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Saudades

( Iola Benton )

Saudades
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Viñeta

En este libro se pueden disfrutar pinturas memorables y poemas hechos con imágenes sorprendentes, con singular fuerza expresiva. Iola Benton traza sus lienzos con impulso poético, con luz, con sabiduría. La cadencia de su pincel, la paleta prodigiosa que emana nostalgia con profundidad conceptual se funden en una creación artística que late en la piel de la pintura y en la del espectador. La artista crea con intuición, imaginación, pasión; en su trabajo se halla más de una propuesta para encontrar los recónditos misterios del universo.

Iola Benton ha tenido más de 50 exposiciones individuales y 100 colectivas en galerías nacionales y extranjeras; su obra se encuentra en colecciones permanentes de las mejores instituciones privadas y públicas y en museos de México, Suiza, Estados Unidos, Dinamarca, Canadá, Brasil. También, ha participado en bienales de arte de América Latina. Con un ritmo creativo imparable, ha publicado 3 títulos de poesía y diversas carpetas con monotipos, donde exhibe un trabajo rico, propositivo, cargado de metáforas, de una conmovedora armonía, intenso, que deja huellas de sensaciones.

              

Viñeta

 

«Busca en los laberintos de la poesía el lenguaje de la luz» Iola Benton, pintora poeta

José Antonio Ruiz Estrada

alt«Vincula el silencio y la contemplación con el murmullo de las cosas».

«En Saudades se puede practicar la metáfora que permite la mezcla de los sentidos, con la que se escucha la intensidad del color y se mira la entonación cambiante del poema. Iola Benton nos invita al goce de los sentidos, pero su arte no se queda ahí, cava en las profundidades; una vez que nos compenetramos en él, nos queda, como un eco, la resonancia de su enigmática belleza»: Carlos López.

Caminamos, fotógrafo y reportero, el largo pasillo-garaje-inquilinario hasta cruzar el frágil cancel que lo divide del amable patio del departamento 7 cuyas dimensiones y disposición inmobiliaria son muy superiores a muchas casas de la arquitectura actual. No es cualquier patio, es el patio de la maestra Iola Benton, ése que el tiempo adornó con añosos robles, arbustos y flores escondidas hasta que regrese la tibieza estacional. En todas las instalaciones el orden y la limpieza imperan, cual si fuesen espacios reservados para esta pareja real. 

 

Empero, esa primera emoción surgida en mí (no, no equivoqué el término impresión) palideció cuando di el primer paso dentro de la luminosa bodega en la cual Iola Benton resguarda gran parte de su producción pictórica: ¡bellísimas, la bodega y las colecciones!, enriquecidas con los aromas de sus insumos: óleos, acrílicos, gomas para preparar los lienzos, así como las maderas de los marcos, mezclados con los del aseo cotidiano.

 
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¡Huy, aquí huele a trabajo y a orden! Exclamé apenas entré, descubriendo cuadros de todos los formatos: pequeños, medianos, grandes, y las técnicas imaginables: acuarelas, óleos, acrílicos. Además, en otro orden extraordinario, sobre repisas de múltiples formas y tamaños, aguardan recipientes repletos de piedras traídas desde los distintos países visitados por la maestra Iola Benton durante la mayor parte de su vida.

Desde luego, Iola Benton produjo todas las técnicas del arte pictórico, al mismo tiempo que llevó a cabo una búsqueda incansable del lenguaje que más satisficiera su intención expresiva. Actualmente hace usted abstracción de la naturaleza.

Sí, exactamente, y ello se debió a mi trabajo de 6 años en el campo. Así me identifiqué con la naturaleza. Entonces, al principio hacía algo muy directo de lo que yo veía, pero después ya lo fui manejando junto con el espíritu de la naturaleza, y ella me fue hablando, y me fue diciendo lo que realmente es ella para mí.

Ahora, veo también que es muy recurrente en los azules, le subyugan el agua y el cielo. El agua y el cielo también son mis temas principales en lo que escribo, aparte de lo que pinto. Lo que a mí me dice la naturaleza es lo que a mí me emociona. Veo un reflejo de Dios en ella.

Es evidente la espiritualidad en su obra. ¿Cuándo descubre la actitud y la aptitud para lograrlo?

Empecé a pintar desde muy joven, pero, para mí, yo siempre cuestioné: ¿por qué estoy aquí?, ¿quién soy?, ¿adónde voy? Y eso me llevó hasta en lo que ahora estoy. Aunque todavía no puedo responderme esas preguntas.

 

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Pero su espiritualidad sí la acerca muchísimo al Creador.

Sí, a mi concepto de lo que es la Creación.

Sin necesidad de estar siempre metida en los templos. Usted se acerca a Dios por otro camino, y así lo plasma tanto en sus pinturas como en sus poemas.

Exactamente, a través de lo que siento. Eso lo plasmo así.

Sin descanso. Por lo que veo, usted vive de su arte, de lo que pinta.

