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Sé verla al revés. Antología de autores del Club Palindrómico In

( Jesús Lladó Parellada y Pedro Ruiz Lozano (comp.) )

Sé verla al revés. Antología de autores del Club Palindrómico In
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Viñeta

Màrius Serra

Si topa con la palabra inglesa games (juegos) y juega con ella como si fuera un guante, puede que descubra con sorpresa que contiene las cuatro letras que le dan sentido a la semántica: s, e, m, a. Eso le permitirá fabricar una palabra capicúa con tanto sentido lúdico como semagames. O, dicho de otro modo, un palíndromo, del griego palíndromos, que retrocede, que va y viene, según las voces pálin (de nuevo) y drómos (carrera). Semagames es el título del sorprendente y longevo boletín del Club Palindrómico Internacional porque es una palabra capicúa, es decir, un vocablo que permite leer el mismo mensaje en los dos sentidos de lectura, como allá, radar, anilina, reconocer. Los palíndromos no se limitan a las palabras. En ocasiones saltan más allá y permiten concebir frases tan sensacionales como estas cinco: sé verla al revés; adán no calla con nada; ¿educas? ¡sacude!; ¡arriba la birra! o átale, demoníaco caín, o me delata, el diabólico palíndromo del que partió Julio Cortázar para escribir su inquietante relato «Satarsa».
      En castellano, un palíndromo puede también recibir la denominación de capicúa, término aplicado a las cifras simétricas, que procede del catalán «cabeza y cola». La tradición italiana llama a los versos palindrómicos cancrini —a la manera de los cangrejos—, la francesa anacycliques y, en general, son conocidos como versos retrógrados o sotádicos, por el poeta tracio Sótades de Maronea, a quien se atribuyen los primeros ejemplos. Sótades vivió en Alejandría durante el siglo III a.c., en tiempos del rey Tolomeo II Filadelfio, y su figura es uno de los mitos de la ludolingüística. Seguramente porque en el año 280 a.c. Tolomeo le condenó a morir en el fondo del mar Egeo dentro de un cofre de plomo. Tal como recogen los papiros mágicos transcritos por Preisendanz algunas de las fórmulas que los gnósticos usaban en la Alejandría de los primeros siglos de nuestra era para designar a la divinidad eran palindrómicos. Por ejemplo, en el papiro lix se alude al «glorioso dios AblanatanalbA».
      Sea como sea, aún hoy la verdadera divinidad de los palindromistas es la simetría. Por eso, cuando el día 1 de junio de 1987 salió publicado en Barcelona el primer boletín, aún sin título, del entonces recién constituido Club Palindrómico Internacional, su primer objetivo fue hallar un nombre coh da (ad hoc) para la publicación. El impulsor de aquella iniciativa fue el ingeniero Josep Maria Albaigès i Olivart, dirigente de la sección peninsular del Club de Cerebros Privilegiados Mensa y autor de libros de referencia sobre onomástica y curiosidades, tanto lingüísticas como matemáticas. Albaigès, nacido en Juneda (Lleida), ya había impulsado otros boletines alternativos, como Carrollia (dedicado exclusivamente al universo del escritor Lewis Carroll) o el Boletín Oficial de las Ciencias Inútiles (Bofci), de clara filiación patafísica. Este bagaje le permitió crear el cpi y contactar en diversas partes del mundo con una veintena de interesados por las rarezas palindrómicas que justificaron la publicación de aquel primer número. El segundo, aplazado hasta el mes de enero de 1989, ya salió a la luz tras una votación interna para escoger cabecera. Semagames se impuso a otra opciones, también palindrómicas, como Arte Letra, La Breve Verbal, Rever, Tot o Pal Clap. Las lenguas iniciales del boletín eran el español y el inglés, pero ya       se daba una incipiente presencia de material en catalán.
A partir de este segundo número, el ludolingüista tarraconense Ramon Giné (nacido en El Sarral y residente en Vilallonga del Camp) se hizo cargo del proceso de edición y Semagames empezó a salir con una periodicidad notable. Además de divulgar sus celebradas creaciones —pasará a la historia por haber hallado palíndromos como el erótico tira’m anís a la sina, marit (échame anís al pecho, marido) o el sindical a gavà la gent nega la vaga (en Gavà la gente niega la huelga)—, Giné ejerció durante años de compilador incansable de palíndromos en decenas de lenguas, algunas de las cuales no comprendía. Las intensas actividades de Giné le llevaron a descubrir (y divulgar) ingentes inventarios de palíndromos elaborados por diversos palindromistas que habían permanecido en el anonimato. Así, entre otros hallazgos, recuperó dos vastas colecciones de posguerra que dos ancianos catalanes legaron a Semagames. La primera es un inventario impresionante de 4800 palíndromos escritos por un palindromista barcelonés, ya difunto, que se llamaba Carles Mani i Barneda. Algunas de sus composiciones son sorprendentes: allí, tieta