%&quot;&gt;
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						&lt;img alt=&quot;Viñeta&quot; height=&quot;33&quot; src=&quot;imagenes/vineta.png&quot; width=&quot;72&quot; /&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						Geovani de la Rosa Peña (Pinotepa Nacional, Oaxaca, 1986) radica en Acapulco desde 2001. Es licenciado en ciencia política y administración pública por la Universidad Autónoma de Guerrero (2009). Obtuvo el primer lugar en el Certamen de Ensayo Político 2009, convocado por el Instituto Electoral del Estado de Guerrero. En 2010 publicó el poemario &lt;em&gt;Las noches de nuestros cuerpos&lt;/em&gt;. Fue incluido en el proyecto editorial de cuento infantil &lt;em&gt;Nahuales: los guardianes de la tierra&lt;/em&gt; (2011). Ganó el xiii Premio Estatal de Poesía María Luisa Ocampo (2011). Fue becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes en poesía (2012-2013). Ha publicado diversos artículos y creaciones literarias en revistas y semanarios independientes.&lt;br /&gt;
						 &lt;/p&gt;
				&lt;/div&gt;
			&lt;/td&gt;
		&lt;/tr&gt;
	&lt;/tbody&gt;
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&lt;hr /&gt;
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					&lt;p align=&quot;center&quot;&gt;
						&lt;img alt=&quot;Viñeta&quot; height=&quot;33&quot; src=&quot;imagenes/vineta.png&quot; width=&quot;72&quot; /&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						Astrid Paola Chavelas López (Acapulco, Guerrero,  28 de noviembre, 1977) estudió la licenciatura en educación media superior intercultural con especialidad en lengua española y literatura en la Universidad Marista, y  distintos talleres de creación literaria. Participó en el &lt;span class=&quot;versalitas&quot;&gt;xii&lt;/span&gt; Encuentro Nacional de Escritores de Tierra Adentro (2012). Obtuvo los premios de Cuento Corto José Agustín (2009) y el de Cuento María Luisa Ocampo (2011). En 2008 publicó &lt;em&gt;Viendo pasar el viento&lt;/em&gt;. Fue becaria del Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico en Guerrero (2012).&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
				&lt;/div&gt;
			&lt;/td&gt;
		&lt;/tr&gt;
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					&lt;p align=&quot;center&quot;&gt;
						&lt;img alt=&quot;Viñeta&quot; height=&quot;33&quot; src=&quot;imagenes/vineta.png&quot; width=&quot;72&quot; /&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						Este volumen deviene la acertada conjugación de dos voces que desde aquí delinean su territorio. &lt;em&gt;Babélico&lt;/em&gt;, de Geovani de la Rosa, es un poemario donde el pulso del poeta mantiene la tensión y la atención. Pertenece el autor a ese linaje que apuesta sin reserva por las posibilidades del lenguaje. En ese contexto, a la mirada que corroe, desinhibida, no puede pertenecer más que el discurso violento y certero de quien juega con las palabras, en el sentido de encontrarle las alternativas que ofrece sin traicionar la intención del objetivo. «En voz no mía, otrora voz», dice el poeta para enmarcar su quehacer en el espacio de múltiple convivencia con otras voces. &lt;em&gt;El tigre&lt;/em&gt;, de Astrid Paola Chavelas López, puede resumir su razón de ser en «la llegada del hombre blanco en una lluvia de saetas disparadas con ballesta». Pero es más. Con un tono pausado que obliga a la reflexión y mantiene la expectativa en vilo, Astrid Paola se muestra con brío sin descuidar sus logros. Tres de ellos: la concentración de su decir, el desarrollo mesurado de la trama y el cumplimiento con la idea de hacer cómplice al lector confirman la singularidad de su puesta en escena.&lt;/p&gt;
					&lt;br /&gt;
					&lt;p&gt;
						 &lt;/p&gt;
				&lt;/div&gt;
			&lt;/td&gt;
		&lt;/tr&gt;
	&lt;/tbody&gt;
&lt;/table&gt;
&lt;hr /&gt;&lt;img src=&quot;http://www.editorialpraxis.com/components/com_virtuemart/shop_image/product/resized/Bab__lico_y_El_t_50f4aa588b7b7_170x200.jpg&quot; alt=&quot;Babélico y El tigre&quot; vspace=&quot;5&quot; hspace=&quot;5&quot; align=&quot;left&quot; border=&quot;0&quot; /&gt;&lt;br /&gt;Precio: 

