
El gran acierto de este libro es la dimensión estética y literaria alcanzada en una materia que, debido a la naturaleza de su temática y la forma en que nos la han enseñado en la escuela, se nos impone difícil e, incluso, fastidiosa. Redacción en movimiento está muy lejos de caer en tal demérito. El que abreve en sus páginas se dará pronto cuenta de que está frente a una antología conformada por bellos fragmentos de lo mejor de la literatura universal. La única diferencia es que el lector, a través de ellos, y he aquí la argucia de su autor, aprenderá al mismo tiempo aspectos del «cultivo de la palabra» que pueden ser tan puntuales como dónde poner una coma, cómo acentuar correctamente un párrafo o cuáles son los principales vicios del lenguaje. Todo esto convierte a Redacción en movimiento en una herramienta imprescindible para todo aquel que quiera aprender a escribir bien sin perder la oportunidad, única e inaplazable, de gozar.
Rogelio Guedea
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Anónimo
Op. Cit., 9, Guatemala, mar, 2007, p. 7
Esta exquisita edición es la segunda de una obra que con los años se ha vuelto un referente indispensable para aquellos que cultivan y lidian con el idioma. En Guatemala existe una edición que también ha ganado espacio entre estudiosos y estudiantes. Así, López (Pajapita, San Marcos), residente en México, nos dice que «este libro quiere acompañar a quien la conciencia de las palabras, compartir el pensamiento de seres universales —que son únicos por la manera como han puesto una palabra delante de otra para decirnos cosas irrepetibles— y reflexionar de manera pública sobre la más pequeña y autónoma unidad de sentido, la más apasionante, evolucionada, misteriosa de las creaciones humanas: la palabra».
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Gloria Margarita Puente de la Mora
texto de presentación en el Museo Regional
de Historia del Estado de Colima, Colima, 11 abr, 2003
La eternidad y la palabra
La eternidad se entiende como el espacio imaginario donde la nada y lo posible se unen para dividirse y multiplicarse al infinito, para crecer y disminuirse, para completarse y asumir la posibilidad de que aún hay algo más en lo que ya no vemos, pero presentimos. La eternidad está hecha para construir el conocimiento. En este sentido, Carlos López nos dice: «Quien conoce, sabe, pero sólo desentrañando el significado de las palabras, aprehendiéndolas, dominándolas y poniéndolas a nuestro servicio, seremos capaces de obtener sabiduría, de comunicar, de transformar el mundo».
Recordemos que el término palabra proviene de parábola, hoy usado en el sentido de relato destinado a enseñar por analogía, y que a través de la comparación llegó a ser la palabra actual. Pero más interesante es que, a su vez, parábola significa algo arrojado cerca; así, algo dicho cae cerca de lo que se quiere decir. Nada podría indicar de manera más elocuente la dificultad de expresarnos tan pronto queremos ir más allá de la función meramente denotativa de la palabra.
En el prólogo de El libro de los seres imaginarios Borges anotó:«Imaginando la magnitud y origen del dragón, podremos descubrir la razón del universo que crece cuando encontramos las palabras para designar lo que aparece». Como Carlos López nos señala en la presentación de su obra: «El ser humano construye su vida con palabras, no puede prescindir del lenguaje. Éste es su sustancia, su persona. Cuando calla, pero siente, se comunica con el infinito; al escribir, al construir enunciados practica la inmortalidad orando».
Ya lo expresaba Nietzsche: «La riqueza de la vida se traduce por la riqueza de los gestos. Hay que aprender a considerar todo como un gesto: la longitud y la cesura de las frases, la puntuación, las respiraciones. También la elección de las palabras y la sucesión de los argumentos». Por ocuparse de todo esto y por considerar un maravilloso gesto el que ha tenido el autor al compartir con nosotros sus conocimientos y su experiencia, le expresamos nuestro profundo agradecimiento por crear Redacción en movimiento.
Para todos los que tenemos el privilegio de conocer a Carlos López no constituye una sorpresa descubrir esta obra a la que él llama «mi gramática», porque es un trabajo de investigación y análisis que le ha llevado diez años construir. En esta obra no sólo nos conduce a la propiedad del lenguaje sino que también lo hace de la mano de la teoría de la literatura y la literatura misma, ejemplificando las definiciones y, a su vez, convirtiéndola en una herramienta útil y bella.
Para los que consideramos que las palabras son todo lo que tenemos, constituye un motivo de inmensa alegría saber que ha visto la luz este libro, que para nuestra fortuna nos entrega Carlos López como parte de su valioso legado por la palabra y para la eternidad.
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Luis Montes de Oca
Noticias, Querétaro, México, 11 may, 2003, p. 7-A
Redacción en movimiento, herramienta para la palabra
Al menos 10 años llevó al escritor y poeta guatemalteco Carlos López Barrios la elaboración de su libro Redacción en movimiento. Herramientas para el cultivo de la palabra, que editado por Editorial Praxis vio luz recientemente para fortuna de todos aquellos que de una u otra forma vivimos de la palabra.
