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El Puro Cuento, núm. 1

( varios )

El Puro Cuento, núm. 1
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Viñeta

Visita la página www.elpurocuento.com 
 


Viñeta

El Puro Cuento

Juan Domingo Argüelles

 

Con excelente diseño de Carlos Adampol Galindo y dirigida por el escritor y editor Carlos López, hace días apareció la revista El Puro Cuento. Su formato de libro, en media carta, es excelente y recupera la tradición de la monografía.

En este número al menos, El Puro Cuento dedica varias de sus páginas a Antón Chejov, con una decena de inéditos en español, traducidos por René Portas. La periodicidad será trimestral y es de augurarse, y desearse, el éxito que merece.

Carlos López se ha dedicado a emprender, desde Praxis, su editorial, algunos proyectos que más que dinero, seguramente le dejan satisfacciones. Y éste es uno de esos proyectos necesarios, dignos de ser celebrados.

Explica López: «El Puro Cuento es el nombre de la revista hecha en México para el mundo del cuento; para cuenteros y cuentistas. Abra El Puro Cuento, súbase en su bicicleta, acompáñenos. Quienes la hacemos, le extendemos una invitación a viajar desde antes de la portada y más allá de la cuarta de forros». ¿Y quiénes la hacen? Además de Carlos López, en la dirección, un consejo de redacción integrado por Daniela Camacho, Ariadna Vásquez, Carlos Adampol Galindo y Óscar Rocha García.

Los hacedores de El Puro Cuento no ignoran sus antecedentes más connotados, y así lo reconocen al dedicar este proyecto «en honor de Puro Cuento (1986-1992), de Mempo Giardinelli, y de El Cuento (1937), de Edmundo Valadés».

Además de los magistrales cuentos de Chejov, en este número se incluye el texto «Cómo hacerse escritor en 9 pasos». Las instrucciones no pueden ser más precisas: «A todo niño recién nacido —dice Chejov— se le debe lavar con cuidado y, tras dejarle descansar de las primeras impresiones, azotarlo fuertemente con las palabras: “¡No escribas! ¡No escribas! ¡No seas escritor!”».

Si ello no fuera suficiente, Chejov recomienda aplicar, por ejemplo, el paso número cinco, que es toda una lección de consuelo: «Hacerse escritor no es nada difícil. No hay idiota que no encuentre su par, y no hay tontería que no encuentre su lector apropiado. Por eso no te apoques... Pon el papel ante ti, toma la pluma en la mano y, tras excitar el pensamiento cautivo, escribe. Escribe de lo que quieras: de la ciruela pasa, el tiempo, el kvas de Govorovski, el océano Pacífico, las agujas del reloj, la nieve del año pasado... Tras escribir, toma en tus manos el manuscrito y, sintiendo en las venas un temblor sagrado, ve a la redacción. Tras quitarte los chanclos en el recibidor e informarte: “¿Está acaso el señor redactor?”, entra al santuario y, lleno de esperanza, entrega tu creación... Después de eso, acuéstate una semana en el diván de casa, escupe al techo y confórtate con los sueños; a la semana, ve a la redacción y recibe tu manuscrito de vuelta. Tras esto, sigue llamar a las puertas de las otras redacciones... Cuando ya hayas recorrido todas las redacciones y el manuscrito no haya sido aceptado en ningún lugar, publica tu obra en una edición aparte. Se hallarán lectores».

En sí mismo, este paso número cinco es todo un cuento, un excelente cuento que leemos gracias a esta nueva revista, que ilustra Guillermo Ceniceros, y complementan José Luis Perdomo Orellana, con un ensayo; Claudia Puente, con una entrevista a Bárbara Jacobs, y los cuentistas Rodrigo Argüelles, Citlali Ferrer, Hyakken Uchida, Edgar Omar Avilés, Juan Antonio Rosado, Antonio Ramos, Juan Dicent, Araceli Téllez, Orly Rosales, Norma Elizondo, Ariadna Vásquez y Carlos Adampol Galindo. El cuento gráfico que cierra el número es de Óscar Cueto.

A los lectores no nos queda sino desear una larga vida a El Puro Cuento.