	&lt;span class=&quot;productPrice&quot;&gt;
		$70.00			&lt;/span&gt;


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			<category>Poesía</category>
			<pubDate>Tue, 15 Jan 2013 01:01:12 +0100</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title>Cuando medra el silencio</title>
			<link>http://www.editorialpraxis.com/index.php?product_id=632&amp;page=shop.product_details&amp;category_id=38&amp;flypage=garden_flypage.tpl&amp;option=com_virtuemart&amp;Itemid=1</link>
			<description>&lt;table border=&quot;0&quot; bordercolor=&quot;#000000&quot; cellpadding=&quot;0&quot; cellspacing=&quot;0&quot; width=&quot;100%&quot;&gt;
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					&lt;p align=&quot;center&quot;&gt;
						&lt;img alt=&quot;Viñeta&quot; height=&quot;33&quot; src=&quot;imagenes/vineta.png&quot; width=&quot;72&quot; /&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						&lt;span&gt;&lt;font color=&quot;#221e1f&quot;&gt;Los textos de Oralia Melén­dez llevan al lector a una serie de contradicciones, a un camino bifurcado en donde el destino es terruño y viceversa. &lt;/font&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						&lt;span&gt;&lt;font color=&quot;#221e1f&quot;&gt;La nostalgia, el deseo, la memo­ria: onirismo tácito en los versos de la poeta, inasibles, pero con un peso propio que suscita ex­trañeza y empatía.&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;p&gt;
						&lt;br /&gt;
						 &lt;/p&gt;
				&lt;/div&gt;
			&lt;/td&gt;
		&lt;/tr&gt;
	&lt;/tbody&gt;
&lt;/table&gt;
&lt;p&gt;
	 &lt;/p&gt;&lt;img src=&quot;http://www.editorialpraxis.com/components/com_virtuemart/shop_image/product/resized/Cuando_medra_el__4aca8790967ea_170x200.jpg&quot; alt=&quot;Cuando medra el silencio&quot; vspace=&quot;5&quot; hspace=&quot;5&quot; align=&quot;left&quot; border=&quot;0&quot; /&gt;&lt;br /&gt;Precio: 

	&lt;span class=&quot;productPrice&quot;&gt;
		$120.00			&lt;/span&gt;


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			<category>Poesía</category>
			<pubDate>Mon, 05 Oct 2009 23:56:00 +0100</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title>Los sueños divinos</title>
			<link>http://www.editorialpraxis.com/index.php?product_id=728&amp;page=shop.product_details&amp;category_id=38&amp;flypage=garden_flypage.tpl&amp;option=com_virtuemart&amp;Itemid=1</link>
			<description>&lt;p&gt;
	 &lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;Autor&quot;&gt;
	Manuel de J. Jiménez&lt;/p&gt;
&lt;div&gt;
	 &lt;/div&gt;
&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
	Formar y asimilar una ética en acción: robustecerse con delirio y ternura; contrarrestar y unir los vértices del lenguaje presente y futuro; consumirse entre las líneas de fuga que el autor ha creado para sí y para todos los demás que coadyuvan en su ánimo y fe en la escritura. Existe una superficie cubierta en el alma que sólo la poesía llega a intuir, pues es sabido que no hay certezas en el campo del espíritu. La revelación común se da cuando el sujeto mira con nitidez su mismo entorno y vuelve a configurarlo bajo otras características dimensionales. Sin embargo, una revelación se vuelve divina cuando el sujeto traduce el hermetismo de Dios en un lenguaje umbral que le es propio y ajeno al sujeto en cuestión. Para contemplar estos escenarios que se sitúan después del apocalipsis íntimo, Héctor Hernández Montecinos tuvo que huir de la vida y todas las instituciones mentales que la conforman: el poeta respira desde la no-vida en un tránsito que tampoco es muerte. &lt;/p&gt;
&lt;div&gt;
	 &lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
	 &lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
	 &lt;/div&gt;&lt;img src=&quot;http://www.editorialpraxis.com/components/com_virtuemart/shop_image/product/resized/Los_sue__os_divi_50bd47b6cc84b_170x200.jpg&quot; alt=&quot;Los sueños divinos&quot; vspace=&quot;5&quot; hspace=&quot;5&quot; align=&quot;left&quot; border=&quot;0&quot; /&gt;&lt;br /&gt;Precio: 

