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Las pausas concretas
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Las pausas concretas

( Roberto Ramírez Bravo )
$160.00


Viñeta

Las pausas concretas, o la reivindicación de la palabra

 

Espero hacer justicia a la novela de Roberto Ramírez Bravo, Las pausas concretas, porque es extraordinariamente compleja, en el mejor de los sentidos; es una novela que yo definiría como laberíntica, en el sentido de que nos va perdiendo por un camino hasta que rencontramos la pista de la historia, retomamos un sendero y luego volvemos a entrar de manera insospechada en otro mundo.

Una de las ideas más interesantes de la novela es que nosotros, ya avanzada la trama, nos damos cuenta de que hay un grupo de escritores en Acapulco que están escribiendo una novela común; ellos son los autores potenciales, y es importante decir potenciales de esta novela, porque van a presentar una obra en un concurso literario. No tienen tiempo de escribir una novela cada uno de ellos, entonces deciden hacer una novela colectiva con premura, pero también porque tienen un interés un tanto oportunista en la literatura, y es el de escribir rápidamente una novela para situarse en la vida cultural de Acapulco y obtener un puesto en el gobierno que está por cambiar. O sea que en realidad es una picaresca. Ellos están tratando de tener chamba política a partir del prestigio que puede dar la novela. El elemento crítico en este tipo de escritores que se reúnen en torno al taller es una bohemia agradable, pero en realidad ellos lo que quieren es otra cosa: causar una cierta notoriedad y a partir de ésta, capitalizarla en una serie de puestos durante la siguiente administración.

Nosotros nos enteramos de esto avanzada la trama: ellos son los posibles autores de lo que estamos leyendo porque cada uno de ellos se ha repartido una historia y nosotros vamos leyendo historias diversas. Pero la novela no comienza así. Comienza con la historia de Atalo. Es una especie de situación de muerte en vida, es alguien que parece que ya jugó sus últimas cartas, se siente en un limbo, se siente fuera de su realidad habitual, y de repente, a partir de los recuerdos que tiene y de encuentros que vive, puede seguir viviendo de otra manera. La historia de Atalo es una historia sumamente interesante, porque tiene que ver con el tema de cómo surge una historia de ficción. Él es testigo de diversas situaciones: la represión política en el estado de Guerrero, la desaparición de gente que aprecia y al mismo tiempo en la figura de su ahijada María Soledad, él obtiene la oportunidad de reinventar la realidad ya no a partir de una lucha política, de una protesta que ha sido salvajemente reprimida sino a través de la narración. En este caso, se trata de una narración adivinatoria, de alguien que cuenta historias que tienen la virtud de volverse reales una vez que son dichas. Entonces estamos ante un acto que me parece que resume, es una metáfora del compromiso del escritor ante una realidad adversa: la gente ha sido reprimida en esa realidad, el sueño de un México democrático, plural, incluyente, ha sido salvajemente reprimido. ¿Cómo podemos nosotros sobreponernos a eso? Parecería decir Roberto Ramírez: a partir del hecho de contar historias, a partir de buscar profecías que cambien la realidad, comenzando por las palabras. Dentro de las historias que aparecen aquí hay algunas sumamente singulares que recuerdan a las noticias más extravagantes que de tanto en tanto leemos. Por ejemplo, la aparición de un ovni. Es un ovni que aparece cerca de Acapulco, va a ser visitado como una curiosidad, no se sabe absolutamente nada de él, se crea una pequeña industria turística del exotismo extraterrestre para poder ir a ver al ovni, luego éste se empieza a oxidar, a ser abandonado y es sustituido por otro tipo de curiosidades.

Al estar leyendo esta novela, tuve varias asociaciones literarias. Por un lado, cuando estamos nosotros viendo la capacidad de reinventar la realidad de María Soledad con las historias que cuenta, aparecen elementos como las mariposas, que recuerdan a García Márquez, y una sospechosísima proliferación de conejos, como en el cuento de Cortázar «Carta a una señorita en París». Parecería que Roberto nos está haciendo también guiños literarios, porque las cosas que se están reinventando pertenecen ya a un inconsciente colectivo que transforma la realidad.