 

Juan Domingo Argüelles,

El Universal, México, 22 oct, 2006, p. 5f

 


Viñeta

 

Rogelio Guedea

Una nueva revista ha nacido. Está dedicada al puro cuento. La revista: bellísima. El proyecto: interesantísimo. La hermosa revista El Puro Cuento, que dirige mi amigo-hermano Carlos López.

 


Viñeta

 

Bárbara Jacobs

Es una bella y rica revista. Es un honor estar en el primer número.

 


Viñeta

 

Sergio García Díaz

Me parece una cuestión importante para el cuento y un éxito más en la carrera de promotor de talentos literarios, de editor y de ser humano de Carlos López.

 


Viñeta

El Puro Cuento

Mónica Lavín

Edgar Allan Poe ganó un premio cuando envió el cuento «EI manuscrito en la botella» —en donde evidenciaba la técnica que haría moderno al cuento, la unidad de efecto— a la revista The Saturday Visitor. Como editor asistente del Southern Literary Messenger habría de incluir algunos cuentos (además de crítica, ensayo y poesía) suyos. Chejov, por su parte, asentaría su talento de escritor mientras atendía a sus pacientes, publicando cuentos semanalmente en EI Vuelo del Dragón y más tarde cuentos más largos en La Gaceta de Petersburgo (recibía 8 copeks por línea). A través de esas publicaciones, escribió más de trescientos cuentos en 5 años. El cuento nació para ser parte de las publicaciones periódicas, para acompañar la lectura de noticiaso habitar el impreso entre crítica, ensayo, poemas. Nació como mundo redondo e independiente. Suficiente provocación. Publicando en revistas se hicieron los grandes autores estadunidenses Faulkner, Hemingway, Twain, Capote, Updike, etcétera. El tema del escritor estadunidense sobreviviendo y dándose a conocer a través de la publicación en revistas es tema de algunas novelas notables en Estados Unidos. En la novela de John Fante, Pregúntale al polvo,el protagonista recibe algún dinero (que se gasta de inmediato) de la publicación de su cuento «EI perrito que rio» en alguna revista; el protagonista de Desayuno en Tiffanysrecibe gustoso el pago de los cuentos que fueron aceptados por alguna revista; Hemingway toma la decisión —como lo documenta en París era una fiesta—de dejar el periodismo y vivir del cuento publicando en Esquire,Harpers Bazzar,New Yorker.La tradición continúa. EI New Yorker,con más de cien años de existencia, publica mes a mes un cuento. EI cuento convoca a sus lectores desde la revista. Así nació la necesidad de publicar la reunión de cuentos de un solo autor que ya había entrado en el gusto de los lectores y que ante lo perecedero del diarismo apostaban por la permanencia del libro. Con estas publicaciones los editores, a su vez, estaban salvados de lo que ahora padecen (o parece que padecen las editoriales que argumentan que el cuento no vende). ¿No será que ante la evidente falta de espacios donde el cuento se pueda leer desenfadadamente, quizás por casualidad, se ha dejado de formar el apetito lector por un género que pide la participación del lectorcon una actitud distinta? Ya sabemos que en el cuento nos toca desentrañar su sentido profundo.

En México, el cuento ha sido publicado en revistas y suplementos tradicionalmente. Se le encuentra cada vez menos. Rosa Beltrán indaga en las razones de esta situación en el prólogo de la antología a su cargo Los mejores cuentos del 2006 (que anualmente publica Planeta):

 

Las razones son muchas. Van desde la idea de que el cuento es una forma literaria más sofisticada y, por tanto, que requiere más experiencia en un país de no lectores, hasta la más violenta consideración de que el cuento es el género más acorde con el proyecto democrático de configurar —y estar dispuesto a escuchar distintas voces, más allá de las dos o tres que promueve el mercado—. A estas razones se suma la alarmante falta de revistas y suplementos literarios, lo que habla de una crisis cultural en un país que desde el siglo xix y hasta hace poco contaba con una tradición privilegiada en el cuento y la poesía.