	&lt;span class=&quot;productPrice&quot;&gt;
		$120.00			&lt;/span&gt;


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			<category>Poesía</category>
			<pubDate>Wed, 28 Nov 2012 02:53:04 +0100</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title>Hacedor de sombras</title>
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			<description>&lt;p&gt;
	 &lt;/p&gt;
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		&lt;tr&gt;
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				&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;
					&lt;p align=&quot;center&quot;&gt;
						&lt;img alt=&quot;Viñeta&quot; height=&quot;33&quot; src=&quot;imagenes/vineta.png&quot; width=&quot;72&quot; /&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						La escritura no es un acto inocente, es una indagación. En ese viaje al fondo del lenguaje interno aparece lo inesperado, lo oscuro; tal vez una voz deforme toma de pronto el cauce de una historia que pide ser contada. Así apareció este hombre, de una rota vigilia, de la ciudad tumultuosa, de una duda. Este hombre anónimo, desolado, desprendido del mundo busca algo, reconocerse en un espejo que no encuentra. Su tránsito responde a un periodo de desesperación. En el anhelo de abandonar la fantasmagoría, este hombre tocó a mi puerta para que yo escribiera.&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;Autor&quot;&gt;
						MC&lt;br /&gt;
						 &lt;/p&gt;
				&lt;/div&gt;
			&lt;/td&gt;
		&lt;/tr&gt;
	&lt;/tbody&gt;
&lt;/table&gt;
&lt;hr /&gt;&lt;img src=&quot;http://www.editorialpraxis.com/components/com_virtuemart/shop_image/product/resized/Hacedor_de_sombr_502ad20089338_170x200.jpg&quot; alt=&quot;Hacedor de sombras&quot; vspace=&quot;5&quot; hspace=&quot;5&quot; align=&quot;left&quot; border=&quot;0&quot; /&gt;&lt;br /&gt;Precio: 

	&lt;span class=&quot;productPrice&quot;&gt;
		$70.00			&lt;/span&gt;


