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El instante de la memoria

( Miguel Ángel Muñoz )

El instante de la memoria
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Viñeta

Carlos López

 

Miguel Ángel Muñoz pone a dialogar a Yves Boneffoy, John Berger, John Ashbery, José Hierro, José Ángel Valente, Francisco Brines, Ángel González y Adonis sobre la poética del arte y su mirada crítica del tiempo que les tocó vivir. Las respuestas que los creadores hallan en sus descubrimientos cotidianos arroban, son una fuente de conocimiento para ahondar en las raíces de la realidad; ellos, al mismo tiempo que contemplan la vida, ensayan, transgreden con su arte, en el que ponen su esperanza.

La característica común de los poetas reunidos en El instante de la memoria no sólo es generacional; la pasión por su trabajo, la humildad en la grandeza, el asombro de su mirada, el prodigio de recibir el don de la creación y verterlo en favor de las causas humanas más sentidas los une en lo fundamental. Su voz es imprescindible en estos momentos en que la felonía y la barbarie del modelo económico depredador corroen los cimientos de la humanidad. La luz de sus ideas renuevan la fe en el ser humano; fortalecen la convicción de resistir. 

 

 


Viñeta

Aparece la obra más reciente del crítico y poeta mexicano, en Editorial Praxis

 

José Antonio Gaspar Díaz

 

Voces  representativas  y renombradas de las  lenguas árabe, inglesa, española y francesa se expresan con libertad en el libro más reciente del escritor mexicano Miguel Ángel Muñoz (Cuernavaca, Morelos, 1972),  para conversar con él acerca del quehacer y la pasión que los une: la poesía.

Un conjunto de ocho poetas internacionales dialoga con el autor en su libro más reciente: El instante de la memoria, publicado por Editorial Praxis.

Los nombres de los prestigiados autores van desde el poeta árabe Adonis, hasta los españoles José Hierro, José Ángel Valente, Francisco Brines y Ángel González, sin olvidar a los ingleses John Berger y John Ashbery. El grupo de ocho creadores lo completa el francés Yves Boneffoy.

El director de Editorial Praxis, Carlos López, señala en la obra: «Miguel Ángel Muñoz pone a dialogar a Yves Boneffoy, John Berger, John Ashbery, José Hierro, José Ángel Valente, Francisco Brines, Ángel González y Adonis sobre la poética del arte y su mirada crítica del tiempo que les tocó vivir.

«Las respuestas que los creadores hallan en sus descubrimientos cotidianos arroban, son una fuente de conocimiento para ahondar en las raíces de la realidad; ellos, al mismo tiempo que contemplan la  vida,  ensayan, transgreden  con su arte,  en el que ponen su esperanza», asegura.

Asimismo, considera que «la característica común de los poetas reunidos en El instante  de la memoria no sólo es generacional; la pasión por su trabajo, la humildad en la grandeza, el asombro de su mirada, el prodigio de recibir el don de la creación y verterlo en favor de las causas humanas más sentidas los une en lo fundamental.

«Su voz es imprescindible  en estos  momentos  en que la felonía y la barbarie del modelo económico depredador corroen los cimientos de la humanidad. La luz de sus ideas renuevan la fe en el ser humano; fortalecen la convicción de resistir», añade Carlos López.

Como adelanto del libro, que ya está en circulación  en librerías,  reproducimos  para  los  lectores —con autorización del autor— un fragmento de «José Ángel Valente: la materia oscura», en donde Miguel Ángel Muñoz cuenta cómo fue el  primer encuentro con ese artista.

 

 

Ante mí pasaba el poeta

 

«En ciertos  momentos, el azar nunca se advierte, sino que nos lleva por caminos distintos, o quizá sea mejor llamarle destino impredecible. Yo me convertí en uno de esos personajes imprevistos a finales de 1998;  acaba de comprar Tres lecciones de tinieblas, un libro deslumbrante de José Ángel Valente (Orense, 1929-Ginebra, Suiza, 2000) Entré a la librería del Museo de Arte Moderno de Barcelona y al desplegar mi vista sobre un inmenso óleo de Albert Râfols-Casamada, mis ojos se vieron sorprendidos: ante mí pasaba el poeta y se sentó a esperar algunos libros que había encargado.