 

Por ello, la revista que fundara Edmundo Valadés, El Cuento,que tuvo una vida de casi treinta años, fue fundamental en la formación de lectores y escritores de cuento. Vital en la promoción del género de la brevedad. Don Edmundo reunía en esta publicación clásica cuentos de autores de diversos países, su traducción al español permitía acercarse a tradiciones y estilos diversos, incluía reflexiones sobre el cuento y hacía presentes las minificciones (de gran tradición en nuestro país y en Latinoamérica) no sólo por publicarlas, sino por fomentar un concurso permanente (con premio y todo) en cada número. Además, se daba a la tarea de recibir cuentos y publicar los comentarios para el autor. Las primeras páginas de El Cuento eran una especie de pantalla en internet, un taller virtual, con los ritmos de la publicación de la revista —a veces muy tropezada, a pesar de su intención de salir cuatro veces al año—.

Por ello es de celebrarse la aparición de El Puro Cuento,proyecto editorial del poeta y editor guatemalteco, Carlos López, asentado desde hace más de un cuarto de siglo en este país, donde fundó la Editorial Praxis. Praxis se ha caracterizado por editar poesía, cuento, ensayo en ediciones elegantes, cuidadas, donde la plástica —otra de las grandes aficiones de Carlos López— están siempre presentes. Ser editor independiente en este país (y en muchos) es un acto heroico. Y aun así, Carlos combina la zozobra de la supervivencia con el capricho editorial y se da el lujo de elaborar libros objeto diminutos para cobijar sus haiku, sus viñetas, una reunión de decálogos del cuentoespléndida. No contento con esos caprichos juguetones y deliciosos, se avienta al ruedo, a hacerle el quite al vacío de publicaciones especializadas en cuento; toma la estafeta que dejó en el aire don Edmundo Valadés y crea El Puro Cuento. Curiosamente, y por pura coincidencia, el escritor argentino asentado en México muchos años, Mempo Giardinelli, al regreso a su país y por contagio de la revista El Cuento mexicana, publica la revista Puro Cuento.Ahora Carlos, en formato prácticamente de libro (pues toda buena revista de cuento es coleccionable), nos ofrece a los degustadores del género esta revista espléndida que retoma del proyecto de Valadés algunas de sus secciones pautas y añade otras.

El Puro Cuento reúne la publicación de cuentistas conocidos de cualquier parte del mundo con la publicación de plumas jóvenes. En el número inaugural dedicado a Chejov (mejor padrino no podría tener esta revista, donde se incluye además un inédito del autor) aparecen jóvenes autores mexicanos como Omar Edgar Avilés, Antonio Ramos (quien, por cierto, ganó el premio de cuento joven Julio Torri y nos brinda un espléndido cuento alrededor de la amistad de un grupo callejero), Citlali Ferrer, Juan Antonio Rosado (todos ellos nacidos entre los años sesenta y ochenta). Y autores que no conoceríamos fácilmente si no estuvieran aquí incluidos, como el japonés Hyakken Uchida, nacido en 1889 (Kurosawa filmó en sus últimos días la vida cotidiana de este autor, nos enteramos en la información biográfica de los autores incluidos), la dominicana Ariadna Vásquez y el guatemalteco José Luis Perdomo Orellana. Además, la revista incluye la entrevista a algún cuentista, conversación que siempre ilumina este oficio de solitarios. En el caso de la revista inicial es Bárbara Jacobs, notable por sus Doce cuentos en contra y su imprescindible Antología del cuento triste,realizada con Tito Monterroso. Entre los cuentos publicados, de variada extensión, se insertan reflexiones o recomendaciones acerca de la escritura o esencia del cuento, como las que Chejov hace en este número. Las páginas centrales a color nos permiten disfrutar la obra plástica de algún pintor, subrayando la convergencia de los sentidos y percepciones en las diversas formas de la expresión artística. En el número uno, aparece obra de Guillermo Ceniceros, pintor duranguense y con una gran trayectoria.