Yo diría que hay aquí un elemento de reivindicación política de la palabra, y me parece que es cercano a lo que hemos podido vivir desde el 1 de enero de 1994 con el levantamiento zapatista, en donde nosotros vemos que hay una nueva cultura política que utiliza la palabra como un instrumento para transformar la realidad y que incorpora a un lenguaje cotidiano las profecías del diario, elementos que pueden venir de la literatura, de García Márquez, de Cortázar o de leyendas tradicionales. Hay aquí también en este libro un uso de las leyendas.

Lo que están buscando los personajes es sobrevivir a través de las historias. Y cada uno de esos personajes tiene distintas vidas. Creo que lo que postula Roberto es que no somos una sola persona a lo largo de nuestra vida, ni habitamos un solo destino. Narra Atalo su historia de amor con su mujer que muere. Cómo la quiso desesperadamente, cómo pensó que sin ella no podría vivir, cómo cae en un limbo. Y luego, de manera totalmente inesperada, viene en él un renacimiento amoroso. Se trata en esta novela de plantear que el destino es algo donde siempre hay un elemento de amenaza, de muerte latente, de resistencia posible y de resurrección. Recordé a Onetti en La vida breve, donde dice precisamente que cada uno de nosotros lleva muchas vidas breves. Si sabemos entender nuestro destino, no es algo unitario, sino que hemos vivido episodios de tal felicidad que es como si en una vida hubiéramos vivido muchas. Es lo que entendemos en esta novela, que hay un elemento de vitalidad que va más allá de cada uno de los episodios que vivimos. Hay algo que nos trasciende y que regresa a través de otras personas.

Tema fundamental es la desaparición por una muerte inesperada o injusta o por la represión que se vivió en Guerrero. Estas desapariciones sólo pueden ser compensadas por las apariciones, y los aparecidos surgen muchos de ellos de la literatura, de la ficción.

Una de las cosas más interesantes y más arriesgadas dentro de esta urdimbre tan compleja es: ¿quién escribe la novela? En la página 52 resulta que hay un taller que está haciendo una novela colectiva, una novela coral, la historia de todos, y luego aparecen las profecías, las historias que se vuelven realidad de María Soledad, y uno piensa que posiblemente es ella quien está inventando toda la realidad que está siendo narrada, incluida la del grupo de narradores colectivos que probablemente tienen el deseo de hacer esa novela, pero probablemente no tienen la destreza para narrarla como está, de modo que es una historia que se muerde la cola, y nosotros nos preguntamos: ¿quién está contando?

Se da una situación bastante parecida a la de Pedro Páramo, en el sentido de que tiene varios paralelismos con la novela de Juan Rulfo. Pedro Páramo, como ustedes saben, es una historia de aparecidos y desaparecidos; son personas como Atalo se postula al principio, que parecen estar viviendo en el limbo, muertos en vida. En Pedro Páramo, Juan Preciado, el protagonista, aparece en la novela, llega siguiendo la imagen de su padre al pueblo de Comala, donde le había dicho su madre que estaba. Buscándolo, se adentra en Comala; de pronto descubre que está rodeado de aparecidos y muere ahí por la página 70, y la novela continúa. Ya se murió el narrador de la novela, que la estaba contando en primera persona; sin embargo, la novela sigue. ¿Quiénes hablan? Las voces de todos, las ánimas.

Lo mismo pasa en Las pausas concretas; uno tiene una sensación de extrañeza por decir:  todas estas historias prodigiosas que se están mezclando, ¿de dónde vienen, quién las está contando, cómo se produjeron? Entonces es como si hubiera un relato colectivo que resiste más allá de los desastres de la fatalidad de la muerte, de la represión, para mantener una esperanza viva, y ahí la última narradora pudiera ser la mujer que convierte en realidad sus palabras —incluida en esa realidad la de los narradores colectivos—, o sea ella también es un personaje de los narradores. Ahí estamos en una incertidumbre que es muy interesante, porque es como la segunda parte del Quijote, donde los protagonistas comentan la primera parte. O sea, ya son lectores de la novela que están protagonizando y están actuando en consecuencia.

Hay en la novela cosas que yo disfruté muchísimo: la descripción muy sensual del paisaje, de la luz; es una novela donde el escenario se puede oler, palpar, donde cada uno de los cuadros que la integran están descritos con una intensidad de lo realmente vivido y sentido. En ese sentido, es una novela que tiene un clima muy concreto. También, es un retrato de Acapulco, una ciudad que nosotros conocemos sólo por estereotipos.

