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Agua del alba

( Oskar Santoscoy )

Agua del alba
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$80.00


 

Viñeta

Este libro es un viaje poético en el que el autor expresa su alquimia interior; se percibe una evolución de la conciencia que se despoja del ego y de sus falsas personalidades para lograr la transmutación de lo banal a lo divino, como la oruga cuando emprende su vuelo en mariposa.

  Ávido siempre por el despertar de la conciencia, recopila algunos poemas escritos en sus procesos de meditación.

 

 


Viñeta

Oskar Santoscoy

Quiero agradecer a cada una de las personas que me apoyaron en el transcurso de esta creación; a Carlos López, por confiar en mi poesía y por abrirme las puertas de la mejor editorial; a mis padres, que siempre están presentes; a Laura Díaz de la Vega, que abrió otros universos en mi escritura; al dr. Alfonso Ruiz Soto, por orientarme en la poesía; a Verito Alejos, por corregir constantemente mi ortografía; a Valeria Mendoza, que le fue dando diseño a mis textos.

Verdaderamente es un honor tener aquí en este íntimo espacio a mi querido poeta Francisco Darmesh, que siempre estuvo pendiente del proceso de edición; a Estrella Asse, por aceptar leer mi libro y brindarnos su divina maestría; a Edna Aponte, por carrerearme para publicar y por bañarnos de sus búdicas palabras; a Carolina Romero, porque gracias a ella estamos aquí reunidos; y a cada uno de ustedes, por aceptar esta cordial invitación.

Quiero compartirles el proceso de esta obra, ya que fue una experiencia hermosa, donde la frustración, la inseguridad iban a trote firme, como la sombra de una flama, cuestionándome constantemente si era lo adecuado, si era correcta la poesía, pero este amor interno más fuerte que la gravedad nunca me deja en paz, es un arco inspirado que me impulsa todo el tiempo a la expresión, a la creación de mundos, quizá ya conocidos, pero ordenados con una sensibilidad muy personal.

Hoy puedo decir que Agua del alba es un libro vivo, que se abre solo y se hojea por tanta vida soplando en canto sus palabras; como notas musicales en el viento, se escucha el caudal de los ríos que buscan el constante latido de mi océano interno, se ven las mágicas raíces arraigadas en su tierra y se ve a las flores bailar con el amor de esta poesía. Afortunadamente, con el transcurso de los años, comprendí que para muchos lo correcto es únicamente lo que ellos crean y que en el arte el valor lo pone la moda y no el amor de cada artista; por esto no abandoné mi infante idea de ser poeta.

Después de 5 años, Agua del alba fue creciendo como un niño prístino que ignora el sentido de la vida y sobre todo la perfección de las materias; con el transcurso de los años, maduró y comprendió que la semilla es la creación de la vida, el impulso de la creatividad infinita del cosmos, pero que en las artes el jardinero le va dando forma y dirección a la inefable expresión de Dios; retrocedió en sus momentos de abandono, quizá por falta de luz y de abono; avanzó con más fuerza cuando los destellos de amor surgían del valor de su existencia; giró en estos años y gira, como las pequeñas galaxias o como la luna llena que esta noche nos acompaña, una noche mágica y no lo digo únicamente porque estemos aquí reunidos o por la presentación de Agua del alba, sino porque también hoy 8 de octubre es para los judíos la séptima y última fiesta solemne del Señor, la fiesta de los Tabernáculos, llamada también la fiesta de las Enramadas, que es la venida del Padre y del Hijo por medio del Espíritu Santo para hacer su morada en la personalidad de los santos. La fiesta de los Tabernáculos era tiempo de dar gracias por el fruto de la cosecha anterior; y no sólo eso, aún más sincronía, hoy es el segundo eclipse de la tétrada de lunas rojas, un eclipse total, el mejor de todos, cuando vemos que la cara de la luna se torna roja como en el ocaso.