mercè, faci cafè, crema, te i til·la (allí, tía Mercè, haga café, crema, té y tila), allí, la serafina ni dina ni fa res a l’illa (allí, la Serafina ni come ni hace nada en la isla) o a pinet, on és allà dalt, l’ase no té ni pa (en Pinet, allá arriba, el asno no tiene ni pan). El otro gran hallazgo fue la colección de un anciano llamado Gabriel Brusi, compuesta por 28 palíndromos convencionales en catalán y 300 en castellano, y especialmente de 86 palíndromos silábicos en catalán y 1292 en castellano, ordenados según el número de sílabas. Algunos ejemplos de estos palíndromos silábicos son: aquí garli oligarquia (aquí charle oligarquía), a viladecans, descans de la via (en Viladecans, descanso de la vía) o carpes vol qui vol pescar (carpas quiere quien quiere pescar).
      Con el paso de los años, la lengua catalana predominó claramente y las páginas de Semagames, sin perder nunca su poliglotismo vocacional, se constituyeron en la ruta natural de expresión para un buen número de nuevos palindromistas del entorno inmediato del tándem rector Albaigès-Giné. Ramon Giné llegó a adjuntar a la revista una docena de opúsculos suplementarios con palíndromos de todo tipo extraídos de su creciente archivo. Cabe recordar que internet era, en aquellos momentos, una realidad muy incipiente, de modo que el acceso a la información no guardaba aún ninguna relación con el término googol, inventado por el sobrino de un matemático, que ha dado paso a Google. Una innegable vocación de antólogo llevó a Giné a inventar una curiosa versión de calendario popular (para 1999) que contenía 365 palíndromos, uno para cada día del año, de casi todos los autores que publicaban sus simétricas creaciones en Semagames. Giné adjudicó un mes del año a cada uno de los palindromistas más prolíficos y luego escogió la treintena preceptiva de ejemplos de cada uno. Así, el propio Giné preside el mes de enero. Febrero está dedicado a Antoni Llull (Ciutat de Mallorca, 1935) —apareixia tot així: era pa (aparecía todo así: eran pan)—. Marzo es el mes de Jesús Lladó (Barcelona, 1955) —animació, noi, camina! (animación, chico, ¡camina!)— y el abril de Toni Guillamon (Olot, 1965) —llet al clatell (leche en el cogote)—. Mayo va a cargo de Alfons Saumell (Tiana, 1920) —rumor bo o bromur? (¿rumor bueno o bromuro?)—, junio de Alexandre Beltran (Badalona, 1927), autor del futbolístico lògic: atac-i-gol (lógico: ataque-y-gol) y julio de Francesc Ferrater (Reus, 1919) —un cop nat, avisi si va tan poc nu (una vez nacido, avise si van tan poco desnudo)—. El último palindromista que recibe un mes es el difunto Carles Mani (Barcelona, 1898-1980), de quien Giné recibió en herencia la colección. Mani hace el agosto con palíndromos repletos de topónimos. Destaca uno de los pocos que prescinde de nombres propios: allí l’àrab alabarà l’illa (allí el árabe alabará a la isla). Los meses de septiembre a noviembre se completan con palíndromos de autores diversos que se han dedicado esporádicamente a ello y los días de diciembre están adjudicados a 31 personajes con apellido palindrómico, como la escritora Anaïs nin, la actriz Daryl hannah, el director de cine Julio medem, la tenista Mónica seles o el filántropo húngaro George soros. El almanaque concluye con un caligrama palindrómico de Joan Campabadal (Balaguer, 1951), de título inequívoco: aire de dèria (aire de chifladura).
      La etapa de Giné al frente de Semagames no cesó hasta su muerte, el 14 de enero de 2003. Fueron catorce años muy intensos, a un promedio de casi seis números por año. cita’m, giné enigmàtic (cítame, Giné enigmático) le había dedicado su amigo Jesús Lladó quien, a la postre, iba a ser su sucesor. Ramon Giné, el hombre que buscaba palíndromos, fue un genio de pueblo y del pueblo. Conservaba una libreta con los hallazgos verbales de su abuelo y era hábil con los juegos de manos. El poeta Joan Brossa le hubiese adorado, como le adoramos todos quienes le tratamos, con sus chifladuras verbívoras y aquella mirada de niño inquieto que emergía justo por encima de su bigote iraquiano. Y sus ideas de bombero, sus archivos insólitos, sus manazas, las arrugas que tantas risas compartidas habían dejado en su rostro y una cálida hospitalidad, junto a su esposa Rosita. Cuando, en 1991, publiqué mi primer libro sobre ludolingüística (Manual d’enigmística) incluí noticias y ejemplos de la incipiente tradición palindrómica que estaba creando Semagames y le empezaron a visitar periodistas, poetas y artistas. Al poco, Josep Massot e Ignacio Martínez de Pisón publicaron algunos de sus palíndromos en La Vanguardia. Con los años, por su acogedora casa de Vilallonga del Camp pasarían desde el secretario del Oplepo italiano, Rafaelle Aragona, a los colegas de Albaigès en el Club de Cerebros Privilegiados Mensa, pasando por el grandísimo Pau Riba, el artista brasileño Rodolfo Franco o el poeta italiano Paolo Albani.