Disfrutar los cuentos de la revista El Puro Cuento es establecer un diálogo con las miradas y estilos de quienes en ella publican. Es confrontar palabra a palabra los rasgos particulares del género, esa tensión narrativa que le es propia y esa capacidad de sugerencia que rebasa la anécdota y nos sumerge en el pedazo del iceberg bajo el agua. (Una vez leído el cuento, el iceberg se invierte, su revelación nos permite mirar lo que parecía menor y estaba oculto.)Buceamos hacia el sentido oculto del cuento, los siete octavos de hielo que le dan hondura y sostén a lo contado. Todo ello está allí en el tratamiento de asuntos diversos, con estilos distintos. Y como toda revista, El Puro Cuento es un foro abierto para la publicación del cuento. Para convocar plumas y miradas en un diálogo fecundo, intenso con los iniciados del género y con quienes están por descubrir la seducción del cuento. Por ello felicito la audacia editorial de Carlos López y nos felicito por contar con este espacio de lectura y publicación que habrá de dar continuidad a una fecunda tradición en la república de las letras.

 

 


Viñeta

El Puro Cuento

Méndez Vides

Ya está circulando la nueva revista El Puro Cuento, nueva em­presa de Carlos López, un quijote guatemalte­co que vive en México desde los tiempos cuan­do la violencia empujó a los nuestros al exilio. Dedicarse a publicar re­vistas es una empresa que sólo los muy volun­tariosos pueden empren­der, y mucho más heroico el intento si se escoge co­mo tema la literatura, y en particular ese género tan querido y al mismo tiempo tan mal tratado, el cuento.

La esencia de todo buen narrador está en el cuento. Los anti­guos se pasaban verbal­mente las historias de ge­neración en generación, como se transmiten hoy día los chistes, y en el ca­mino las historias variaban, se diferenciaban, y terminaban siendo obras diferentes, aunque en sus orígenes fuera la misma. La idea de la novela surge mucho des­pués, cuando la ambición del lec­tor exigió el largo aliento a los au­tores, prolongar las historias como un culebrón, y se puso de moda pu­blicar por entre­gas en los diarios, y hoy en día hay quienes lo cali­fican de género menor, pero na­da que ver. Tito Monterroso nos demostró en casa que la brevedad funciona, y para Antón Chejov: «La brevedad es hermana del talento».

La nueva revista de nuestro compatriota se dedica a rendirle tri­buto al cuento. En el pri­mer número se publica obra inédita en castella­no de Chejov, ese maestro inigualable del relato breve, según traducción del cu­bano René Portas; a lo que sesuman cinco cuen­tistas, uno clásico, el ja­ponés Hyakken Uchida y una serie de mexicanos relativamente jóvenes, Argüelles, Ferrer, Avilés, Rosado, Ramos, Téllez, Rosales, Elizondo... por aquí desconocidos, fres­cos contadores de historias, que re­nuevan en los lec­tores el gusto por la prosa breve, con todo su poder.

La revista cuenta con un in­termedio dedicado a la plástica, donde se muestran foto­grafías a todo color de la obra en acrí­lico sobre papel del mexicano Guiller­mo Ceniceros. Tam­bién, incluye una en­trevista con Bárbara Jacobs, y una sección de opinión de nuestro compatrio­ta J.L. Perdomo, en donde evoca amoro­samente sus lecturas de Cesare Pavese, el genio turinés que se qui­tó la vida en 1950.

La revista circula en algunas de nuestras li­brerías, y para quienes estén interesados en el tema y el esfuerzo, la obra se adquiere en http://www.editorialpraxis.com.

 

Méndez Vides,

El Periódico, Guatemala, 13 feb, 2007, p. 26

 


Viñeta

 

Somos cuentos de otros cuentos

María Neder

En honor de El Cuento (México), creada en 1937 por Edmundo Valadés, y de Puro Cuento (Argentina, 1986-1992) de Mempo Giardinelli, nos llega ahora El Puro Cuento, dirigida por Carlos López. Sabemos que el mundo es un cuento, que estos embustes, inventos, patrañas —como expresa el editorial de este primer número— adquieren la connotación de necesarios como el pan.

El género perfecto, se ha dicho desde Chejov a Silvina Ocampo, provocando con semejante afirmación una incierta confrontación con la poesía. No es la cuestión en esta mirada festiva con el nacimiento de esta revista.