Originario de Pajapita, López Barrios radica en la ciudad de México desde hace unos 20 años, destacándose como editor, poeta, estudioso y docente, pero además como un profesional y hombre experto (Carlos) del lenguaje, concentrando entonces su conocimiento y acuciosa búsqueda en este volumen de 680 páginas, elaboradas con todo cuidado en una década.
Consta esta herramienta, indispensable para estudiantes, profesores, redactores y reporteros, de más de cien temas, con una introducción de Silvia Pratt, «El lenguaje, dimensión fecunda» y una nota del autor, Carlos López, «La palabra y sus misterios», sendos textos, una delicia para el lector.
El muy cuidado libro, que abarca desde la sílaba hasta un breve diccionario de dificultades, encierra también el pensamiento y obra de otros autores, entre ellos: Marcos E. Becerra, Julio Casares, Fernando Corripio, Gustav Flaubert, Vicente García de Diego, María Moliner, Gutierre Tibón, Sandro Cohen, Umberto Eco, Adolfo Bioy Casares, Octavio Paz, Humberto Ak’abal, Charles Baudelaire, Jorge Luis Borges, Elias Canetti, Luis Cardoza y Aragón, Julio Cortázar, Rubén Darío, Carlos Illescas, Milan Kundera y Augusto Monterroso.
Encierran estas páginas prefijos griegos y latinos, signos, raíces, abreviaturas, siglas, así como recomendaciones, usos, ejemplos; es, por ello, un auxiliar didáctico, una herramienta para el cultivo de la palabra.
Además, contiene el significado de los nombres, la doble acentuación, el queísmo, los barbarismos, los lugares comunes y todo lo que alguien que escribe debe considerar, como los vicios en la escritura y los aspectos que deben observarse al redactar.
En sí, esta obra de Carlos López, sin temor a exagerar, es un libro obligado, una rica fuente de consulta y un verdadero placer para el lector. Redacción en movimiento. Herramientas para el cultivo de la palabra, Editorial Praxis: vele y vale mucho.
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Eusebio Ruvalcaba
El Financiero, México, 13 oct, 2003, p. 75
Redacción en movimiento. Herramientas para el cultivo de la palabra, de Carlos López. Me confieso adicto a todo lo que significa el ensamblaje de la palabra escrita: desde la noble etimología hasta la erudita filología, sin dejar de lado el largo y sinuoso camino de la redacción. No puedo hablar con autoridad de lo que significa ninguna deestas vertientes —ni de la más simple redacción, insistiría—, y tal vez por esto me resultó tan grata la lectura de Redacción en movimiento... Creo que un libro de esta naturaleza habría de cumplir cuando menos tres preceptos: el de la utilidad, el del entretenimiento y el de la claridad. Que por su estructura, por el diseño de sus capítulos y sus apartados, es decir, por su concepto, le sea útil aun al lector bisoño, como lo soy yo; que por su amenidad, por cierta dosis de humor que rezumen sus páginas, acaso por la ironía de sus citas, la lectura resulte sugerente lo mismo a lectores jóvenes que maduros, y que por su precisión —sin enredos ni amasijos de varas a que son tan dados los autores de este tipo de libros— le permita convertirse en una fuente de primera mano. Desde mi punto de vista, Redacción en movimiento... reúne estas características.
Con este libro, de reciente aparición, Carlos López se sitúa de golpe en el lado pedregoso de la palabra escrita. En el de los que saben escribir.
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Silvia Pratt
prólogo a Redacción en movimiento. Herramientas para el cultivo
de la palabra || Arena, de Excelsior, México, D.F., 23 feb, 2003, p. 6-7
El lenguaje, dimensión fecunda
Hay tiempo para plantar,
y tiempo para arrancar lo plantado.
Eclesiastés 3: 2
En el principio era el Verbo, escribe San Juan en las Sagradas Escrituras. Y el Verbo es la Palabra, y habitaba en Dios antes de la creación del mundo. También encontramos este enunciado en los textos védicos, donde leemos: En elprincipio era Brahma y junto a él estaba Vāk, la Palabra. Con ella se nombró y fue nombrado el mundo y, así mismo, como un don se otorgó a los hombres, quienes a su vez designan las cosas. De ahí el poder sagrado del lenguaje. Francis Ponge nos habla del «sentido de la formulación, del Verbo. Lo que surge de ahí tiene más poder que cualquier otra cosa en el mundo: de ahí surgen la Ley y los Profetas».
Conviene precisar que para los griegos el Logos, es decir, la Palabra, no sólo se refería al lenguaje, sino a la inteligencia y al pensamiento divino. En las cosmovisiones de diversas culturas vislumbramos el mismo principio. Por ejemplo, para los bambara, la cifra Uno corresponde al Amo de la palabra y a la palabra misma; ella es la «creadora del verbo» y posee un poder fecundante. Por su parte, los indios guaraníes de Paraguay asumen el lenguaje como germen fundacional, que existía incluso antes de que Dios creara los elementos primigenios. También en América del Sur, entre los indios taulipang, una de las cinco almas del hombre puede alcanzar el otro mundo después de la muerte: la portadora de la palabra. En Nueva Caledonia, los canaca consideran la palabra como un «acto», que está en relación directa con el suceso inicial, o sea, con la voz de Dios o del tótem invocado; de ello se deriva la fuerza de las bendiciones o de las maldiciones. Interesantes resultan las concepciones de los dogon, quienes manifiestan la diferencia entre dos términos: «la palabra seca», la primigenia, considerada un atributo de Amma, el Espíritu Primero, que existe antes de la creación; y «la palabra húmeda», la cual germina en el huevo cósmico y se concede a los seres humanos; dicha palabra es luz que se interna en la tierra y ahí se materializa en forma de cobre rojo.