      Cuando Giné murió, Josep Maria Albaigès y Jesús Lladó, con quienes compartíamos la calçotada palindrómica anual en casa de Giné, se conjuraron para que Semagames siguiese adelante, aunque fuera a un ritmo más pausado. Y lo cierto es que Lladó tomó el timón y la singladura de Semagames no sólo no se ha detenido sino que marcha a buen ritmo hacia el horizonte vertical del palindromismo. Lladó había ido publicando palíndromos de su creación casi desde el principio de la revista. Y no sólo palíndromos. Su dedicación a la enseñanza de la música le había llevado a investigar la tradición de las simetrías en el ámbito musical. De ahí que empezara a publicar documentados artículos sobre piezas de música retrógrada de índole diversa. En 1998, para ilustrar el feliz hallazgo de tres frases palindrómicas en catalán musicadas por el compositor contemporáneo Llorenç Balsach, fundió sus textos sobre el tema en un didáctico trabajo que incluye información sobre los cánons cancrizans de Samuel Scheidt (1587-1654), diverses piezas de Johann Sebastian Bach (1685-1750), duetos bifrontes del violinista italiano del siglo xviii Nicola Mestrino o de Johann Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791), piezas capicúas de Tobia Gorrio (pseudónimo anagramático del padovés Arrigo Boito: 1842-1918) y finalmente el impresionante «Ludus tonalis» para piano, del compositor alemán Paul Hindemith (1895-1963).
      El caso de Llorenç Balsach es sumamente destacable, porque se trata de un compositor muy valorado en el ámbito contemporáneo. Su obra ha sido interpretada en la mayoría de países europeos, así como en los Estados Unidos, México, Cuba, Australia, Rusia y Ucrania. En 1997 participó con una obra en La Fenice de Venecia, en un concierto dedicado a cinco compositores jóvenes europeos. También fue uno de los pioneros en la investigación musical y musicológica con ordenadores, realizando reconocidos programas de análisis armónica y notación musical. Su proyección musical realza la importancia extraludolingüística de «Tres palíndroms per a cor», que fue la obra analizada por Lladó en Semagames. A diferencia de las otras piezas de partitura capicúa, la obra de Balsach musica tres palíndromos lingüísticos. Lladó localizó la partitura publicada por La Mà d’en Guido y comprobó, no sin sorpresa, que las tres frases capicúa que había musicado Balsach formaban parte del fondo que los descendientes del palindromista Carles Mani habían legado al Club Palindrómico Internacional. El de la primera pieza parece dedicado a los supervivientes de la dictadura argentina: argentina, la lluna anul·la la nit negra (Argentina, la luna anula la noche negra); la segunda pieza musica una especie de telegrama surreal y palindrómico: ara Sara ven pots stop Isaura —la nora ase— va dir àrida: Ves Aaron a la rua si pots stop nevarà. Sara (ahora Sara vende frascos. Stop. Isaura, la nuera tonta, dijo árida: ves Aarón al pasacalle si puedes. Stop. Nevará. Sara); finalmente, el tercero de los «Tres palíndroms per a cor» de Balsach musica un capicúa de ciencia ficción: ara l’ovni, ruta a Turín, volarà (ahora el ovni, ruta a Turín, volará).
      El caso de Semagames es prodigioso. El palíndromo es la joya de la corona ludolingüística. Oro puro que conviene contemplar con mesura si no queremos que sus idas y venidas nos provoquen mareos. El descubrimiento de una palabra o una frase que permanece inalterada en los dos sentidos de lectura puede provocar un estado de choque. Atrapa y aparta. Muchos aficionados a los esfuerzos del ingenio literario descubrieron su pasión el día que un palíndromo se cruzó en su vida. En mi caso, un inolvidable átale, demoníaco caín, o me delata refulgiendo entre las frases de un cuento de Cortázar provocó una suspensión temporal de la lectura. Un alto fruto del maravillamiento. De la epifanía. Lo recuerdo como si acabase de sucederme. Los ojos incapaces de ir más allá, ni venir más acá, las cejas arqueadas como dos acentos circunflejos, las letras mirándome impasibles: átale, demoníaco caín, o me delata. Pero justamente esta potencia mayúscula del artificio es también su peor defecto. El palindromista contumaz corre el peligro de acostumbrarse a vivir atrapado en una espiral sin salida. Literalmente encallado en la ruta natural. Por eso todos los promotores de palíndromos con tres dedos de frente saben que conviene servirlos con pudicia, en dosis muy pequeñas que eviten el empacho. Como un manjar exquisito de gusto muy poderoso. Talmente trufas. Porque la sintaxis forzada que transportan los palíndromos es una arma de doble filo que seduce y repele a la vez. Los palíndromos son como la magia: nos fascinan porque tienen truco. En Semagames siempre han sido conscientes de ello. Llevan veinte años seduciéndonos con sus palabras de ida y vuelta, divulgando todos sus trucos, diciéndonos, como Cortázar en Rayuela: Sé Maga, mes tras mes.