Se presentó los últimos días de noviembre en Coyoacán (México, df), en la casa sede de la Sogem (Sociedad General de Escritores Mexicanos). Propuesta en formato libro, de edición trimestral, inaugura con la publicación de nueve cuentos inéditos en castellano de Antón Chejov, traducidos por el cubano René Portas; un recorrido sobre las emociones humanas en la entrevista a Bárbara Jacobs; y más cuentos (del guatemalteco José Luis Perdomo Orellana, del japonés Hyakken Uchida, entre otros), minificciones, frases, pláticas pachecas, más un dossier de doce páginas en papel ilustración con reproducciones de la obra reciente de Guillermo Ceniceros.

Bienvenida al mundo de los cuenteros, cuentistas y afiebrados por la buena narrativa (Editorial Praxis, México, 113 páginas). 

 

María Neder, revista Nómada,

Universidad de San Martín, Argentina, ene, 2007

 

 


Viñeta

José Luis Perdomo Orellana

Lo genuino, lo trascendente, lo máximo es que una vez más, heroico y casi siempre a solas a la hora de rempujar barniz, Carlos López hizo un nuevo milagro: la revista El Puro Cuento, que por cierto ya le di a Méndez Vides y a otro cuate lúcido. Ambos se quedaron con la boca abierta y luego la cerraron para abrirla de nuevo y decir bellezas del ARTEfacto. Celebro que la hayan presentado el mero 20 de octubre, acaso en honor de aquella escaramuza a la que por estos rumbos aún le dicen Revolución de Octubre.

 


Viñeta

Un espacio para contar

Juan Antonio Rosado Zacarías

Durante más de treinta años de vida ininterrumpida, la revista El Cuento, dirigida por Edmundo Valadés, quien incluso seleccionó una parte del material para difundirlo nuevamente mediante las célebres antologías El libro de la imaginación,Los grandes cuentos del siglo xx y Los cuentos de El Cuento, cumplió con una función indiscutible en la historia de las instancias mediadoras y publicaciones periódicas de la literatura mexicana. Cuando esta revista desapareció, el hueco fue notorio, pues —al revés de lo que ocurre con la novela, que, sin importar su calidad (sea ésta artística o no), es uno de los géneros preferidos del público lector— los libros de cuento y de poesía son mucho menos solicitados, sobre todo cuando los autores carecen del apoyo de la mercadotecnia, no son muy conocidos o no se les ha pegado alguna estrellita en la frente (es decir, no han sido premiados por algún jurado). El porqué se lee menos cuento o poesía joven puede tener muchas causas que no conciernen al objetivo de este texto. Lo cierto es que el cuento requería de un espacio exclusivo, de un órgano propicio para su difusión y para reflexionar en torno al género; de una revista de calidad, a la vez lúdica y rigurosa, coleccionable, con formato de libro, redactada por escritores y siempre abierta a nuevas propuestas estéticas.

La idea de esta publicación, titulada El Puro Cuento debido al nombre de una de las colecciones de Editorial Praxis, surgió precisamente en los talleres de esta editorial, en la calle de Doctor Vértiz, a mediados de 2005. Yo había conocido a su director, Carlos López, por el 2002 o 2003, cuando me publicó un libro de cuentos: Las dulzuras del limbo. Antes no conocía a Carlos, aunque sí a las ediciones, y pensé, con cierto temor, que este guatemalteco, admirador —como yo— de Miguel Ángel Asturias, Luis Cardoza y Tito Monterroso, no le iba a encontrar unidad a mi libro, pues en realidad lo que yo pretendía era romper con la unidad y apostar por la heterogeneidad, por la pluralidad, tanto temática como estilística. Yo contaba con el «aval» de Bárbara Jacobs, quien había seleccionado uno de mis cuentos para su antología Los mejores cuentos mexicanos (2001), y no me importó sugerirle al director de Editorial Praxis Las dulzuras del limbo, donde incluía ese texto. A Carlos López le gustó el libro y lo publicó, asumiendo los gastos. Fue presentado luego en el Salón Tarkovski de Casa Lamm y en la Facultad de Filosofía y Letras. Pero lo principal, para efectos de contar la historia de la revista El Puro Cuento,es que la literatura, como todo arte, a diferencia de la guerra o de la política, tiene la capacidad de vincular a desconocidos, de crear amistades, mientras que, como afirma Martín Luis Guzmán, a través de su personaje Axkaná, «En el campo de las relaciones políticas la amistad no figura, no subsiste. Puede haber, de abajo arriba, conveniencia, adhesión, fidelidad; y de arriba abajo, protección afectuosa o estimación utilitaria. Pero amistad simple, sentimiento afectivo que una de igual a igual, imposible [...] De los amigos más íntimos nacen a menudo, en política, los enemigos acérrimos, los más crueles».