Así pues, independientemente de las distintas creencias y dogmas, Jean Chevalier y Alan Gheerbrant sostienen que «la palabra simboliza de modo general la manifestación de la inteligencia en el lenguaje, en la naturaleza de los seres y en la creación continua del universo; es la verdad y la luz del ser». Si bien los hombres nos comunicamos a través del lenguaje, de igual manera por medio de él nos comunicamos con la divinidad; ya que la palabra tiene un origen sacro, nos conecta con el orden divino. En este orden de ideas, el lenguaje es la tierra prometida en donde germinan las palabras. En la India, el hecho de que una palabra emerja a la realidad es el sphota, que significa abertura o brote.
Ahora bien, si En el principio era el Verbo, después fue la escritura. A ésta también se le ha conferido en diversas culturas un carácter sagrado porque es el signo visual del Verbo. En la India, por ejemplo, la deidad llamada Sarasvati, cuyo atributo es la palabra, además se considera la diosa-alfabeto y las letras se relacionan con partes del cuerpo; así mismo, existe una representación antigua de Thot, divinidad egipcia, obteniendo las letras de la imagen de los dioses. Sin embargo, Chevalier y Gheerbrant arguyen que: «a pesar de todos los esfuerzos realizados para erigirla en imagen de dios, en traducción del cosmos, e incluso para divinizarla, la escritura aparece como un sustituto degradado de la palabra. La historia de la escritura no se remonta más allá de los 6 mil años. Los grandes maestros, Sócrates, Buda, Jesucristo, no han dejado nada escrito. Simboliza una pérdida de presencia: la escritura llega cuando la palabra se retira. Es un esfuerzo para encajar el espíritu y la inspiración: queda como un símbolo de la palabra ausente». Terrible sentencia. Estamos condenados a este extravío y quizás la escritura habla precisamente para llenar esa oquedad.
Hieroglifos, ideogramas, grupos de signos gráficos, alfabetos, todo ello ha servido para que los hombres dejen un testimonio palpable de su tránsito por el mundo y de sus esfuerzos por llenar la ausencia de la palabra. Inscripciones funerarias, máximas, aforismos, obras literarias: he ahí el legado del lenguaje escrito, he ahí la tinta, he ahí la mano del hombre, el misterio de la letra. Pero ¿qué hacer para plasmar en el papel el espíritu del idioma? ¿Cómo fundirlo con la voz interna de quien escribe? ¿Cómo lograr una escritura «ideal» que traduzca el pensamiento? En pocas palabras, ¿cómo escribir con claridad y precisión justamente aquello que pretende decirse?
Consciente de estas inquietudes, el poeta, escritor y editor Carlos López publica Redacción enmovimiento. Herramientas para el cultivo de las palabras. Quizás con este libro los lectores puedan resolver las interrogantes planteadas. El autor sabe lo difícil que es «el arte de escribir» para mucha gente, que incluso hay escritores que redactan de manera descuidada o cuya expresión es deficiente, o peor aún: hay quienes se olvidan del poder y la función que tiene la palabra, de su carácter sagrado y de sus orígenes, y aun así escriben. En su doble oficio de escritor y gramático, Carlos López se basa en la norma del español estándar o de la lengua general culta, como la llama Manuel Seco, y apela al modelo literario. Propone normas para orientar, no cadenas que inmovilicen la lengua; sugiere, mas no se aferra a una preceptiva que petrifique el idioma; nos enseña a practicar ciertos usos y, pendiente de la evolución del lenguaje, aconseja sobre determinadas formas que son adecuadas en el momento presente. Entre sus objetivos se encuentran: afirmar la conciencia lingüística y fortalecer la sensibilidad hacia la escritura. El libro está estructurado con la minuciosidad característica del autor; analiza desde una coma, que puede cambiar el sentido de un enunciado, hasta llegar a la más compleja construcción gramatical. Es, por consiguiente, una herramienta necesaria para estudiantes, maestros, escritores y para quienes deseen adentrarse en estos territorios. Ya era tiempo de que esta obra viera la luz.
Para el autor, el lenguaje es la dimensión fecunda de donde emergen las palabras; por ello, comparo este libro con la actividad sagrada de la labranza, que se lleva a cabo para que la tierra pueda cultivarse. Vendimia, ceremonial, ciclo agrícola dador del alimento tan importante para sostenernos. El Logos mismo, materia y espíritu revelándose en la expresión de la escritura. Conviene recordar que en la China antigua se hacía una fiesta con motivo del «primer surco»; incluso hoy se realizan celebraciones similares en el seno de algunas culturas. Y la palabra escrita, justamente, representa el germen, la raíz de la cultura. Hay que festejar la aparición de este volumen, que será sumamente útil para quienesaman las palabras, como reza la dedicatoria del autor.