 


Viñeta

 

Josep M. Albaigès i Olivart

La atracción por la simetría forma parte natural del concepto de belleza concebido por el hombre. Surge ésta tanto de la observación de la naturaleza (reflejo en el agua quieta), de la regularidad de los movimientos astronómicos e incluso de las estructuras biológicas. El hombre copia esta forma de disponer la realidad en edificios, vestimenta y prácticamente todas sus creaciones.
Un caso particular es la simetría gráfica de un escrito o palindromía, ya pura creación humana artificial, pues su presentación depende del idioma, del alfabeto y hasta de la intención del que escribe. Los registros históricos señalan a Sotades como su primer practicante, y quizás el palíndromo encontrado más notable es el hallado en Herculano y otros lugares cristianos:


S A T O R
A R E P O
T E N E T
O P E R A
R O T A S

Que algunos traducen como «El sembrador Arepo hace funcionar las ruedas», aunque son infinitas las interpretaciones que ha recibido este misterioso cuadrado mágico. Otro de estructura muy parecida es el hebreo:

ו נ ש ר פ
ן ת ב ע ר
ש ב ד ב ש
ר ע ב ת ן
ף ך ך נ ן

De traducción más sorprendente todavía: «Explicamos al glotón que la miel fue quemada e incinerada» (PRShW R`BTN ShBDBSh NTB`R WNShRP o parashnuw ra`abtan sheba’dvash nitba’er wenishrap). Por lo visto, los significados bizarros suelen ser una característica propia de los palíndromos. Por eso se agradece el latino «In girum imus nocte et consumimur igni», o sea, «entramos en el círculo por la noche y somos consumidos por el fuego».
      Hemos llegado a la clave de lo que debe ser un buen palíndromo: perfección formal y sentido. No tiene objeto componer palíndromos de longitud inaudita si es a costa de descoyuntamientos de la frase que le restan naturalidad, sentido y significado. Los grandes compositores de palíndromos no son los que los hacen más largos, sino mejores. Una vez más se aplica la regla de calidad antes que cantidad.
      El cultivo del palíndromo es un arte antiguo, pero, que sepamos, nunca había estado sujeto a estudios científicos, estadísticos e incluso normativos. Por eso, para profundizar responsablemente en el tema, nació el Club Palindrómico Internacional/International Palindrome Club (cpi/ipc) . Fue creado en 1987 por el aficionado Josep M. Albaigès i Olivart, de Barcelona, quien se limitó a lanzar una botella al mar con un número único de la revista Semagames, pero la semilla cayó en las piedras de momento. Hubo que esperar dos años hasta que un palindromista heroico, Ramon Giné, «un hombre de pueblo y del pueblo» (en acertada definición de Màrius Serra), que había sido picado del mal palindrómico a raíz de un viaje a México un tiempo antes se unió al cpi. Tener noticias de la revista y ponerse en contacto con Albaigès fue todo uno.
      Esta relación, pronto transformada en íntima amistad, convirtió a España en la primera potencia palindrómica mundial. Con el elegido título de Semagames el boletín reanudó su publicación trimestral en enero de 1989, y ya desde entonces nunca ha dejado de faltar a su cita con los lectores.