«Más tarde, vencidas la perplejidad y la timidez primera, le pedí que me dedicara su libro, y muy poco después comenzó una breve, pero intensa amistad.

«No sólo disfruté de la lejana compañía de uno de los poetas españoles más importantes del siglo xx, sino también de una de las personas más vitales y generosas que he conocido: una noche cenábamos juntos en su casa de Almería, otro día conversábamos por teléfono sobre pintura, sobre amigos comunes: Antoni Tâpies, Râfols-Casamada, Juan Goytisolo...,   otra recibía algunas correcciones a mis  poemas, un texto  suyo para  la  revista  Tinta Seca. Era un mundo fascinante e irreal,  habitado por pintores y poetas que nos unían mutuamente. Gentes que siempre iluminaron su rostro de sorpresa y alegría».

 

 

Vaciar  el interior  para que entre el universo

 

«Ahora me resulta duro recordarlo, traer a la memoria sus consejos, y desde luego, sus palabras:

“Lo que el poeta tiene que hacer es un vaciado de su interior para que entre el universo.  Lo que tú tienes que hacer es la carrera de corredor solitario. Corres hasta donde llegas, corres infinitamente. Y pierdes conexión con el resto de los competidores. Hay que navegar en solitario,  joven  amigo”,  eso fue exactamente lo que me dijo  al final de nuestro primer encuentro».

 

Domingo 23 de junio de 2013, LA UNIÓN DE MORELOS, pág. 27

 


Viñeta

El instante de la memoria

 

Juan Antonio Rosado

 

Una de las más nobles y destacadas funciones del crítico es, a un tiempo, analizar, interpretar y difundir el trabajo artístico que genera la cultura en una época y espacio determinados. Como crítico de arte, Miguel Ángel Muñoz ha dado muestras de equilibrio analítico, atinada y sensible interpretación, así como de generosa difusión de los productos intelectuales y emocionales de diversos artistas. En su libro El instante de la memoria, Muñoz nos muestra a toda una generación de grandes poetas del mundo occidental (con excepción de uno del Medio Oriente), todos nacidos en los años 20 del pasado siglo. A cada poeta lo introduce con un breve ensayo; a continuación, aparece reproducida la conversación que sostuvo personalmente con él; por último, nos entrega una muestra de sus más significativos poemas traducidos al español.

Son ocho los poetas que aparecen en este libro, tanto de viva voz en su entrevista, como en algunas de sus obras, siempre con la previa mirada que los atisba, contextualiza e interpreta. Se trata de Yves Bonnefoy (Tours, Francia, 1923), John Berger (Londres, 1926), John Ashbery (Nueva York, 1927), José Hierro (Madrid, 1922-2002), José Ángel Valente (Drense, 1929-Ginebra, 2000), Francisco Brines (Oliva, Valencia, 1932), Ángel González (Oviedo, 1924-Madrid, 2008) y Adonis (seudónimo de Ali Ahmad Said Esber), poeta libanés de origen sirio, nacido en Qasabin (Siria), en 1930. La estructura del libro es tan equilibrada que su lectura, como un oleaje, resulta amena, ágil. El antologador y crítico nos proporciona una visión muy completa de cada poeta y a menudo nos impulsa a revisar más la obra de cada uno de ellos, a localizar otros textos.

De Bonnefoy, por ejemplo, afirma que en sus poemas «se mezclan entre una poética experimental muy visible y una formalización cercana a la estética del silencio». Ya en la entrevista, el poeta hace afirmaciones como ésta: «Para mí, la poesía es lo que libera la acción de hipótesis falsas, de representaciones que también lo son y en las que se pierde la palabra. La poesía hace que pasemos del espíritu de posesión, impulsor de equívocos y guerra, al deseo de participación simple y directa con el mundo». Y luego, los poemas. De «Una voz», cito estos versos: «¿Qué casa te propones alzar para mí?/ ¿Qué escritura negra cuando viene el fuego?».