Carlos López, conocedor del carácter fundacional del Logos y estudioso del lenguaje, abona la tierra, la remueve con aperos, abre surcos, prepara los barbechos, arroja la simiente y cultiva las palabras. Se dice que Isidoro, arzobispo de Sevilla y doctor de la Iglesia, autor de la portentosa Enciclopedia en veinte volúmenes, equiparaba el arado con el estilete; se refería al trazado de las líneas de los primeros escritores y lo comparaba con los surcos que hacían los labradores. De ahí que la página en blanco se relacionara con un campo virgen, sin arar. Carlos López nos ofrece herramientas precisas para que nuestro lenguaje sea terreno fértil y la escritura fructifique en el papel. Recordemos los versos de Octavio Paz:
Palabra, voz exacta
y sin embargo equívoca;
obscura y luminosa;
herida y fuente: espejo;
espejo y resplandor;
resplandor y puñal,
vivo puñal amado,
ya no puñal, sí mano suave: fruto.
No es casual que este volumen aparezca ahora que nombramos un nuevo siglo, cuando pretendemos otorgar de nuevo su poder sagrado a la Palabra. Carlos López comparte con nosotros sus conocimientos y su vasta experiencia con el lenguaje, nos invita a la escritura, nos hace partícipes de la siembra y la cosecha. Y a nosotros corresponde celebrar la fiesta, compartir este ritual.
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Rubén Carrillo Ruiz
El Comentario, Colima, México, 17 mar, 2003, p. 2 y 6. Magna Terra, 20,
Guatemala, mar-abr, 2003, p. 60-61
El surco de la palabra. Libro de Carlos López
A Carlos López acomoda la afirmación de que es el más mexicano de los guatemaltecos entre nosotros. Cierto, alguien dijo lo anterior para Luis Cardoza y Aragón, aplicable en Augusto Monterroso, pero muy firme en el director de Editorial Praxis, sin temor a duda (y la hipérbole la asumo) albacea de varias generaciones que han asumido a México como su sitio creativo y le han devuelto al país no sólo el agradecimiento estructural, sino una obra enriquecedora de la condición humana.
De hablar casi etéreo, lo que Carlos López edificó en Colima no observó estremecimiento alguno por el temblor de enero. Es mecenas de varias generaciones de escritores, huéspedes de su magnífico trabajo como editor de la mejor cepa. En Carlos López hay un retorno al significado original de la solidaridad y su libro Redacción en movimiento. Herramientas para el cultivo de la palabra es un acontecimiento impreso.
Antes de su estampa, Carlos López me dejó en disquete un avance del libro que reseño. El contenido lo he aplicado en más de 150 cursos de redacción porque reúne una experiencia estética del autor, cercana a un quehacer que enarbola integralmente: no disocia el ejercicio de la palabra con la práctica de la amistad.
He adquirido su libro de 680 páginas porque colaboro directamente a una causa. Y está disponible en el restaurante Ah, Qué Nanishe. Es un gol como los de Hugo Sánchez al Logroñés o al infausto Lavolpe en el Atlante: en despoblado, porque así quedó una gran parte de nuestra capital. Y Carlos López ha destinado su volumen a estos fines.
En los últimos veinte años he leído muchísimos manuales de redacción. Consulto habitualmente en la red los sitios del español, a los columnistas de varios periódicos y revistas latinoamericanos. Estoy en frecuente cercanía con personas de toda laya interesadas en el idioma y no exageraría si consigno que Carlos López ha escrito, didáctica y emocionadamente, un texto luminoso porque sugiere, a partir del propio lenguaje, su aprendizaje. Abre cauces. En eso estriban las posibilidades del libro.
«En su doble oficio de escritor y gramático, Carlos López se basa en la norma del español estándar o de la lengua general culta [...] y apela al modelo literario. Propone normas para orientar, no cadenas que inmovilicen la lengua; sugiere, mas no se aferra a una preceptiva que petrifique el idioma; nos enseña a practicar ciertos usos y, pendiente de la evolución del lenguaje, aconseja sobre determinadas formas que son adecuadas en el momento presente», prologa Silvia Pratt.
La prologuista dice que para el autor el lenguaje es la dimensión fecunda de donde emergen las palabras. Y compara el libro «con la actividad sagrada de la labranza [...], pues Carlos López, conocedor del carácter fundacional del Logos y estudioso del lenguaje, abona la tierra, la remueve con aperos, abre surcos, prepara los barbechos, arroja la simiente y cultiva las palabras».
Yo aprecio el desenfado, no exento de rigor y profundidad, de Redacción en movimiento, ya que caracteriza la dinámica intrínseca, de cambio permanente, en los conceptos y las ideas, «pues conocer el alma de las palabras, chispa, espíritu, su sagrario, despierta la pasión por el origen del ser. Amar el lenguaje es el acto más religioso del ser humano».