      Ramón Giné, hombre de curiosidad insaciable, actividad febril y caballerosidad inimitable, se ocuparía de mantener el vivo fuego sagrado de la investigación palindrómica a lo largo de cincuenta y seis números de la revista, por los cuales desfilaría todo el mundo capicúa… y más, pues todos los juegos verbales eulogológicos hallarían cabida en ella. Los acertijos, pentavocalismos, criptogramas y todo el mundo lipista formal desfilaría por ella. Semagames fue anunciada generosamente en la revista Word Ways, de Ross Eckler, y pronto descubrió que a lo largo del mundo innumerables palindromistas desarrollaban su afición, sin contacto entre ellos. Algunos nombres: Herbert Pfeiffer, de Offenbach (Austria), Antoni Llull, de Palma de Mallorca (España), Stanislav Tvrdik, de Praha (Czechoslovakia), Harry B. Partridge, de Fredericksburg (eu), Francisco Morán, de Madrid (España), Álvaro García Meseguer, de Majadahonda (España), Genaro Gómez, de Rosemead (California, eu), Màrius Serra, de Barcelona (España), Jeff Grant, de Hastings (New Zealand), Michael Helsem, de Dallas (eu), Otto-Raúl González, de México, df (México), Chaim Fleischmann, de Nahariya (Israel), Fernando Sáenz Ridruejo, de Madrid (España), Roy Vásquez, de Rosemead (California, eu). A ellos se incorporarían numerosos españoles, como Jordi Alins, de Lleida; Simó Bosch, de Girona; Joan Campabadal, de Castelldefels; Francesc Capdevila, de Girona; Ricard Carbonell, de Barcelona; Carlos Carpio, de Santa cruz de Tenerife; Xesco Casacuberta, de Artà; Ernest Díez, de Girona; Rodolfo L. Franco, de Mérida; Markos Gimeno y Antoni Guillamon, de St. Quirze del Vallès, de Eibar; Jesús Lladó, de Igualada; Joaquim Roé, de Sabadell; Pere Ruiz, de Súria; Fernando Sáenz, de Madrid; Alfons Saumell, de Barcelona; y más del resto del mundo, como Gustavo de Carvalho e Silva (Brasil) y Sylvia Tichauer (Chile) y otros que habremos olvidado en esta rápida pasada.
      Veinte años después de aquel chispazo inicial Semagames continúa en la brecha sobreviviendo a su impulsor, Ramón Gine, quien falleció en enero de 2003, mereciendo una impresionante manifestación de luto popular en Vilallonga del Camp y los sentidos artículos de Màrius Serra, «Cita’m Giné enigmàtic», y de Josep M. Albaigès, «Ramón Giné, bese ese benigno mar». Pero su tarea había sido suficiente para hacer surgir briosos continuadores. La revista conoció un nuevo impulso a partir de ese momento de manos de su actual editor, Jesús Lladó, y, un poco más tarde, de Pere Ruiz. Estos dos estudiosos han conseguido transformar el palíndromo de una mera diversión eulogológica a una ciencia definida, estudiada y con sus sistemas de postulados, métodos y finalidades.
Sean muestras de la vitalidad de la revista, que ha visto ampliado extraordinariamente su red de colaboradores, hallazgos como «Temen casi físicamente», «Socio: di codicioso» y «Vil civil», palíndromos silábicos debidos a Sylvia Tichauer. Y sobre todo, la reciente definición del «Decálogo palindrómico», impulsado por Pere Ruiz y secundado entusiastamente por los miembros del club.