Me di cuenta entonces de que Carlos López no era —no es— un político literario, como los hay muchos. Entre copas (o sin ellas), podía criticarlo, proponerle ideas, señalarle erratas y hasta errores en sus textos, y nunca actuó como un acomplejado politiquete a quien hay que estarle lamiendo las botas (u otros órganos) para que nos publique. Ese tipo de editores no son editores: son politiqueros, mercanchifles que usan su podercillo mediocre para imponer poéticas o gustos determinados, cuando no para publicarles sólo a sus amigos o amantes; y la política, al igual que la burocracia cultural, se ha convertido, a lo largo de los años, en cubetazos de lodo para muchos artistas. De modo que, conociendo la apertura de Carlos, un día, con generosas raciones de vino y cerveza, en medio de una plática literaria, surgió en Praxis la idea de El Puro Cuento. Reunimos a una serie de interesados en el proyecto, entre los que se encontraban Claudia Puente, quien entrevistaría a Bárbara Jacobs (entrevista que finalmente fue publicada); Marcela Solís-Quiroga, quien se encargaría de la redacción, y Andrés Márquez, cuya función que desempeñaría en la revista ahora no recuerdo, tal vez por tanto alcohol. Por una razón u otra, el proyecto se fue aplazando, hundiéndose tal vez en vasos de vodka o caballos de tequila, y no se realizó cuando debió haberse hecho. Afortunadamente, Carlos, que se caracteriza, entre otras cosas, por su obstinación y por ser un maniaco del trabajo, reunió a un grupo más serio y responsable que nosotros, y por fin dio a luz el bello número de El Puro Cuento que ahora se presenta.

Esta revista —hay que recalcarlo— no juega a la cosa nostra. Praxis es una editora de gran calidad, pero es también una editorial chica, con problemas, como toda empresa pequeña, de distribución. Carlos López no es, sin embargo, un mercader que pretenda el enriquecimiento fácil. Ante todo, es un poeta y un conocedor de la lengua española (me refiero a la gramática, por supuesto), quien durante más de 25 años se ha caracterizado por pactar con la juventud, con los autores jóvenes, sin importar su edad (y en este punto pecan muchos concursos literarios, que establecen límites de edad o de sexo, como si la literatura se rigiera por esos triviales parámetros: Henry Miller era joven a los 45 años, cuando empezó a publicar y Laurence Sterne comenzó a escribir a los 46). Editorial Praxis, decía, no es uno de esos monopolios, una de esas empresas que se atienen a las leyes del mercado y que, como ocurre con las ferias de libros, se asemejan más a las bolsas de valores que a editoriales con propósito cultural, y publican para los espectadores de estrellas o los necesitados de autosuperación, al lado de excelentes obras literarias.

El noble proyecto de El Puro Cuento surgió en el seno del desinterés que ha caracterizado a Editorial Praxis como espacio plural, heterogéneo, pero siempre artístico y reflexivo. Con esta nueva revista se cubre el hueco dejado por la desaparición de El Cuento, de Valadés, pero con creces. No sólo la calidad en la presentación es superior a la de su antecesora; no sólo pretende conservar el sentido de juego implícito en todo acto cultural, sino que también desea abarcar más que la mera difusión de novedades. Se trata de una revista que, si continúa su marcha (esperemos que lo haga por largo tiempo), tratará de todo lo concerniente al cuento, y con esto no quiero decir sólo cuentos, sino también recepción, crítica y rescate, reflexiones en torno a este antiguo género narrativo y todo tipo de experimento que tenga que ver con el cuento, sin darle preferencia a una poética, a un credo o a una manera de concebirlo, imaginarlo o entenderlo. Eso está bien para los dogmáticos o los académicos anquilosados.