En sus pocos pero no carentes años de vida, Agua del alba ha cambiado de nombre como tres veces; primero, el nombre paterno; después, nombre poético; bueno, imaginen, ya tiene hasta nombre Sanniasin; quién sabe qué pase después.

Apenas hoy Agua del alba inicia su vuelo, su peregrinar por la tierra, su vocación de vida y libre albedrío; ya no es un libro mío, ahora es de quien lo toma en sus manos y lo lleva a su íntimo espacio, donde juntos podrán viajar entre el paso de sus hojas y sus mundos internos. Seguramente seguirá creciendo en la particular imaginación de cada lector, como la vida en el espacio sideral.

Cuando me preguntan que si tengo hijos, les contesto que no, que tengo un libro, y que igual que a la madre, al escritor se le olvida comer, saciarse, dormir, meditar, convivir, y todo por amor a su divina creación.

Por último, agradezco a la Editorial Praxis, por haberle quitado al libro lo que le sobraba. Cuando le preguntaron a Miguel Ángel cómo pudo haber hecho el David, contestó: «Yo sólo le quité lo que le sobraba».

Muchas gracias por su divina presencia.

 


Viñeta

Carlos López

Los afanes literarios de Oskar Santoscoy, su continua indagación por encontrar la forma poética, están concentrados en el poemario que después de intensas jornadas de trabajo salió a la luz. Agua del alba es el fruto de una genuina, férrea voluntad por insertarse en los laberintos de la rosa. Sabemos que quien moja su pluma en el tintero del espíritu de la poesía toca las puertas de senderos ignotos y no sale indemne, pero la rosa existe porque hay ramas con espinas que la sostienen.

Oskar Santoscoy observa, reflexiona —una actividad olvidada en nuestros caóticos días—, aprehende, trasciende las metáforas materiales y se echa a volar por el universo. Sus versos persiguen la acción purificadora, catárquica de la poesía más antigua de la humanidad. Quien oficia con la palabra y escribe poesía se comunica con el espíritu universal. Transmite su tremor como chamán, nos hace sentir nuestras sus palabras. Poetiza un espíritu en rebelión, arrobado ante el deslumbramiento de la magnificencia de la creación infinita, manifestada en las cosas más pequeñas, en el vuelo de mariposa, en la nota que afina el universo, en el grano de arena, en el color del agua, en el despertar cotidiano cuando se abre el día en flor.

No es la vana ilusión de hacerse nombrar poeta lo que toca a quien busca la esencia de la poesía, a quien pone en el centro de su vida la búsqueda del hallazgo de los tesoros que se encuentran ocultos en el envés de las palabras. El poeta se adentra en las honduras del ser para cantar las cosas esenciales de la vida. La poesía puede despertar la conciencia de estar, de colocarse en los ejes que rigen el mundo.

 


Viñeta

La apuesta poética de Oskar Santoscoy

Francisco Martínez Negrete

 

Tras leer Agua del alba de Oskar Santoscoy no he podido sino pensar en Baudelaire, el bien llamado padre de la poesía moderna. Claro está, Oskar se encuentra lejos de ser un poeta maldito, pero acaso, ya nobel residente del parnaso mexicano, con tiempo, lecturas y oficio, esté en vías de convertirse en un maldito poeta. En su famoso soneto «Las correspondencias», Baudelaire advierte:

 

La Nature est un temple où de vivants piliers

Laissent parfois sortir de confuses paroles;

L'homme y passe à travers des forêts de symboles

Qui l'observent avec des regards familiers.

 

que en la libre versión de Ignacio Caparrós vendría a ser algo como:

 

La creación es un templo donde vivos pilares

hacen brotar a veces vagas voces oscuras;

por allí pasa el hombre a través de espesuras

de símbolos que lo observan con ojos familiares.