 


Viñeta

 

Famoso abad localizado

Pere Ruiz ha documentado el nacimiento de aquel famoso abad que daba de comer arroz a una zorra

Màrius Serra

Pere Ruiz es un poeta verbívoro de Súria espe­cializado en palíndromos, esos versos de ida y vuelta. Su apuesta por la literatura de pie forzado es radical. Otras veces he hablado de él, porque, junto a Jesus Lladó, es el responsable del mejor libro sobre palíndromos escrito nunca en lengua ibérica: Se verla al revéS (Antología de autores del Club Palindrómico Internacional), donde firma Pedro, editado en México y sólo disponible en la red (www.albaiges.com/cpi/dadevonovedad.htm). En él, una veintena de autorespublican frases capicúas en una docena de lenguas. Cuando salió el libro destaqué mis dos ejemplos favoritos en castellano (Sonreí, Bogart no cede contra gobiernoS) y catalán (Per catalana, anal atac reP). Probablemente, el palíndromo más conocido en castellano sea una frase que yo siempre había considerado absurda: Dábale arroz a la zorra el abad. ¿Les suena? Pues les aseguro que mucha gente la conoce, en un curioso caso de transmisión oral que nunca había conseguido datar. Pero Pere Ruiz sí. En un trabajo titulado «EI Caramelo del Sur», Ruiz exhuma una charada publicada el 7 de febrero de 1837. Su fuente es el periódico EI Guardia Nacional,una cabecera diaria de línea democrática y republicana que se publicaba en Barcelona en los años treinta del siglo XIX, a medio siglo del nacimiento de La Vanguardia. Ruiz reproduce unos versos que un colaborador llamado Antonio Mateo publicó en el número 429 de dicho diario. Tienen forma de charada, es decir, de adivinanza que oculta su respuesta sílaba a sílaba, que fue el juego de palabras estrella hasta que, a mediados del siglo XX, lo desbancó el crucigrama. Dice así: «Un andaluz para el burro,/ con usar de mi primera;/ si le añade la segunda/ le da nombre a cierta hembra,/ odiada en todas las casas,/ y amada en Inglaterra,/ pues es la más necesaria/ para hacer algunas fiestas:/ y leídas al revés/ las únicas cinco letras/ de que el rodo se compone/ es una comida buena» (A.M.).
   Para quienes estamos familiarizados con las charadas, no es un enigma difícil. Ruiz, de hecho, llega rápidamente a la conclusión de que la solución es un bifronte: zorra (cierta hembra odiada en todas las casas y amada en Inglaterra) y arroz (leídas al revés las únicas cinco letras es una comida buena).
   Pero luego sigue buscando en números posteriores del diario para comprobar que su intuición es buena. A mediados del siglo XIX el tiempo transcurría a otro ritmo, de modo que la solución no se publica hasta doce días más tarde, en el ejemplar número 441 de El Guardia Nacional, correspondiente al domingo 19 de febrero de 1837. La da un tal Aminto de un modo tan peculiar que 172 años después sigue inscrito en la memoria de la mayoría de castellanohablantes: «Dábale arroz a la zorra el abad./ En este renglón/ tiene solución/ la dicha charada:/ leedlo al revés./ Veréis­la otra vez/ quedar descifrada» (Aminto). De entrada, Ruiz identifica a Aminto en otras colaboraciones en el mismo diario con Antonio Mateo, que firma con un anagrama confeccionado con las cuatro letras de su nombre familiar Toni más las dos de sus iniciales: AM. Mateo estira la propiedad simétrica de la zorra y el arroz hasta convertirla en un endecasílabo más bien surrealista que circula de boca en boca: «Dábale arroz a la zorra el abad». Documentar el nacimiento de tan ilustre abad tiene un interés etimológico similar al que da descubrir quién fue la mítica María Castaña (en tiempos tan lejanos), donde estuvo ubicado Can Seixanta (en tiempos más cercanos) o cuál era el nombre de la prostituta amiga de la Ramoneta.

La Vanguardia, España, 14 may, 2009
MariusSerra@verbalia.com

 


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