¿Pero qué es, finalmente, lo trascendente en la literatura y particularmente en el cuento? Jamás las etimologías han funcionado de modo absoluto. Sí: son divertidas (a Borges le gustaban mucho), pero también suelen ser inútiles. Cualquiera puede contar una anécdota o una historia. En la novela y en el cuento, cuando tienen intenciones artísticas, no es nunca la trama ni el argumento ni la anécdota lo verdaderamente importante. Afirmar eso, como lo ha hecho algún cuentista de cuyo nombre no quiero acordarme, es una peligrosa falacia. Las anécdotas se oyen bien en los chismes de azotea o en boca de los cuenteros. Lo trascendente en un cuento, literariamente hablando, es el tratamiento del tema: cómo un artista trata o desarrolla determinado contenido en una forma narrativa que incluya, por supuesto, la descripción y la reflexión. Éste es uno de los medios como la flecha puede llegar al blanco.

Para ahondar en lo anterior, hay que tomar en cuenta que, por un lado, existen los escritores que han vivido y leído mucho; escritores que no persiguen sus temas, sino, al contrario, son perseguidos por los temas y las anécdotas, de modo que sienten una obsesión, una necesidad biológica por transmitirlos, por expresarse de alguna forma. Sus textos poseen intensidad, pasión, pero muchas veces, o se quedan en la pura anécdota y no profundizan ni les interesa siquiera la ambigüedad que puede desprenderse de un hecho humano, o simplemente no dominan el estilo, se tropiezan o les da pereza adentrarse en las herramientas de la redacción y la gramática. Por otro lado, existen también los escritores que se masturban con las palabras, aquellos que creen en la ridícula y —como llegó a decir Federico García Lorca— cursi y hasta perniciosa teoría del arte por el arte, término acuñado en la Sorbona por Victor Cousin y retomado por Gautier. Los «artepuristas» son escritores seudoparnasianos que consideran que la literatura no es sino un mero acto de lenguaje; se la pasan acicalando y depilando las palabras, buscando el perfecto sonido para decir «solemnes boberías», como bien lo expresa en un ensayo Mariano Azuela. Son, dicho de otro modo, autores que en el fondo no tienen nada que decir. Sus textos se regodean en el verbo, pero son huecos, sin espíritu ni intensidad. La revista El Puro Cuento ha renunciado a la excluyente idea de el cuento puro o el arte puro, o a cualquier idea de pureza, para sumergirse en el arte, en el puro cuento, que es siempre humano y, por lo tanto, impuro.

Ahora bien, el gran equilibro que requiere la literatura y, por su brevedad, el cuento, consiste precisamente en el matrimonio del prurito por la perfección formal y la necesidad auténtica —sea o no con afán lúdico— por decir algo y llegar a un determinado público. Juan García Ponce e Inés Arredondo, dos de los más grandes cuentistas mexicanos del siglo xx, coinciden en que el tema es lo fundamental, pero ninguno renuncia al arte, a ese vehículo para hacer llegar el tema al lector, vehículo que no es sino la forma, el lenguaje. Y todo esto viene a propósito del primer número de El Puro Cuento, número variado, que renuncia a la pureza, a la unidad académica y academizante en pro de la pluralidad de voces.

 Excluyendo a Chejov, que es un clásico y, como lo ha demostrado la revista, también un desconocido para quienes no sabemos ruso, ya que ha dado por vez primera al público traducciones al español de textos inéditos de este autor; excluyendo a Chejov —como decía—, todos los cuentos, desde los más breves hasta los más largos, que aparecen en este número, han logrado el equilibrio al que me he referido con anterioridad: intensidad y cuidado de la forma. Logrado ese equilibrio, todo lo demás es cuestión de gusto o de preferencia personal, y es en este punto donde también pecan muchos concursos literarios (que privilegian, cuando no hay mano negra, el gusto de un determinado jurado; por ello, todo concurso literario es una especie más o menos refinada de lotería); también en ese punto pecan las mafias culturales, siempre excluyentes, que juegan al club de los elogios mutuos y privilegian una determinada poética o forma de entender la literatura, atrayendo, además, a los medios masivos para difundir sus «obras maestras». Es aquí donde mercadotecnia y literatura, como ya lo he expresado en un ensayo, se vinculan íntimamente.