</description>
			<category>Poesía</category>
			<pubDate>Tue, 29 May 2012 22:40:55 +0100</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title>Donde nace el agua</title>
			<link>http://www.editorialpraxis.com/index.php?product_id=714&amp;page=shop.product_details&amp;category_id=38&amp;flypage=garden_flypage.tpl&amp;option=com_virtuemart&amp;Itemid=1</link>
			<description>&lt;table border=&quot;0&quot; bordercolor=&quot;#000000&quot; cellpadding=&quot;0&quot; cellspacing=&quot;0&quot; width=&quot;100%&quot;&gt;
	&lt;tbody&gt;
		&lt;tr&gt;
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					&lt;p align=&quot;center&quot;&gt;
						&lt;img alt=&quot;Viñeta&quot; height=&quot;33&quot; src=&quot;imagenes/vineta.png&quot; width=&quot;72&quot; /&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;p&gt;
						 &lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						Maite Villalobos (México, &lt;span class=&quot;versalitas&quot;&gt;df&lt;/span&gt;, 19 de agosto, 1977) es licenciada en filosofía por la Universidad Panamericana. Publicó poesía y narrativa en diversas revistas. Es autora del poemario &lt;em&gt;Sudario de un naufragio &lt;/em&gt;(2002). Obtuvo mención honorífica en el concurso de cuento largo Xicóatl, de Austria. Pertenece al taller de poesía de Saúl Ibargoyen desde 1996.&lt;/p&gt;
					&lt;p&gt;
						 &lt;/p&gt;
				&lt;/div&gt;
			&lt;/td&gt;
		&lt;/tr&gt;
	&lt;/tbody&gt;
&lt;/table&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;table border=&quot;0&quot; bordercolor=&quot;#000000&quot; cellpadding=&quot;0&quot; cellspacing=&quot;0&quot; width=&quot;100%&quot;&gt;
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				&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;
					&lt;p align=&quot;center&quot;&gt;
						&lt;img alt=&quot;Viñeta&quot; height=&quot;33&quot; src=&quot;imagenes/vineta.png&quot; width=&quot;72&quot; /&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;Autor&quot;&gt;
						Mariluz Suárez&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						El poemario &lt;em&gt;Pueblo Quieto&lt;/em&gt;, de Maite Villalobos, es sorprendente tomando en cuenta el trabajo de una autora muy joven en el momento de la elaboración de estos textos. La voz poética comienza por evocar con palabras simples y concisas una vida cotidiana ya pasada. Versos solemnes rivalizan con imágenes agradables construyendo la expresión poética de los cambios de tono. En general, encuentro en este libro un intenso valor afectivo, una  sonoridad melancólica y una sinceridad discreta con valor de testimonio.&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						Entre los recursos elegidos por la autora hay uno que me gustaría destacar, pues me parece muy interesante. De manera acertada e intuitiva, va frenando la información, obligando al lector a detenerse en la lectura. Doy un ejemplo: en la página 23, el poema «Sereno» termina así: «cáscara de toronjil deshidratada que desprende los brillos de tus labios nocturnos ». Aparte de la aliteración &lt;em&gt;de toronjil deshidratada desprende de tus labios&lt;/em&gt;, hay un pausado alargamiento de la frase que se prolonga como una evocación o ensoñación íntima. La invención de palabras no puede pasarse por alto, así como otro acierto: la utilización de palabras simples, comunes y corrientes, de todos los días, que cobran valor y prestigio a través de la sintaxis, del ritmo cadencioso, del acento en la sílaba precisa y la repetición. Un ejemplo de esto sería la página 18, el poema «Pasillos»: «Ayer volví del mercado/ con una canasta llena/ de ramos de manzanilla./ Te vi, Pedro, perdido en el pasillo de barro frío/ con tus pies descalzos./ Nos reconocimos/ mientras/ rugían los pulmones /del mar alto./ Llovió toda la tarde,/ toda la tarde./ De noche fui/ por la manzanilla/ para calmar la resaca/ de beberte tanto,/ para llenarme de agua/ con sabor a tierra./ Y encontré,/ bajo la bocinatoria,/ un para de ramos nadando/ entre al aguas del monte:/ El pasto bebía olas de té/ para curar la resaca/ de aquella tarde».