El instante de la memoria es un bello libro que combina tres fases de un proceso de diálogo intenso con el arte: crítica, entrevista y poesía. Es una antología de poetas para poetas.

 

 


Viñeta

La traducción es un juego de la interpretación

Conversación con Miguel Ángel Muñoz


Roberto Torres

 

El poeta, historiador y crítico de arte Miguel Ángel Muñoz (Cuernavaca, Morelos, 1972) estudió historia en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, y realizó la maestría y doctorado en historia del arte en la unam. Es el miembro asociado más joven del Seminario de Cultura Mexicana. Desde su revelación en 1998 con el poemario Origen de la niebla y con la posterior publicación de sus libros de ensayo sobre artes plásticas El espacio vacío y Convergencia y contratiempo, ha sido considerado una de las voces más importantes e innovadoras de la crítica en México. Muñoz representa un signo del imaginario sensible que con el paso del tiempo se nos ha hecho cotidiano: poeta lector voraz y exigente, activista cuando toca, y un viajero constante, interminable, que ha encontrado en París, Madrid, Barcelona, Viena, Praga, Lisboa y Perpeñán, sus ciudades no sólo recurrentes, sino preferidas. Ha traducido al español la poesía de Ives Bonnefoy, John Berger, John Ashbery, Adonis y Albert Râfols-Casamada. Además, es autor de importantes compilaciones de textos históricos de Gutierre Tibón, José Hierro y Rubén Bonifaz Nuño, Rafael Canogar, estos tres últimos sobre historia de las formas estéticas. Su libro más reciente es El instante de la memoria (Editorial Praxis, México, 2013) —con ilustraciones del pintor Rubén Leyva— donde traduce y recoge la poesía de sus ocho poetas más cercanos, más próximos no sólo a su poesía, sino que todos tienen en común en tema recurrente en la obra de Muñoz: la pasión por el arte.

Para Muñoz no basta con decir, porque para decir, antes hay que saber y ese saber exige un pensamiento previo de las cosas: un conocimiento que sólo se produce en, desde y a partir del rigor. Y ese conocimiento y experiencia del rigor es lo que, a propósito de la traducción, expone aquí en una varia colección de textos que van desde la entrevista a la conferencia y que se caracterizan por la unidad de sentido que en torno a dos ejes —la lengua y la palabra— constituye su hilo conductor. Para Muñoz, «la traducción de la poesía es poesía en sí», porque «la poesía no significa: muestra». Y eso que muestra es “la resonancia de lo absoluto” que siempre está más allá de las limitaciones impuestas por los conceptos o por la representación. Para Muñoz, decir «es la especificidad del poeta, el acontecimiento de habla sin el cual la poesía no tiene lugar». Su sentido —si lo hay— son «las situaciones de existencia»: lo que llama «el estado cantante». De ahí que el primer objeto de su atención sea el ritmo: la música definida como mar por Baudelaire. Por eso insiste en que la traducción de la poesía supone una «liberación de lo universal» y una «reapertura del campo de la razón» tanto vital como histórica. Instante de la memoria es una poética, más que una teoría, de la traducción: en ella Muñoz muestra, entreverados, al poeta y al pensador —pues el volumen se divide en tres partes: un breve ensayo sobre la obra del poeta, una entrevista y las traducciones, o mejor dicho, las versiones del francés y del inglés— que es y explicita algunas de las claves de su escritura y su pensamiento político y poético. Su densidad no anula su intensidad, visible siempre en una prosa caracterizada no menos por la pasión que por la inteligencia.

 


¿Qué temas trata en El instante de la memoria?