«Hay quienes no sólo utilizan las palabras, viven por ellas; su casa es el lenguaje; éste es su fin, no un medio o una herramienta. Cuando alguien concibe el lenguaje como la única posibilidad de nombrar, ordenar, crear pone de testigos el cielo y la tierra aun cuando balbucea en soledad», dice Carlos López en las páginas iniciales.
Desprecio los libros de autoayuda psicológicos porque prometen el cielo, el mar y las estrellas. Es decir, son falsarios. El libro de Carlos López es catártico, porque uno se encuentra con la historia y el proceso fraguado de la vida a través de las palabras. Yo le deseo que, al menos entre nosotros, sea un best-seller, porque acerca el cielo, el mar y las estrellas.
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Rubén Carrillo Ruiz
Diario de Colima, Colima, 17 abr, 2003, p. 2-A
REDACCIÓN EN MOVIMIENTO , EXCITACIÓN DEL LENGUAJE. LA EMERGENCIA
DE LA LECTURA Y LA LECTURA EN EMERGENCIA
Leer, leer, leer
Leer, leer, leer, vivir la vida
que otros soñaron.
Leer, leer, leer, el alma olvida
las cosas que pasaron.
Se quedan las que se quedan, las ficciones,
las flores de la pluma,
las olas, las humanas emociones,
el poso de la espuma.
Leer, leer, leer, ¿seré lectura
mañana también yo?
¿Seré mi creador, mi criatura,
seré lo que pasó?
Miguel de Unamuno
Necesaria explicación
El viernes pasado, con la estridencia de un concierto de rock paralelo a la presentación de un libro sobre la redacción, leí las siguientes palabras que a la postre fueron discutidas ampliamente por una veintena de asistentes. La polémica y el debate amplios, rigurosos, son los ingredientes faltantes en la vida pública en Colima. La discusión, por ejemplo, de la cultura es responsabilidad no sólo de las autoridades respectivas, sino de quienes somos usufructuarios, además de los creadores. El libro Redacción en movimiento dejó en mí una simiente para analizar, desde la perspectiva del lenguaje, el fenómeno de la lectura. Mis conceptos los publico en la inteligencia de que cumplo mi afirmación de esa noche: la urgente necesidad de opinar acerca del rumbo de una moda inaceptable: la lectura, hábito perenne, domicilio para el conocimiento.
La más eficaz y rentable herramienta
Redacción en movimiento, de Carlos López, es una contribución directa a la opinión de Camilo José Cela: la lengua es la más eficaz de todas las armas y la más rentable de todas las inversiones.
El libro manifiesta desnuda una característica sobresaliente en nuestros tiempos sombríos: la prodigalidad del lenguaje, habitante de un autor que acerca que acerca su mundo y comparte derrochadoramente, desde su visión de poeta y editor, los caminos más fértiles de una lengua mal enseñada y peor aprendida en el sistema escolar mexicano. Porque a todos debería importarnos el idioma. No sólo su preservación y buen uso con rigor flexible, alejado de posiciones y criterios casticistas, que sólo han atrasado el reconocimiento de su aplicación. Es tan importante y serio el lenguaje como para dejárselo a los medios de comunicación y a los políticos, y que ambos, coludidos, dicten, muchas veces con pleno desconocimiento, los rumbos conceptuales de las palabras.
La aventura de escribir
Nuestro escasamente leído Alfonso Reyes estableció que el esfuerzo mental que uno dedica a la escritura se traslada al lector. De ser así, Carlos López nos envía muchísimas líneas emocionadas porque su estructura rebosa tales sentimientos. Es como Winston Churchill cuando éste menciona que escribir un libro es una aventura. Se empieza como si fuera un juguete, divirtiéndose. Después se convierte en amante. Pasa seguidamente a ser un amo y finalmente, un tirano. En la última fase se reconcilia uno con la servidumbre, mata al monstruo y se lo ofrece al público.
Cuando se es profesor del idioma la pregunta del millón de pesos es cómo lograr interesar en la lectura a niños y jóvenes, pues resulta insuficiente debatir la culpa del sistema escolar mexicano y la exigua cultura de muchos docentes, aspectos que ahuyentan este hábito formativo, tan benéfico para la adquisición global del conocimiento.
Huellas de Mempo Giardinelli
Toda proporción y similitudes guardadas, Mempo Giardinelli leyó hace un año, en la Feria del Libro de Buenos Aires, una ponencia de reciedumbre conceptual, en la cual definió a la lectura como una forma de resistencia cultural. Una buena novela de Julio Verne, una de Puig, de Yourcenar o de Soriano marcarán siempre senderos de salud mental. Un poema de Orozco o de Gelman siempre cauterizarán las heridas del alma, las llagas de los necios. Un ensayo de Kovadoff o de Sarlo, un cuento de Blaisten o de Cabal, o del inolvidable Cortázar, siempre nos salvarán de la pobreza. Como cualquier diccionario, por modesto que sea, porque un diccionario es como un bolsillo lleno de oro y a la mano.