 

Y Santoscoy escucha y escucha bien no tanto a Baudelaire como a la naturaleza misma que viene a ser el personaje principal de sus poemas: «… abandono lo creado por el hombre,/ me reflejo en la espiral de la naturaleza» escribe en su poema «Voy en la aventura de la vida». Y en efecto, los 14 poemas que componen este primer libro están plagados de estrellas, ríos, estelas, viento, fuego, árboles, rosas, y en ninguno de ellos hallamos palabras como esquina, cables, vidrios, Iphones, aviones, tranvías, esmog, ni nada que se parezca al horrendo infierno de metal y plástico que nos circunda. Pareciera como que sus poemas hubieran sido escritos en Holboch o algún otro sitio cuasivirgen de la ya sobrexplotada Riviera Maya. Ello nos hace pensar dos cosas: que Agua del alba no tiene tiempo ni que ver con el tiempo humano sino que es un intento por regresar al instante primordial y primigenio de la creación entera en un ánimo de dialogar con el creador. Y que, como su título indica, Agua del alba es un ejercicio de limpieza perceptiva, de aclarar los sentidos para poder percibir mejor y en las mejores circunstancias el gran poema que es la naturaleza.

Así, sin decirlo abiertamente, Santoscoy pareciera con su propuesta incidir en que nos hemos equivocado de camino. En este sentido, y en más de un sentido, podríamos decir que Oskarito es un poeta new age. Un heraldo del tiempo por venir, en el que la naturaleza, quitándose su delantal cochambroso de empleada exprimida y malpagada, vuelve a tomar su principalísimo papel de madre amorosa, pachamama, impoluto poema de Dios que nos contiene y del que somos parte, y que hemos dejado de percibir por la miopía de nuestros absurdos egos, de creernos dueños y señores de la creación.

Esta pulsión de no estar solo, de continuarse en los elementos y fundirse de algún modo con la totalidad que lo rodea lleva al poeta a escribir: «La madre tierra me reaviva,/ mi corazón se expande/ en la llama colorida de las flores,/ en el suspiro del agua sin palabras». La separación entre sujeto y objeto, hombre y naturaleza, pareciera decirnos Santoscoy, es un engaño, una mera invención del lenguaje. Es por ello que, más allá o acá del ego —«armadura de angustias,/ cadena de condicionamientos»— sus poemas buscan encarnar el continum de una imagen totalizadora que, volviendo a la sinestesia de Baudelaire, transmuta constantemente sus elementos. «Si el horizonte funde el océano con el cielo,/ si las nubes son el agua del desierto/ y las olas son el viento del mar/ que quieren alcanzar el firmamento,/ ¿qué diferencia hay?», plantea el poeta en otro de sus textos, para incidir más adelante: «¿Qué diferencia hay?,/ si soy imagen para el supremo poeta/ y a la vez poeta». Aquí, Santoscoy pareciera confirmar la máxima de Hermes Trimegistos en La tabla esmeralda: «Así como arriba es abajo» y posicionarse en su imagen de poeta, como lo quisiera Huidobro, como «un pequeño dios». Porque es a través del poema, acto libérrimo de creación, que el poeta puede, entonces, descifrar la escritura original del universo anterior a las categorizaciones aristotélicas de lógica y gramática. O, dicho de otra manera, el poema desata un juego de espejos que busca proyectarse al infinito.

Eminentemente visual, la apuesta de Santoscoy busca destacar la fanopea, concepto con el que Ezra Pound definía la danza de las imágenes en el poema. Si bien a veces cierta ambigüedad oscurece el sentido, como en «las islas blancas que vuelan de infinitas formas», para luego aclararlo cuando caemos en cuenta que se refiere a las nubes, en otras acierta con concisa claridad: «Las hojas caen/ como mariposas al río y, /ya peces, /nadan hacia el mar».

Poesía nacida de la contemplación, la de los poemas de Agua del alba se acerca a la sensibilidad de ciertos poetas orientales que influyeran sobre el modernista Tablada y que luego Octavio Paz hiciera asequibles en México. En sus mejores momentos, nos despierta al asombro ante la majestuosa magnificencia del universo que nos rodea. Que la búsqueda personal y poética que Oskar Santoscoy inicia con la publicación de este libro se ahonde y multiplique en muchos más, constituye sin duda nuestro mejor deseo.