¡Sí! Yo soy artista profesional desde hace más de 50 años. Yo he expuesto en muchas partes de México, en museos, igualmente en museos de Europa (principalmente en Suiza y Dinamarca), en Estados Unidos, no en Nueva York; mi idea de exponer mi pintura no es mostrarla en cualquier lugar, sino en aquel en el que yo considero que es adecuado para mi expresión. Por ejemplo, si yo hablo en chino y voy nada más a lugares donde sólo se habla español, pues nadie me va a entender.

 

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Entonces si voy al lugar donde la gente habla mi mismo idioma, la comunicación es mucho más extensa y mucho más precisa. Mi meta sería otro lugar. También he expuesto en diferentes países de América Latina; en Brasil, por ejemplo.

La disciplina para todos los aspectos de su vida es evidente, debió ser criada en un ambiente muy severo, ¿es así?

Mi abuelo nació en EU, pero era de origen europeo. Ellos tenían una educación clásica, ésa la viví con ellos y mis padres. Entonces así fue como se forjó mi personalidad.

Es decir, usted no fue educada, sino formada como persona.

Sí, sí, realmente la educación fue a través de la escuela, que es parte del conocimiento. Pero la formación pienso que se da en el hogar.

 

 

La gran revelación de Iola Benton

Fue así que, paulatinamente, «desde la primera emoción» que sentí al ingresar a la morada de Iola Benton que su formación como artista poseía aristas que debían ser subrayadas para mostrar el verdadero grado de sensibilidad artística que posee. A ello responde el hilvane que hago de su personalidad, a través del ámbito que habita y del lugar común de su formación. La maestra Iola Benton tiene un gran interés por mostrar su doble camino, su bilenguaje, su doble manera de expresar su gran capacidad artística y por ninguna razón se piense en algo parecido al doble lenguaje de los políticos falaces, donde las ideas, los ideales, se contradicen. El de la doble moralidad, pues. No. No. No. Tómese muy en serio el título del artículo:

 

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«Busca en los laberintos de la poesía el lenguaje de la luz» Iola Benton, pintora poeta. «Vincula el silencio y la contemplación con el murmullo de las cosas».

Cuya idea principal pende del ensayo de Carlos López publicado en la página 12 de la revista Tinta Seca del bimestre marzo-abril de 2010, en realidad prólogo del hermoso libro de pintura y poesía, poesía y pintura, Saudades, cuya autora es, precisamente, la maestra Iola Benton, impreso por Editorial Praxis por la misma fecha.

No podía ser más certero Carlos López en su ensayo-prólogo del poemario pictográfico Saudades. Cito:

«El trabajo creativo de Iola Benton tiene dos formas expresivas y un solo lenguaje: la poesía. Aunque su pasión es el arte plástico —en el que se reconoce su dominio del color, la armonía en la composición, la experimentación con diversas técnicas, el manejo de los mínimos elementos para representar su concepción singular, sentida del mundo—, su espíritu de exploración de los misterios del arte va más allá; ahora busca en los laberintos de la poesía el lenguaje de la luz».

Puntual, certero, preciso, como sólo así se puede expresar quien haya sido su amigo de siempre, en la amistad en que los grandes seres pueden comunicarse sin obstáculo alguno. Tengo en mis manos el bello libro Saudades, cuyo título me sugiere la ausencia de lo que tuve, maravilloso, pero lo dejé ir, por mis fallas. Esa sensación que permanece cuando perdí el tesoro que tuve —más espiritual que material—, que me daba alegría, euforia y ya no, porque ya no está. Pero que recuerdo, extraño mucho, y la posibilidad de recuperarlo me produce la sensación de volver a la vida.

Es decir maestra, crea usted pinturas que cantan poesía y escribe poemas que dibujan los colores de la pasión. Le pregunto torpemente a Iola Benton y ella, benevolente, me responde:

De alguna manera así es. Pero no olvide que desde hace mucho esos son mis lenguajes para describir lo que la naturaleza, Dios, me dice.

 

Abro Saudades en la página 11; descubro Sobre los llanos las flores cantan, técnica mixta s/madera 120 x 100 cm; en la 12, Azul errante, mixta s/madera 120 x 100 cm; en la 13, Atardecer en la sierra, mixta s/madera 120 x 100 cm, todos ellos acompañados por el breve poema de Iola Benton: «Una pared de rectángulos de barro y paja,/ cocidos al sol,/ desgastados por la lluvia y por el viento,/ es testiga del paso del tiempo».

En la página 14, aparece un fragmento de Más allá del signo, medida original de 120 x 100 cm, técnica mixta s/madera: «Naturaleza,/ vestigios de lo eterno en cada flor,/ en cada hoja,/ en mi pensamiento». «Primitivos caminos,/ puentes enlazando bordes de azules barrancas,/ márgenes de los ríos,/ dorados pastizales./ Allí están ante mis ojos,/ al parecer eternos».

 

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En la página 15, la maestra Iola Benton es tajante. Debajo de su obra Nube de oro, bosque azul, técnica mixta s/madera, 120 x 100 cm, escribe dos líneas: suficientes, completas, concretas: «¿Por qué subo las escaleras cada noche/ y nunca llego a las estrellas?».