Nada de lo anterior sucede en El Puro Cuento, que pretende publicar textos que digan algo, intensos, con temas atractivos y, además, bien escritos. En este sentido, estoy seguro de que críticos de la talla de Luis Leal, con su Breve historia del cuento mexicano, si vivieran, hubiesen encontrado en este primer número de El Puro Cuento material novedoso, lleno de pasión, de esa vitalidad que debe caracterizar al género, sin importar el tema que trate, sea la muerte, el desamor, los ácaros o los incendios, o cualquiera de los grandes temas universales. Esperemos que esta noble empresa tenga larga vida.

 

 


Viñeta

 

El Puro Cuento

Gabriela Ynclán

 

 ¿Quieres que el mundo sepa cómo es el mundo? Cuéntalo tú.

 Arturo Molina

 

Me inicié en la vida literaria leyendo cuentos, y descubrí varias cosas sobre éste. No hay nada mejor que un cuento, si te seduce, al hacer un viaje en autobús, en avión o en metro. Por eso el formato de una revista de cuentos debe de ser accesible a cualquier tipo de viajero; ni tan pequeña, ni tan grande: legible y agradable. Nada mejor que un cuento después de una pelea con la pareja y antes de dormir. Por eso las revistas de cuentos deben traer cuentos de humor. Nada mejor que un cuento mientras uno espera cualquier cosa: la imaginación te lleva hacia un sentimiento, una situación o algún espacio. Te puede mover pasiones y proporcionarte otras experiencias del mundo. Por eso las revistas de cuentos deben incluir cuentos de terror, realistas y fantásticos. Nada mejor que un cuento, siempre, por eso los cuentos de las revistas deben incluir autores clásicos; otros, no tan clásicos, y autores actuales. Y desde luego, estar abiertas a los nuevos cuentistas, dándole oportunidad a los que apenas se inician en este menester.

Me inicié, literariamente, escribiendo cuentos; luego, debo confesarlo, los he dejado por el teatro. Pero no del todo, quiero al cuento y ahí están muchos temas pendientes, algunas historias convertidas en deseos que, de no hacerlas teatro, pueden, posiblemente, volverse cuentos.

Leer un buen cuento siempre me reanima. Escribir un cuento me permite compartir con otros locuras, angustias y secretos.

Me da un gusto enorme y celebro la llegada de una nueva revista dedicada al cuento. ¡Sólo al cuento! Poe, Maupassant, Chejov son los clásicos del cuento. Este número, el primero de la revista, está dedicado al gran cuentista ruso; eso me encantó. Chejov era, además de cuentista, un gran dramaturgo, por lo cual quiero pensar, deduzco y saco como conclusión que lo uno no está peleado con lo otro.

Creo sinceramente que esta revista debe y puede llenar un hueco. Algunos lectores y escritores casi maniáticos y obsesivos la estábamos esperando. Hace tiempo no tenemos aquella otra que se llamaba simplemente El Cuento y de la que yo coleccionaba todos sus números.

Bien por Carlos López, el editor y director, que tuvo esta iniciativa. Que la revista cumpla muchos años. Ya que cuentos y cuentistas tenemos de sobra en todo el mundo. 

 


Viñeta

 

Álvaro Gómez Rueda

Disfruté mucho la lectura de «Atar a la rata» y creo que bien merece aparecer en el próximo número de El Puro Cuento. Hernando me hizo llegar, hace poco, el primero de esa revista, y desde entonces es compañero muy grato de mis frecuentes insomnios. Lo felicito por tan loable esfuerzo editorial que, en buena hora, llena el vacío que dejaron otras revistas de cuentos desaparecidas. Pienso, por ejemplo, en El Cuento, de Edmundo Valadés, a la cual estuve suscrito hasta mediados de los ochenta. El Puro Cuento, de tan selecta y cuidadosa factura, estoy seguro que bajo su comando tendrá una existencia aún más feliz y fructífera.

 

 


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