 


Viñeta

El náufrago tritón encuentra coordenadas en el agua del alba

 

Edna Aponte

 

Exposiciones y publicaciones:

¿es esto lo importante para ti?

Ganancias o placer: ¿qué es más importante?

Aceptación o rechazo: ¿cómo responder?

Cuando dependas de las alabanzas de los demás,

siempre estarás vacío.

Si el placer depende sólo de las ganancias,

con frecuencia estarás desilusionado.

Cuando estés contento con tu vivir creativo y

contento con la vida que tienes, date

cuenta que nada te falta.

Sabes que perteneces al Universo.

Lao Tse

 

Anoto estas coordenadas tan antiguas, porque con esta voz del Tao el autor de este pequeño libro y yo nos conocimos, mientras yo daba clase en el taller que imparto en el Péndulo. En ese momento alguien se acercó para preguntarme a su vez si alguien podía tomar mi clase. Y vi entonces a un ser doradito de sol y de aura que se acercaba tímidamente: se sentó a un ladito, escuchaba. Esa mañana leí el Tao a mis alumnos y un poema mitológico que vi manifestarse, percibí a un joven tritón náufrago sentado en una silla de esa librería en pleno siglo xxi. Desde entonces, como en un extraño enigma, la vida de este poemario y su autor se encontraron como una coordenada en un mandala común: la poesía y la meditación. Así que referirme a Agua el alba me es extrañamente familiar por algunos motivos: el primero es las mariposas; este símbolo del poemario recuerdo haberlo notado desde la primera vez que me mostró sus mil o 100 poemas místicos, que ahora veo se decantaron en algunos menos pero con la esencia de la imagen, la metáfora y el símbolo que la poesía requiere.

Yo no tuve la coordenada precisa por mi apretado destino para continuar con la trayectoria completa de este efímero vuelo de mariposa; sólo veo el resultado y me alegro, como se alegran las poetas al ver un árbol cargado de mariposas monarcas; así observamos la escritora Laura Díaz de la Vega y yo este poemario; ambas somos escritoras que leímos y tallereamos de alguna manera con este poeta que ahora tiene la responsabilidad de volar y migrar con sus palabras a cielos claros, buenos, verdaderos.

Agua que mana al alba es agua primigenia, es aprender de lo ya andado con la humildad que nos dan las palabras y experiencias que se sueltan, que vuelan cuando meditamos; la meditación crea espacios que se pueden leer en estos poemas, sólo que al volar deben soltarse; el apego no es lo suyo porque entonces no habría migración y transformación. En este primer libro de este autor existe el compromiso de que logre madurar con elementos puros y fuegos cálidos, no fatuos, aunque la línea es únicamente un destello donde se decide hacia dónde mirar de hoy en adelante: hacia la luz o hacia la sombra.

Escribir es un compromiso sagrado, espero que este poeta logre trascender las bodas entre el cielo y el infierno.

Y como una Lamia hada parienta de los tritones, de Atenea, de Zeus y Poseidón los convoco a la visión de esta obra, que logren mirarla desde el agua misma de donde brota: ya que están ante la palabra recobrada de un tritón náufrago cuya caracola y tridente lo acompañan en horas aciagas; cuando el camino se le bifurca y se le va solo a tierra, toca la estridente caracola, vuelve a navegar para vivir.

Tritones que fueron hombres, marinos de torso fornido que habitan el Mediterráneo y Atlántico, de apariencia similar a las sirenas, versión masculina, mensajeros del agua que así como navegan escriben, buscando en este primer aliento su propio mar, su propia expresión. Aquí, ahora, anda navegante un tritón cuyos extraños orígenes se ve entre nosotros con lápices y hojas, trepado en sus barcas donde canta canciones tristes o soleadas, y usa tridente cuando no sabe adónde ir, trincha palabras y personas para conocerlas. Así como Oskar —tritón-tridente-caracola-mariposas— se acercó al Tao para escuchar su propia sonido yo me acerqué ante el tremendo sonido de la caracola estridente de fondo de mar para allí escuchar que

 

En la caída donde la oruga agoniza

el alma trasciende ante el misterio.