&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						El recorrido que he elegido hacer por este poemario es el de sustantivos y adjetivos que llevan al lector a un mundo real, difícil, definitivamente no deseado. Cito algunas de las imágenes que he seleccionado: «Cuerpo nudoso», «durazno seco», «escoba ensangrentada», «grietas negras», «milpas secas», «agua amarga», «quelites lastimosos», «cara amarilla», «sangre dulce», «voz oscura», «entrecejo hundido», «beso congelado», «nuca exhausta», «piel ceniza», «vieja grandota», «sabores tristes». Siguiendo este mismo tono, «mujer vacía», retoma el adjetivo cambiando a «restos vacíos», que posteriormente serán «ojos vacíos»; las «manos secas» después serán «manos huecas» y las «entrañas ocultas» unas páginas más adelante son «entrañas carcomidas». Curiosamente, el único ejemplo que encontré de epíteto, cuya característica es acentuar su carácter de modificador del sustantivo, es «flacos huesos», por lo que la flacura es conducida a su máxima expresión; intuyo que «huesos flacos» debilitaría la sonoridad y el ritmo.&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						Para concluir quisiera hacer mención de «grano vivo de maíz azul» que hacia el final del poemario se menciona como «maíz seco», por ser éste uno de mis temas favoritos. Entre los pueblos mesoamericanos, el maíz no sólo era algo que llevarse a la boca; el ciclo vital de este grano estaba ligado a la vida de estas sociedades. Las deidades, las fiestas, los topónimos, los rituales adivinatorios, las creencias y prácticas religiosas, el pensamiento, el conocimiento, los estilos de vida, las bebidas e instrumentos asociados con este grano iban de la mano buscando la buena marcha del mundo. Curiosamente, el maíz azul, según la nutribiótica, si existe la palabra, es el grano del cual parten los otros, como el blanco o el amarillo, por ejemplo, y se considera al maíz azul el abuelo de todos los maíces del mundo. Siguiendo con esta temática, hay un gusto en este libro por una tradición muy mexicana que sirve como telón de fondo al poemario y se manifiesta a través de todos los sentidos, de los términos locales «petate», «zaguán», «huarache», «elote», «mecate», «quelites», enriqueciendo las imágenes con la gama de colores que utiliza. No he hecho mención del agua, ni de los diversos personajes, ni de la muerte que se presenta como ley universal y como promesa de nuevas vidas. Muchos otros temas quedan en el tintero, serán ustedes, ávidos lectores, quienes irán descubriéndolos en la lectura. No me queda más que felicitar a la autora por invitarnos a recorrer este atractivo pueblo quieto, donde nace el agua.&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
				&lt;/div&gt;
			&lt;/td&gt;
		&lt;/tr&gt;
	&lt;/tbody&gt;
&lt;/table&gt;
&lt;p&gt;
	 &lt;/p&gt;&lt;img src=&quot;http://www.editorialpraxis.com/components/com_virtuemart/shop_image/product/resized/Donde_nace_el_ag_502ad1bd7dedc_170x200.jpg&quot; alt=&quot;Donde nace el agua&quot; vspace=&quot;5&quot; hspace=&quot;5&quot; align=&quot;left&quot; border=&quot;0&quot; /&gt;&lt;br /&gt;Precio: 