Necesaria amistad
Y recomienda que los maestros deberían volver a esa amistad. ¡Ah, cómo me gustaría que los maestros se preocuparan más por el diccionario que tienen y por los libros y los diarios que leer, que por puntajes y presentismos! Porque de una vez hay que sacudirse las dictaduras de los burócratas y de los sindicalistas. Y porque más allá de la perversidad del sistema y de esta crisis maldita que padecemos, y que nos enfurece y agobia, la primera misión del maestro es estar por encima de la circunstancia; el maestro tiene la obligación de saber mirar más allá y por encima del momento presente, aunque el presente lo desespere. El maestro no debe quedarse en el instante, sino que tiene la obligación de pensar en el futuro, del que es custodio. El maestro jamás debe contribuir al pánico general; al contrario, debe contribuir a calmar los ánimos. El maestro debe trabajar por la razón y no fogonear la confusión. Y para la razón y el entendimiento, para aclarar y orientar, para están los libros.
La universidad está para enseñar a pensar
La universidad no está para dar salidas laborales, la universidad está para enseñar a pensar, para el conocimiento y el saber universal, para indagar el mundo y discutirlo. No para que preparemos futuros empleados idóneos para las empresas del sistema global.
Hay que plantarse en lo logrado y defenderlo a rajacincha, y aún más: hay que exigir que la universidad pública y gratuita sea el bastión de la resistencia cultural, para lo cual es urgente y tarea de todos exigir que se acaben los ajustes, a la vez que se profundicen valores esenciales como la gratuidad de la enseñanza en todos los niveles. Es el único camino para seguir siendo una nación: mantener una educación solidaria, igualadora, no racista, no clasista y que enseñe a pensar y a cuestionar. Debe anteponerse el principio del interés educativo por sobre los intereses sindicales, magisteriales, políticos o financieros.
El vicio maldito de la no lectura
Esto es fundamental, y no se piense, por favor, que esto no tiene que ver con la lectura... Porque en el contexto el problema es que se lee poco, cada vez menos, y que quienes ejercen el poder son decididamente pésimos lectores y, por ende, muy ignorantes, y aunque la mayoría puedan ser profesionales con estudios universitarios es obvio que se embrutecieron con los años y tanto pragmatismo. Este vicio maldito de la no lectura es lo que echa a perder todas las posibilidades de la modernidad. Es lo que dificulta los cambios y fortalece la improvisación. Y arraiga la necedad en los ignorantes. No es inocente esta reflexión sobre los resultados destructivos de la fobia a la lectura. Y la razón de ello reside, en gran medida, en el hecho de que dejamos de ser un pueblo lector. Dejamos de ser una nación entregada a la maravillosa curiosidad del conocimiento. El campo educativo es el que menos ha importado a los sucesivos gobiernos y es el sector al que más se castigó. Hemos perdido esa costumbre de la libertad y la inteligencia. Leer como trabajo intelectual: entendiendo, interpretando. Eso es lo que necesitamos. Porque vivimos en un mundo en el que los signos ya no están solamente escritos; están en movimiento y lo zarandean todo. Hoy la televisión e internet imponen discursos muchas veces difíciles de entender, o sospechosamente demasiado fáciles. Y casi siempre, autoritarios y embrutecedores. Debemos recuperar la lectura de diarios en las escuelas, debemos volver a los libros, que son nuestro amigo más fiel, el único que supera al perro porque ni siquiera nos exige alimentos a cambio. El libro solamente nos da. El libro es nutricio y generoso como una madre. Sólo los estúpidos no lo entienden, igual que los que no leen por necios, por empecinados en la ignorancia, por pobres de alma. Como suelen ser los corruptos, los venales. Es menester, urgente, que la lectura vuelva a ser una preocupación central de la sociedad. Se trata de restablecer la amistad superior entre la inteligencia y el libro. De recuperar el amor y el buen trato a nuestra lengua. De remozar las viejas cortesías elementales (decir gracias, pedir por favor, prescindir de la grosería como estilo coloquial). Para que seamos conscientes de lo que dice y se lance a corregir las ferocidades de este tiempo de depredación educativa que se vive en las calles, las familias e incluso en las escuelas.
Ardor, pasión, fogosidad, provocación
Por lo anterior, hay que sustituir la mercadotécnica palabra fomento de un fenómeno tan plural como la lectura. Existen mejores sinónimos, más precisos: como excitación, avivamiento, pasión, fogosidad, ardor, provocación, y no el vocablo exangüe de la publicidad.
El ardor por la lectura no debe ser moda, sino función perenne de las instituciones difusoras del conocimiento. Pero tales esfuerzos no tendrán impacto duradero si inexiste un programa que contemple la capacitación permanente de los periodistas y responsables de los talleres respectivos en las escuelas.
Lo idóneo consiste en leer, platicar y escribir. Ya decía Francis Bacon: «La lectura produce personas completas; la conversación, personas dispuestas y la escritura, personas precisas». Desgraciadamente, muchosdocentes forman parte de la estadística nacional de quienes apenas leen un libro al año, pergeñan sus ideas con tachas ortográficas y, por lo tanto, cumplen el imperativo de enseñar con manuales. Así analizado, el mal denominado fomento a la lectura es una actividad en la cima: es decir, chiflidos en la loma.