Este nuevo libro es una vieja deuda que tenía con los ocho poetas que he seleccionado, entrevistado y traducido. Son quizá los que más han influido en mi vida y en mi trayectoria. Con algunos he vivido cosas únicas, pues han sido no sólo amigos, sino también cómplices, como es el caso de José Hierro, José Ángel Valente y John Berger. La poesía de cada de uno ellos gira en torno a las preguntas que se han hecho desde la reflexión o el asombro ante la vida. Pero con el paso de los años, estas preguntas tienen respuestas distintas o matizadas, según la edad y las circunstancias que han sobrevenido.

 


¿Y cómo son esas respuestas ahora?


Nunca hay respuestas afirmativas, al menos en mi caso. A veces hay respuestas que son otras preguntas, otras veces son aventuradas, y en muchas ocasiones desearía que las respuestas fueran distintas a las que hallo.

 


¿Cómo se planteó el proyecto de este libro?


En este libro se reúnen trabajos de un territorio creativo único: la poesía. En ningún momento de la redacción de éstos hubo en mí el propósito de concebir un libro, ya que en un primer momento fueron publicados en diversos suplementos culturales, y sólo ahora —al reunirlos para su edición— se cumple su destino final. No sólo hay unidad en el género literario que se aborda, sino en el periodo que abarca. Los poetas aquí reunidos pertenecen a una misma generación, y cosa curiosa, los ocho tienen en común su pasión por el arte. De ahí que los nombres que aparecen en el subtítulo: Yves Bonnefoy, John Berger, John Ashbery, José Hierro, José Ángel Valente, Francisco Brines, Ángel González y Adonis —que es del único que no incluyo entrevista, pues aunque nos conocemos y ha revisado mis traducciones sobre su poesía, no hemos encontrado el momento para llevarla a cabo— sean los paréntesis que, si nos atenemos a las respectivas fechas de nacimiento, abren y cierran su concreción temporal. Cuatro de ellos son poetas españoles, dos de lengua inglesa, un francés y un árabe, pero que escribe desde hace mucho en francés.

Estos trabajos ya habían aparecido publicados en suplementos y revistas culturales, como en La Jornada Semanal o en la revista Dos filos. ¿Por qué reunirlos en un libro? Lo pregunto, pues imagino que algunas de las traducciones han sufridos cambios, incluso, tal vez las entrevistas…
Han pasado algunos años desde la redacción de algunos de ellos, y quizás ahora hubiese sido buena la ocasión de retocar los breves ensayos o las entrevistas con mayor o menor profundidad. He preferido, sin embargo, dejarlos como salieron en su momento. Aunque en el caso de las entrevistas, he podido continuar un constante diálogo con Yves Bonnefoy, en París; John Berger, en Madrid y París; y con John Ashbery, en Madrid y Nueva York. No siempre que nos hemos visto he tenido el atrevimiento de sacar mi grabadora, pues en muchos momentos no es necesario, ya que nuestro encuentro nos llevaba por otros caminos, como lo fueron muchas veces mi cercanía con José Hierro, con quien caminé mucho por el centro de Madrid, y concluíamos el recorrido en el bar La Moderna; con Yves Bonnefoy, con quien me gusta ir y redescubrir el Musée d’ Ossay de París, para ver a los impresionistas, o caminar por la Rue Saint Dominique, hacia la Fundación Maeght, situada en la 42 Rue de Bac; o con Francisco Brines, recorrer diversas galerías, como Soledad Lorenzo, en la calle de Orfila número 5; tomar un aperitivo en el café Gijón y despedirnos en el Paseo de Recoletos. Sé bien cuántas son mis limitaciones y lo digo desde una agradecida experiencia lectora que no sólo me ha ayudado a entender mejor la poesía y su traducción en muchos momentos, sino también a escribirla e interpretarla.

 


Muchos de los poetas que traduce en este libro hablan de un mundo hostil, de ciudades ajenas... ¿han encontrado al fin su lugar?


Sí, cada uno vive y vivió una realidad distinta, única. Para Bonnefoy el lugar anhelado es París, donde ha experimentado la existencia de manera persistente, de su infancia a su hoy. En Berger es el movimiento constante, aunque para él vivir en la frontera de Francia y Suiza, en un pequeño pueblo y descubrir la luz, sus montañas, le da a su poesía un paisaje único.