	&lt;span class=&quot;productPrice&quot;&gt;
		$80.00			&lt;/span&gt;


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			<category>Poesía</category>
			<pubDate>Wed, 30 May 2012 22:15:17 +0100</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title>Llanto por el Oriente</title>
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			<description>&lt;p&gt;
	 &lt;/p&gt;
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						&lt;img alt=&quot;Viñeta&quot; height=&quot;33&quot; src=&quot;imagenes/vineta.png&quot; width=&quot;72&quot; /&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						María Elena Cerecero(Zitácuaro, Michoacán, 1938), poeta y narradora, desde 1984 ha realizado estudios de literatura en talleres literarios impartidos por Edmundo Valadés, Carlos Illescas, Orlando Ortiz, Ethel Krauze y Dolores Castro, entre otros. Parte de su trabajo se ha difundido en &lt;em&gt;La Talacha&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Astillas&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;El Sol de &lt;/em&gt;&lt;em&gt;México&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;El Financiero&lt;/em&gt;. Es cofundadora de las revistas &lt;em&gt;Palabras de Arena&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Cántaro&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Los Gatos Locos&lt;/em&gt; y &lt;em&gt;Puntos Suspensivos&lt;/em&gt;. Participó en las antologías &lt;em&gt;Cantos de la colmena&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Bahía de juglares&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Las divinas mutantes&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Las flores de la dicha&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Mujeres poetas en el país de las nubes&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Cómo acercarse a la poesía de Ethel Krauze&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Entre siglos&lt;/em&gt; y &lt;em&gt;Mariposas mujeres sin capullos&lt;/em&gt;. En 1992 obtuvo mención  honorífica en el concurso anual de haiku de Japan Air Lines; en 2002, el primer lugar en el concurso de poesía mexicana contemporánea convocado por el grupo Abrace de Uruguay y Brasil. Publicó los poemarios &lt;em&gt;Las lluvias rojas&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Los caprichos del agua&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Poemas de uso diario&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Apago luces&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Ángel de papel&lt;/em&gt; y &lt;em&gt;Cantata profana para una voz&lt;/em&gt;, y el libro de cuentos &lt;em&gt;Las horas vacías&lt;/em&gt;. &lt;/p&gt;
				&lt;/div&gt;
			&lt;/td&gt;
		&lt;/tr&gt;
	&lt;/tbody&gt;
&lt;/table&gt;
&lt;hr /&gt;&lt;img src=&quot;http://www.editorialpraxis.com/components/com_virtuemart/shop_image/product/resized/Llanto_por_el_Or_502ad14b3237a_170x200.jpg&quot; alt=&quot;Llanto por el Oriente&quot; vspace=&quot;5&quot; hspace=&quot;5&quot; align=&quot;left&quot; border=&quot;0&quot; /&gt;&lt;br /&gt;Precio: 

	&lt;span class=&quot;productPrice&quot;&gt;
		$60.00			&lt;/span&gt;