Lastima el escaso valor otorgado al lenguaje. Se cimenta la moda con un avivamiento a la lectura que conduce únicamente a actos vacíos, más de proselitismo ideológico que de profundidad cultural. Desde la docencia existe enorme responsabilidad en la tarea de estimular a los jóvenes por el provecho temprano del hábito lector.
La lectura contribuye a la esperanza de un país
Para no claudicar en este esfuerzo, el texto Redacción en movimiento es una saludable contribución porque registra el aliento nuestro, revisado con el escrutinio de un editor que ha entregado a este país casi un cuarto de siglo de su vida y convicciones.
Carlos López sabe que la lectura contribuye a la esperanza de un país en transición, crisis o bonanza económica y espiritual, características no siempre coincidentes. Tal aserto es falso en México. Ni con la actual coyuntura política el índice lector se incrementa por razones obvias: más del 60% de nuestros compatriotas (como decía el infausto Salinas de Gortari) vive, piensa y sufre en la pobreza. Y en tales condiciones, sumadas a la escolaridad en descenso, es válido primero comer que ser cristiano.
La conversación con los libros
El establecimiento de un programa que provoque la lectura es reto permanente. Implica una actitud comprometida en todos los niveles educativos, conscientes del poder transformador del libro, que a veces naufraga en un país como el nuestro, donde los presupuestos apuntan a direcciones incorrectas o son insuficientes. La lectura tiene enemigos naturales. El primero, una falla estructural de todo el sistema educativo, privado y público, para acercar las manifestaciones estéticas a los alumnos. Junto a este problema existe la competencia de una oferta audiovisual que constriñe el gusto por los libros. Lo anterior origina que México esté en lugares deprimentes respecto al número de volúmenes leídos. No llegamos ni a la mitad de uno solo. Países americanos con menos recursos que nuestro país rebasan ampliamente los indicadores nacionales. Pero no hay que lamentarse únicamente, sino emprender tareas para estimular y no inhibir una de las experiencias vitales más fecundas: la conversación con los libros.
Hasta en hojas volanderas
Muchas clasificaciones operan respecto a la lectura. En caso de torbellino cuáles libros serían compañía en la isla desierta; si es válido leerlos de pie o sentados (Vasconcelos dixit); o seguir las instrucciones para gozar los renglones en el retrete, como recomienda Miller en sus memorias. Para mí la definición más placentera es cervantina: leer hasta en las hojas volanderas.
No es necesaria la ocurrencia de un fenómeno que desestabilice para prescindir de la lectura. Los temblores deben radicarse en la emoción; los sustos en las tramas; las sorpresas en los finales; los miedos en los antagonistas; las esperanzas en quienes delineen voluntades de futuro. Esa es la lectura: goce infinito, conmoción decuplicada.
Lectura y destino
Jorges Luis Borges, cuyo destino se confunde con la lectura, afirmó alguna vez que es imprescindible experimentar el peso gravitacional de los libros para quererlos. En la actualidad existen otros caminos, como la proximidad virtual, pero el aserto del argentino es sabio.
Una pésima ortografía resulta del alejamiento de los volúmenes. He citado a Borges cuya lectura para mí es ejemplo perenne. No es la imagen del viejecito perdido en el laberinto de una biblioteca, guiado por un bastón. Tampoco su espléndida literatura, menos su cosmopolitismo bonaerense. Sino las sugerencias a sus estudiantes: «Yo les aconsejaría a los posibles lectores de mi testamento, que no pienso escribir, que eligieran mucho, que no se dejaran asustar por la reputación de los autores, que leyeran buscando una felicidad personal, un goce personal, que es el único modo de leer; si no, caeremos en la tristeza de las bibliografías, de la cita, de fulano, luego un paréntesis, luego dos fechas separadas por un guión, y luego, por ejemplo, una lista de críticos que han escrito sobre ese autor. Y eso es una desdicha. Yo nunca les di bibliografía a mis alumnos, les dije: no, no lean nada de lo que se ha escrito sobre fulano de tal. Shakespeare no leyó nunca una línea escrita sobre él y escribió la obra de Shakespeare…. Es decir, yo aconsejaría ante todo la lectura, y la lectura hedónica, la lectura del placer, no la triste lectura universitaria hecha de referencias, de citas, de fichas… Yo tengo un orgullo, uno de los pocos de mi vida: no hice jamás una pregunta a mis estudiantes. En cambio, hay profesores muy torpes que hacen preguntas porque no saben tomar examen».
Termino con mi autor de cabecera, Groucho Marx: «Yo encuentro la televisión bastante educativa. Cuando alguien la enciende en casa, me marcho a otra habitación y leo un buen libro». Ese libro es Redacción en movimiento, de Carlos López.