Páginas 16 y 17; el mismo formato de 120 x 100 cm, misma técnica, mixta s/madera, el poema se extiende: «Recién llegué./ estoy aquí/ de regreso a la ciudad./ Dejé allá la playa y el mar». «Las palmeras se balanceaban con ritmo sensual. El sol brillaba sobre el agua, reverberantes espejos de plata».

 

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«Brisa con perfume de selva y agua salada,/ manos suaves, piel bronceada, sonrisas, miradas,/ el alma cautivada, nubes corriendo/ en el viento aladas:/ barcas velas, faros, redes,/ noches estrelladas, dorados atardeceres». «Recién llegué./ Estoy de nuevo aquí en la ciudad./ Nostalgia en el alma del azul».

 «Claro oleaje de los días,/ mar que escala la roca con paso lento,/ mar que nace y muere en un reflejo». «Nubes nómadas,/ piedra y lluvia persistente,/ convergencias y divergencias».

El epílogo —solapa de la 2ª de forros— es imprescindible: en una parte, la cualificación de la singular combinación; en otra, partes vitales de su perfil de pintora exitosa:

«En este libro se pueden disfrutar pinturas memorables y poemas hechos con imágenes sorprendentes, con singular fuerza expresiva. Iola Benton traza sus lienzos con impulso poético, con luz, con sabiduría. La cadencia de su pincel, la paleta prodigiosa que emana nostalgia con profundidad conceptual se funden en una creación artística que late en la piel de la pintora y en la del espectador. La artista crea con intuición, imaginación, pasión; en su trabajo se halla más de una propuesta para encontrar los recónditos misterios del Universo».

 

En la segunda parte expresa parte de su currículum creativo:

«Iola Benton ha tenido más de 50 exposiciones individuales y 100 colectivas en galerías nacionales y extranjeras; su obra se encuentra en colecciones permanentes de las mejores instituciones privadas y públicas y en museos de México, Suiza, Estados Unidos, Dinamarca, Canadá, Brasil. También ha participado en bienales de arte de América Latina. Con un ritmo creativo imparable, ha publicado 3 títulos de poesía y diversas carpetas con monotipos, donde exhibe un trabajo rico, propositivo, cargado de metáforas, de una conmovedora armonía, intenso, que deja huellas de sensaciones».

Poesía escrita, poesía pictórica, amalgama perfecta

La pintura fue inquietud de Iola Benton desde que cobró conciencia de sí misma. La poesía apareció en ella a los 13 años. Así, la pequeña Iola  pintaba en la escuela, hacía dibujos, luego durante sus vacaciones pintaba en su casa, hacía cuadritos pequeños, con pinturas pequeñas, por eso me dice ufana: «Y no he parado de pintar desde entonces».

Me dice la maestra Iola Benton que a pesar del dominio que siempre ha tenido sobre el dibujo, y todas las técnicas del arte pictórico, ella jamás fue a la academia, sino fueron tres sus maestros: Ernesto Cubley, Robin Bond (dos años) y Toby Joysmith (año y medio). Empero, la experiencia más aleccionadora fue el haber salido al campo durante 6 años en compañía de un grupo de pintores, quienes fueron los que le dieron la educación básica sobre la pintura. A partir de entonces pintó sola, sin asesor u orientador. Claro, culminó su formación a través de libros, visitas extenuantes a museos de todo el mundo, conviviendo con artistas de otros rumbos: «Así, colectivamente, fue como formé mi perfil profesional, mi personalidad propia, mi estilo, y género después de abordar todas las técnicas».

 

¿Por qué el abstraccionismo?

Yo pienso que con lo abstracto se expresa mucho más que con lo figurativo, éste le dice a uno todo con una sola mirada; en cambio el abstracto va más allá de la mirada, va a una comunicación sublime.

 

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Cada día le encuentra un mensaje nuevo.

Exactamente. Yo cuando empiezo a pintar, no sé lo que voy a pintar. Dejo que la comunicación extrasensorial me dirija. Entonces, el cuadro me va hablando y me dice: «hazme esto, hazme esto otro», así, hasta que la obra está terminada.

Yo veo en usted una persona muy en paz, muy armónica.

Sí, siempre he tratado de vivir sin conflictos, sin angustias y creo que lo he logrado. Lo conseguí a través de tratar de responder las preguntas que le comenté al principio: ¿por qué estoy aquí?, ¿quién soy?, ¿adónde voy? Y agregaría: ¿cuál es la razón de mi vida?  Son preguntas que me hago las 24 horas, pintando, escribiendo, leyendo, escuchando música, haciendo lo cotidiano.

Consideré que era el momento preciso de despedirme de tan espléndida persona, porque en ese instante me contagió de su paz, de su enorme deseo de crear, de fundirse con la naturaleza a través de su amalgama perfecta: poesía y pintura. Y, en verdad, empecé a creer que de alguna forma a mí también, como a muchos congéneres, la naturaleza podría hablarnos para decirnos cómo aliviar tantos daños que le hemos hecho a nuestro planeta, a nuestro país, a nuestra familia. ¡Vale!

 

Personae, 135, México, feb., 2011, p. 40-43 

 

  


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