Recuerdo las extraordinarias crónicas de Ricardo Garibay sobre Acapulco. De este puerto conocemos que es un lugar turístico —y la miseria que también ha acompañado ese esplender turístico—, pero aquí es un mundo mucho más complejo, es un mundo urbano y rural al mismo tiempo; está la presencia de la naturaleza, que siempre es dominante, y que más allá del colectivo, muy humana, resurge y marca una diferencia. Está la presencia del mar, por supuesto, pero también de la selva, de la vegetación, de las lluvias torrenciales, todo esto muy logrado. Y al mismo tiempo está el Acapulco urbano, nunca descrito con clave turística, no se describe —y eso me parece muy interesante— ninguno de los lugares que conocemos como tarjetas postales. Es un Acapulco que se resiste a ser tarjeta postal; es un Acapulco vivo, extraordinariamente interesante para mí, y eso está muy presente en esta novela.

Yo celebro la valentía. Quizás sólo alguien que tiene tanta experiencia periodística, que conoce tan en detalle la realidad, se atreve a ser tan desaforadamente imaginario. Es una lección que se le puede aprender a García Márquez, pero hay que tener el talento de Roberto Ramírez Bravo para ejecutarlo: conocer tan bien la realidad, practicar la realidad en las crónicas y luego a partir de esa realidad urdir esas historias donde aparece una sobrepoblación de conejos, donde aparece un platillo volador que no se sabe de dónde vino, está sellado; donde los que parecía que iban a morir encuentran una oportunidad de amar, de resistir, y al mismo tiempo de descripciones muy minuciosas; por ejemplo, del miedo, del pavor que tiene un fugitivo que está siendo buscado y a quien van a matar.

Estas situaciones reflexivas están perfectamente narradas en clave realista. Esa combinación entre lo más preciso del realismo con la imaginación más rica, nos lleva, en el caso de Roberto Ramírez Bravo, a una ética de la narración, o sea, cómo la realidad cruda, represiva, que causa miedo, pánico, dolor, la muerte que se tiene que enfrentar, sean narradas en esta clave tan detalladamente realista y lo que niega eso, lo que lo supera, lo que lo trasciende, es la imaginación poética, que tiene una fuerza política. O sea, la capacidad de transformar la realidad a través de la palabra. Entonces esos dos elementos o dos tonos narrativos que combina Roberto me parece que nos dan una lección de cuál debe ser la fuerza política de la literatura, y no lo digo en un sentido de ideologizar la literatura, sino en un sentido del valor como metáfora de la realidad que tiene la literatura; esa fuerza de las obras que nos indignan, y que superamos a través de la belleza de la escritura.

Por todo lo que llevo dicho, ustedes comprenderán que es una crónica de la vida política de los años setenta hasta el presente, un retrato de Acapulco; muchas historias que se entrecruzan con enorme fabulación, dos historias de amor, por al menos, muy significativas para el mismo personaje dentro de esa capacidad de renacimiento que trae el amor, una puesta en escena de la resistencia ante la injusticia.

Es una novela riquísima, de muchos niveles de lectura, que me ha dado mucho gusto leer y que yo creo que viene a situar en el mapa de la literatura mexicana a un novelista de alta ejecutoria, de enorme complejidad temática y que logra demostrar que la narrativa puede ser una forma de la poesía, es decir, que hay un efecto político en todas y cada una de las escenas que estamos leyendo. De modo que yo no puedo sino felicitar la publicación por parte de Editorial Praxis de Las pausas concretas; a Roberto Ramírez Bravo por la valentía para asumir un reto novelístico, realmente tan rico, tan complejo, tan riguroso, y por la forma en que lo llevó a buen puerto.

 

Palabras de Juan Villoro en la presentación de Las pausas concretas, en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, La Jornada Guerrero, Acapulco, Gro., 8 ene., 2010


 

 


Disponibilidad

Entrega en:

3 a 5 días

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Opiniones de los usuarios:

  (Miércoles, 02 Septiembre 2009)
Porcentaje: 5
La novela de Roberto Ramírez Bravo fue presentada por el Director de la Editorial Praxis en el Centro Cultural “Casona de Juárez”.






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