 


¿Qué poetas españoles e hispanoamericanos lee con agrado y sorpresa?


Machado, Juan Ramón Jiménez, Unamuno; Lorca y Cernuda; Vallejo, Huidobro, Neruda, Emilio Adolfo Westphalen, José Hierro, Valente, Ángel González, Pablo García Baena, Borges, Lezama Lima, Vicente Aleixandre, Jorge Guillén, Xavier Villaurrutia, Octavio Paz... Y desde luego, me gusta y sigo muy de cerca a los poetas franceses e ingleses. Supongo que la pregunta se refiere a poetas del siglo xx, ¿verdad? Aunque para mí, dos de los más grandes poetas son Federico García Lorca y Luis Cernuda. El primer Aleixandre fue un gran poeta, también el último, pero tiene etapas intermedias reiterativas.

 


¿Cree que el poeta dicta los poemas o es la poesía la que dicta sus propios temas? Se lo pregunto no sólo como poeta, sino también como traductor.


Siempre he creído que el poeta nunca dicta los temas, sino que es la poesía la que se introduce en la persona que escribe y dice lo que ella quiere decir. Uno sabe lo que ha dicho porque lo lee, se desdobla en lector. Es como me decía alguna vez José Ángel Valente: «la poesía no sólo es la experiencia, sino también las lecturas», y después de años de lectura, te vas dando cuenta que esas lecturas dejan huella en la memoria. Pero las respuestas son certeras, al menos en el momento en que han sido escritas, aunque luego el poeta tacha y corrige lo que no le satisface. Hay que forzar continuamente el espíritu crítico, con pasión y lucidez, como me decía siempre José Ángel Valente. Vamos escribiendo por medio de la intuición, que es inteligencia súbita. Pero fíjate que cuando traduces, al mismo tiempo tienes que estar alerta al ritmo del lenguaje, pues el catalán o el francés suenan parecidos, pero no el inglés. Hay que tener mucha intuición. Por ejemplo, los sabios científicos tienen intuiciones, pero el poeta puede ser contradictorio según el momento y pide por parte del lector un asentimiento a lo que escribe porque escribe desde la verdad.

 


¿Cómo ve el panorama actual de la poesía en México? ¿A qué autores jóvenes lee?


Es muy arriesgado dar nombres porque en vez de complacer a los que nombras, ofendes a los que dejas fuera. Además de que la miseria de algunos intelectuales no tiene límites, si los mencionas o no. Lo mejor es no dar nombres. En México nos ha tocado la lotería con la poesía, sobre todo en el xx, que fue y es en algunos casos magistral: López Velarde, José Gorostiza, Villaurrutia, y desde luego, Octavio Paz. Con una base tan buena, el valor poético surge inmediatamente en las nuevas generaciones. Por eso el siglo xx ha tenido en todas las generaciones buenos poetas, y sigue ocurriendo. Los poetas que ahora tienen 40 o 50 años ya son maduros y hay varios nombres magníficos.


Hier, l’inachevable

Ives Bonnefoy(Tours, Francia, 1923)

Notre vi, ces chemins
Qui nous appellent
Dans la fraícheur des prés
Oû de l’eau brille

Nous en voyons errer
Au faite des arbres
Comme cherche le réve, dans nos sommeils,
Son autre terre.

Ils vont, leurs mains sont pleines
D’une poussiere d’or,
IIs entrounent leurs mains
Et la nuit tombe.

 

 

Ayer, lo inacabable

Ives Bonnefoy

 

Versión del francés: Miguel Ángel Muñoz

Nuestra vida, esas veredas
que nos convoca
al frescor de los prados
en los que el agua ilumina.

Los vemos ir errantes
en lo alto de los árboles
como buscan los sueños, en nuestro dormitar,
su otra tierra.

Avanzan con las manos
llenas de polvo de oro,
entreabren las manos
y cae la noche.

 



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