</description>
			<category>Poesía</category>
			<pubDate>Mon, 04 Jun 2012 22:03:56 +0100</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title>Pico de gallo (de fruta y chile)</title>
			<link>http://www.editorialpraxis.com/index.php?product_id=717&amp;page=shop.product_details&amp;category_id=38&amp;flypage=garden_flypage.tpl&amp;option=com_virtuemart&amp;Itemid=1</link>
			<description>&lt;img src=&quot;http://www.editorialpraxis.com/components/com_virtuemart/shop_image/product/resized/Pico_de_gallo__d_502ad121a10e2_170x200.jpg&quot; alt=&quot;Pico de gallo (de fruta y chile)&quot; vspace=&quot;5&quot; hspace=&quot;5&quot; align=&quot;left&quot; border=&quot;0&quot; /&gt;&lt;br /&gt;Precio: 

	&lt;span class=&quot;productPrice&quot;&gt;
		$170.00			&lt;/span&gt;


</description>
			<category>Poesía</category>
			<pubDate>Thu, 07 Jun 2012 22:44:19 +0100</pubDate>
		</item>
		<item>
			<title>Versos de poco amor</title>
			<link>http://www.editorialpraxis.com/index.php?product_id=532&amp;page=shop.product_details&amp;category_id=38&amp;flypage=garden_flypage.tpl&amp;option=com_virtuemart&amp;Itemid=1</link>
			<description>&lt;table border=&quot;0&quot; bordercolor=&quot;#000000&quot; cellpadding=&quot;0&quot; cellspacing=&quot;0&quot; width=&quot;100%&quot;&gt;
	&lt;tbody&gt;
		&lt;tr&gt;
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				&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;
					&lt;p align=&quot;center&quot;&gt;
						&lt;img alt=&quot;Viñeta&quot; height=&quot;33&quot; src=&quot;imagenes/vineta.png&quot; width=&quot;72&quot; /&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;p&gt;
						 &lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						&lt;strong&gt;Saúl Ibargoyen Islas&lt;/strong&gt; (Montevideo, Uruguay, 1930) ha publicado tres novelas, cuatro libros de cuento, cuarenta de poesía, uno de teatro y un disco con sus poemas; es autor de cinco antologías de poesía; su obra ha sido difundida en diarios y revistas nacionales y extranjeros. Fue jurado en varios premios internacionales de poesía, periodismo y cuento en Cuba, México, Nicaragua y Uruguay; dos veces presidente de la Asociación de Escritores de Uruguay y miembro del Partido Comunista de su país. Impartió talleres literarios en México y Uruguay y ha participado en numerosos foros, encuentros y congresos literarios en la urss, rda, eu, Cuba y Paraguay; ha traducido a diversos escritores portugueses, brasileños y franceses. Fue jefe de redacción de &lt;em&gt;Plural&lt;/em&gt; de &lt;em&gt;Excelsior&lt;/em&gt;. Vive en México desde hace 40 años años; se dedica al periodismo cultural y a la coordinación de talleres literarios. Es miembro permanente del jurado que atiende el programa Tierra Adentro de apoyo a revistas de provincia, auspiciado por el Conaculta. Es asesor del Grupo Editorial Eón. En cumplimiento de actividades culturales ha viajado por más de 20 países de América Latina.&lt;/p&gt;
					&lt;p&gt;
						 &lt;/p&gt;
				&lt;/div&gt;
			&lt;/td&gt;
		&lt;/tr&gt;
	&lt;/tbody&gt;
&lt;/table&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;table border=&quot;0&quot; bordercolor=&quot;#000000&quot; cellpadding=&quot;0&quot; cellspacing=&quot;0&quot; width=&quot;100%&quot;&gt;
	&lt;tbody&gt;
		&lt;tr&gt;
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				&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;
					&lt;p align=&quot;center&quot;&gt;
						&lt;img alt=&quot;Viñeta&quot; height=&quot;33&quot; src=&quot;imagenes/vineta.png&quot; width=&quot;72&quot; /&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;Autor&quot;&gt;
						&lt;strong&gt;Carlos López&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						Cuando un poeta en la plenitud de su actividad creadora desnuda su alma y saca del fondo de su corazón los poemas desgarrados que dan motivo y razón a su ser; cuando los hechos cotidianos se vuelven obsesión y en su mente no hay más imagen que la de la amada; cuando el dolor es amor, es todo, los versos desencadenan en ese poeta el ritmo de la vida. Esto pasa con Saúl Ibargoyen, hombre de amor y de palabras, quien ha escrito un poemario de mucha fuerza con expresividad desbordada.&lt;br /&gt;
						        &lt;em&gt;Versos de poco amor&lt;/em&gt; es más: la soledad que crea universos; los recuerdos abrasando la memoria; el caos original renaciendo en el vacío, la nada; la nostalgia del futuro; el deseo contando las horas de un tiempo que no corre al ritmo de la sangre, que consume todos los resquicios del pensamiento. Es también el amor «alimentándose de una oscura felicidad... sosteniéndose como una lágrima besada después del silencio».&lt;br /&gt;
						 &lt;/p&gt;
					&lt;p&gt;
						 &lt;/p&gt;
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&lt;/table&gt;&lt;img src=&quot;http://www.editorialpraxis.com/components/com_virtuemart/shop_image/product/versos-de-poco_170x200.jpg&quot; alt=&quot;Versos de poco amor&quot; vspace=&quot;5&quot; hspace=&quot;5&quot; align=&quot;left&quot; border=&quot;0&quot; /&gt;&lt;br /&gt;Precio: 

