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La saga del Sordo

( Víctor Sosa )

La saga del Sordo
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$130.00


Viñeta

 

Víctor Sosa (Uruguay, 1956) es poeta, crítico literario y de artes plásticas, traductor y pintor. Tiene publicados los libros Sujeto omitido (1983), Sunyata (Editorial Praxis, 1992), Gerundio (1996), La flecha y el bumerang (1997), El Oriente en la poética de Octavio Paz (2000), Decir es Abisinia (2001), El impulso. Inflexiones sobre la creación (Editorial Praxis, 2001), Derivas del arte contemporáneo en México (Editorial Praxis, 2003), Los animales furiosos (2003), Mansión Mabuse (2004). Está incluido en la antología Jardim de camaleoes, a poesia neobarroca na América Latina (2004). En 1998, recibió el Premio Luis Cardoza y Aragón para Crítica de Artes Plásticas y, en 2000, el Premio Nacional de Poesía Pancho Nácar. En 2004, recibió mención de honor del Ministerio de Cultura de Uruguay, así como de la Intendencia de Montevideo, por el libro Los animales furiosos. Trabaja como profesor de literatura y de arte en la Universidad Iberoamericana y en otras instituciones.

 


Viñeta

Juan Alcántara

 

¿Cómo ha llegado el poeta Víctor Sosa —no se sabe si contraviniéndose o siguiéndose— a las dimensiones de la saga? ¿Cómo pudo, partiendo del poema miniatura, enigma concentrado, de hace dos décadas (en Sunyata, por ejemplo), arribar a las densas superficies reverberantes de La saga del Sordo? ¿Qué lo ha llevado a escribir —¿escribir es la palabra?— esos magmas hablantes que parecerían no desplazarse sino, más bien, complacerse en extensos planos texturados que ocultan sus bordes y hacen que los lectores patinen o derrapen?
Pero no nos preguntemos, cuándo, por qué, cómo, puesto que la poesía de Víctor —como toda la poesía— no intenta dar explicaciones. El lector se sentirá menos incómodo si, abandonando la noción de sentido, se dedica a atestiguar lo que está ahí presente. Porque estos poemas no se leen, ya no; se palpan, se recorren, se contemplan. Que se lean los libros de política, los de sociología, la sección de finanzas del periódico. Contemplar, en este caso, tampoco es una actividad sin dificultades. La pululación, el hormigueo verbal, la inquietud que va diciendo sin cesar invitan al extravío.
Saga dice el título del libro, pero no porque nos narre las vicisitudes de una estirpe, de una dinastía, de un reino a lo largo de las eras; ni siquiera por la presencia de un héroe o semidiós y de sus hazañas porque, ¿quién es el sordo aparte de todo y nada?; más bien por la desmesura, por el impulso atlántico con el que se barre el minuciosísimo aluvión de las palabras. Saga, en todo caso, de la escritura misma, de su imparabilidad, de su atroz coleccionismo de todos los registros —en particular el de la enciclopedia, parodia o irrisión involuntaria de la totalidad—, de su descomedido periplo acumulativo.
Para lograr esto, el poeta ha tenido que implementar con el máximo rigor un conjunto de dispositivos productores de escritura —mas no de sentido— que bien podríamos llamar «escritura automática» si el surrealismo no hubiera hecho uso de esta expresión en un sentido muy distinto; esos automatismos verbales, extremadamente eficaces, que tienden a hacer el trabajo por sí mismos sin la intervención del autor, sitúan a Sosa en una tradición que va de Kafka a Haroldo de Campos pasando por Raymond Roussel, Gertrude Stein, Lezama Lima y John Cage, entre otros.

 


Viñeta

Claudio Daniel

Víctor Sosa es un poeta capaz de construir extrañas arquitecturas verbales, alucinando el idioma. Arte mandálica, que combina y transfigura colores y elementos geométricos en camadas de sonido y sentido. Un poeta raro, que no se conforma con la mirada fotográfica, inmediata y concisa de las apariencias. Su chorro verbal, caudaloso, multifacético —sin escatimar lo oscuro y paradójico—, muestra una visión de lo real que no se reduce al simple montaje de un rompecabezas de pocas piezas.
La concepción del poeta como un pequeño dios o taumaturgo, expresada por el chileno Vicente Huidobro, sin duda está presente en las insólitas partituras de Víctor Sosa.

 


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