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Guillermo Fernández
4ª de forros de Redacción en movimiento, 3ª ed., Editorial Costa Rica, 2004
La redacción —se ha dicho— es un arte que requiere oficio, conocimiento del idioma y excelentes lecturas que sirvan como modelos a quienes pretendan comunicar ideas, emociones, puntos de vista. No darnos a entender (no informar ni persuadir adecuadamente) en un medio donde es crucial hacerlo, comporta un fracaso de alguna manera.
Muchos manuales de redacción salen al mercado con el afán de asistir a los redactores en la tarea de ser más eficientes en su labor cotidiana, ya que no es menudo el problema que la incorrecta escritura produce en la comunicación de hoy día y la preocupación que ésta despierta en el campus, el colegio, el centro laboral, el medio literario o periodístico. Sin embargo, por más que proliferen los manuales sobre el tema, el hablante es reacio a la provocación de una preceptiva.
Carlos López, más con la visión del creador que la del lingüista —o una mezcla afortunada de ambas—, ensaya en este libro un ágape con la palabra y nos concede un atractivo compendio de casos gramaticales, con textos tan bien seleccionados que no sólo sirven de segmentos ilustrativos sino también de inspiración. Además, el autor se compenetra en la lengua viva, y apuesta por un análisis que integra la expresión criolla y el rico giro regional. Por tal motivo, es fácil perder de vista que estamos ante una gramática como la conocemos.
Para el redactor de todas las áreas, Redacción en movimiento es un libro del que se puede enamorar fácilmente. Actualiza el conocimiento, invita a la reflexión sobre la lengua, modifica el prejuicio del estudiante hacia el estudio de nuestro idioma, guía al docente, estimula al escritor y le brinda herramientas sencillas al técnico. Redacción en movimiento no es gramática de rutina. Más bien, posee el encanto de las buenas obras literarias, lo cual es un mérito significativo para el autor.
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Rogelio Guedea
El Informador, Guadalajara, Jalisco, México, 16 mar, 2003, p. 32
Cartas virtuales III
Para Carlos López
Recibí, amigo, tu Redacción en movimiento. Herramientas para el cultivo de la palabra, que tuviste la confianza de enviarme incluso antes de que viera la luz y que, recuerdo, leí con la curiosidad de un niño. Ahora que lo veo publicado y que empiezo a releerlo no es menos el deleite que siento. Mi afición por los diccionarios, por los manuales de estilo, por las gramáticas, por los cursos de redacción (Rogelio dice que lo dice aunque se oiga pedante, que no es así) me han dado conocimiento y agudeza, pero tu Redacción en movimiento me ha otorgado algo indispensable que, hasta ahora, no había hallado en otros libros de la misma sangre: placer. Las citas que utilizas para cada ejemplo es lo que hace entrañable y genuina tu Redacción, porque en ellas va impresa tu vocación de poeta, de editor y porque en ellas también puede apreciarse la profunda pasión que sientes por el lenguaje y la palabra. Así, de quererlo, uno puede caprichosamente detenerse sólo en las citas evocadas, degustarlas y avanzar o retroceder en ellas, porque ellas mismas constituyen un alma más dentro del mismo libro.
Te lo advierto, ese lirismo quizá te lo escupa el vulgo, te lo desapruebe el académico, te lo vitupere el erudito, te lo deturpe el que sabe (risas), pero yo, amigo, que no soy nada y sin embargo me gusta ver el mar, te lo celebro y te lo canto, porque cantar —como tú sabes— es otro amor distinto.
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Francisco Alejandro Méndez, Prensa Libre, Guatemala, 2005
El perfecto ordenamiento de las palabras
Una de las atinadas publicaciones de la editorial Magna Terra es la que en el campo de la gramática lleva como título Redacción en movimiento. Herramientas para el cultivo de la palabra, dividida en dos tomos y firmada por el poeta y editor guatemalteco Carlos López.
El texto, además de ser adecuado para estudiantes, es para todos aquellos que deseen mejorar su estilo, puntuación y precisión para escribir. La experiencia transmitida por López, quien creó en México la Editorial Praxis, con la que ha publicado decenas de títulos, crea en el lector un efecto positivo, pues de inmediato quien lo enfrenta se da a la tarea de esmerarse por escribir mejor. Sin embargo, el libro ofrece las respuestas del idioma tanto para los especialistas como para aquellos escritores que aún no conservan en su diccionario la palabra gramática o la correcta redacción.
El autor se basa en un modelo literario para plantear propuestas correctas sobre redacción y gramática, por lo que se nota en el libro la dedicación y la minuciosa tarea de fichaje que realizó el gramático. Por ejemplo, cuando López habla de las interjecciones, es decir, «las que expresan reacciones súbitas, impresiones inmediatas, respuestas rápidas, estados de ánimo...», enseguida las pone en boca de uno de los grandes pensadores de la actualidad: «Al respecto, Cioran escribió: "¡No poder volver a la época en que ningún vocablo estorbaba a los seres, al laconismo de la interjección, al paraíso del alejamiento, al estupor gozoso anterior a los idiomas!"».
Ambos tomos están divididos en pequeños apartados en los que a través de los ejemplos realiza un ordenamiento lógico para adentrarse al mundo del perfecto ordenamiento de las palabras.
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