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		$30.00			&lt;/span&gt;


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			<category>Poesía</category>
			<pubDate>Fri, 21 Aug 2009 18:36:13 +0100</pubDate>
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			<title>Poesía y cuento comentados para estudiantes de bachillerato</title>
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	&lt;span class=&quot;productPrice&quot;&gt;
		$250.00			&lt;/span&gt;


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			<category>Poesía</category>
			<pubDate>Fri, 21 Aug 2009 19:48:59 +0100</pubDate>
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			<title>Pueblo quieto</title>
			<link>http://www.editorialpraxis.com/index.php?product_id=457&amp;page=shop.product_details&amp;category_id=38&amp;flypage=garden_flypage.tpl&amp;option=com_virtuemart&amp;Itemid=1</link>
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					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						Maite Villalobos (México, &lt;span class=&quot;versalitas&quot;&gt;df&lt;/span&gt;, 19 de agosto, 1977) es licenciada en filosofía por la Universidad Panamericana. Publicó poesía y narrativa en diversas revistas. Es autora del poemario &lt;em&gt;Sudario de un naufragio &lt;/em&gt;(2002). Obtuvo mención honorífica en el concurso de cuento largo Xicóatl, de Austria. Pertenece al taller de poesía de Saúl Ibargoyen desde 1996.&lt;/p&gt;
					&lt;p&gt;
						 &lt;/p&gt;
				&lt;/div&gt;
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&lt;hr /&gt;
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					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;Autor&quot;&gt;
						Mariluz Suárez&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;PrimerParrafo&quot;&gt;
						El poemario &lt;em&gt;Pueblo Quieto&lt;/em&gt;, de Maite Villalobos, es sorprendente tomando en cuenta el trabajo de una autora muy joven en el momento de la elaboración de estos textos. La voz poética comienza por evocar con palabras simples y concisas una vida cotidiana ya pasada. Versos solemnes rivalizan con imágenes agradables construyendo la expresión poética de los cambios de tono. En general, encuentro en este libro un intenso valor afectivo, una  sonoridad melancólica y una sinceridad discreta con valor de testimonio.&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						Entre los recursos elegidos por la autora hay uno que me gustaría destacar, pues me parece muy interesante. De manera acertada e intuitiva, va frenando la información, obligando al lector a detenerse en la lectura. Doy un ejemplo: en la página 23, el poema «Sereno» termina así: «cáscara de toronjil deshidratada que desprende los brillos de tus labios nocturnos ». Aparte de la aliteración &lt;em&gt;de toronjil deshidratada desprende de tus labios&lt;/em&gt;, hay un pausado alargamiento de la frase que se prolonga como una evocación o ensoñación íntima. La invención de palabras no puede pasarse por alto, así como otro acierto: la utilización de palabras simples, comunes y corrientes, de todos los días, que cobran valor y prestigio a través de la sintaxis, del ritmo cadencioso, del acento en la sílaba precisa y la repetición. Un ejemplo de esto sería la página 18, el poema «Pasillos»: «Ayer volví del mercado/ con una canasta llena/ de ramos de manzanilla./ Te vi, Pedro, perdido en el pasillo de barro frío/ con tus pies descalzos./ Nos reconocimos/ mientras/ rugían los pulmones /del mar alto./ Llovió toda la tarde,/ toda la tarde./ De noche fui/ por la manzanilla/ para calmar la resaca/ de beberte tanto,/ para llenarme de agua/ con sabor a tierra./ Y encontré,/ bajo la bocinatoria,/ un para de ramos nadando/ entre al aguas del monte:/ El pasto bebía olas de té/ para curar la resaca/ de aquella tarde».&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						El recorrido que he elegido hacer por este poemario es el de sustantivos y adjetivos que llevan al lector a un mundo real, difícil, definitivamente no deseado. Cito algunas de las imágenes que he seleccionado: «Cuerpo nudoso», «durazno seco», «escoba ensangrentada», «grietas negras», «milpas secas», «agua amarga», «quelites lastimosos», «cara amarilla», «sangre dulce», «voz oscura», «entrecejo hundido», «beso congelado», «nuca exhausta», «piel ceniza», «vieja grandota», «sabores tristes». Siguiendo este mismo tono, «mujer vacía», retoma el adjetivo cambiando a «restos vacíos», que posteriormente serán «ojos vacíos»; las «manos secas» después serán «manos huecas» y las «entrañas ocultas» unas páginas más adelante son «entrañas carcomidas». Curiosamente, el único ejemplo que encontré de epíteto, cuya característica es acentuar su carácter de modificador del sustantivo, es «flacos huesos», por lo que la flacura es conducida a su máxima expresión; intuyo que «huesos flacos» debilitaría la sonoridad y el ritmo.&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						Para concluir quisiera hacer mención de «grano vivo de maíz azul» que hacia el final del poemario se menciona como «maíz seco», por ser éste uno de mis temas favoritos. Entre los pueblos mesoamericanos, el maíz no sólo era algo que llevarse a la boca; el ciclo vital de este grano estaba ligado a la vida de estas sociedades. Las deidades, las fiestas, los topónimos, los rituales adivinatorios, las creencias y prácticas religiosas, el pensamiento, el conocimiento, los estilos de vida, las bebidas e instrumentos asociados con este grano iban de la mano buscando la buena marcha del mundo. Curiosamente, el maíz azul, según la nutribiótica, si existe la palabra, es el grano del cual parten los otros, como el blanco o el amarillo, por ejemplo, y se considera al maíz azul el abuelo de todos los maíces del mundo. Siguiendo con esta temática, hay un gusto en este libro por una tradición muy mexicana que sirve como telón de fondo al poemario y se manifiesta a través de todos los sentidos, de los términos locales «petate», «zaguán», «huarache», «elote», «mecate», «quelites», enriqueciendo las imágenes con la gama de colores que utiliza. No he hecho mención del agua, ni de los diversos personajes, ni de la muerte que se presenta como ley universal y como promesa de nuevas vidas. Muchos otros temas quedan en el tintero, serán ustedes, ávidos lectores, quienes irán descubriéndolos en la lectura. No me queda más que felicitar a la autora por invitarnos a recorrer este atractivo pueblo quieto, donde nace el agua.&lt;/p&gt;
					&lt;p class=&quot;NormalWebPraxis&quot;&gt;
						 &lt;/p&gt;
				&lt;/div&gt;
			&lt;/td&gt;
		&lt;/tr&gt;
	&lt;/tbody&gt;
&lt;/table&gt;
&lt;p&gt;
	 &lt;/p&gt;&lt;img src=&quot;http://www.editorialpraxis.com/components/com_virtuemart/shop_image/product/pueblo-quieto_170x200.jpg&quot; alt=&quot;Pueblo quieto&quot; vspace=&quot;5&quot; hspace=&quot;5&quot; align=&quot;left&quot; border=&quot;0&quot; /&gt;&lt;br /&gt;Precio: 

	&lt;span class=&quot;productPrice&quot;&gt;
		$80.00			&lt;/span&gt;


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			<category>Poesía</category>
			<pubDate>Fri, 21 Aug 2009 18:36:09 +0100</pubDate>
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