Donde la existencia se transmuta

pasan las hojas de mi destino.

Como alas de mariposa

vuela mi alma a otras dimensiones

ávida de encontrar su origen.
 


Viñeta

Agua del alba

Estrella Asse

 

What you seek is seeking you.

Rumi

 

A través de Carlos López recibí la invitación para presentar el libro que hoy nos reúne en esta celebración poética. Sin más información que el nombre del autor, fecha y lugar, cuando tuve en las manos Agua del alba, supe que se trataba de un encuentro afortunado.

Conforme veía la combinación de tonalidades en la portada, saltaba a la vista la hoja de maple café que de inmediato asocié con el otoño. Un periodo de transición caótica que moviliza la naturaleza, que libera la tensión cuando las nubes descargan la tormenta y el paisaje vuelve a respirar en estado de quietud.

Similar a ese movimiento, que es germen de un nuevo orden, encontraba analogías con el quehacer del poeta que resiste con paciencia la realidad confusa, y la absorbe mediante el equilibro que materializa en la proporción de sus versos.

En Agua del alba, Oskar Santoscoy los conjuga en la expresión que nace de la contemplación; abre brechas a los deseos secretos, a los pensamientos ocultos, a sendas recónditas que explora en el sosiego de la conciencia. Elige un título que convierte la naturaleza en fuerza dinámica, en potencia activa. El fluir del agua supera la detención, rellena todos los sitios huecos del camino hasta encontrar los primeros destellos que iluminan el día.

 

En el reflejo de la claridad, el poeta nos dice:

Miro la mariposa,

alma que surca los vientos,

aleteo de todo lo que ha muerto.

 

Pétalos de rosa

aparecen y desaparecen en el universo,

vuelan como un corazón que palpita sin cuerpo.

 

El poema es preámbulo que encamina nuestra travesía, metáfora que dimensiona el espacio en una sucesión de instantes volátiles. Asistimos a la transformación del aleteo continuo que permanece como eco del latido que alarga el silencio.

La vida transcurre en el tiempo desventurado de los adioses, se inscribe en la piel de la mujer que añora. Es búsqueda por alcanzar con los brazos en alto la divinidad que evoca, explorar el misterio que enlaza, simultáneamente, lo efímero y lo perenne.

Entre paisajes cambiantes, por vertientes desconocidas, los ojos se mueven entre poema y poema, por el andamio que sostiene la estrategia de su propia construcción. Las palabras brotan dando consistencia al lenguaje, se tiñe de imágenes que prueban ser incapaces de existir independientes de su forma.

El tiempo real que plasma la escritura es paralelo al significado que lo figura en el momento que deja de ser. El cambio propicia la relación del presente con el pasado, es ya memoria que nos induce a reflexionarla a través de la mirada del poeta:

 

Miro la vida

en el agua que mece el valle,

en las islas blancas que vuelan de infinitas formas,

en el canto del estanque,

en la risa interna que destella a oscuras,

en el peregrinar de mi vida,

en los abrazos del viento,

en las caricias del mar a la tierra.

 

Miro la vida

cuando navego y el puerto se desvanece

con el arribo del barco al muelle,

con la misma soledad que la luna,

en lo profundo del ser al cerrar mis ojos.

 

El enlace de los elementos vitales es espejo de la fusión cósmica que Oskar traslada a los sucesos cotidianos. Le proporciona a sus lectores la lente que magnifica 14 poemas dentro de un universo compacto; como si fueran versos aislados que juntos formaran un soneto de novedoso ensamble. No obstante, enfrentarse con la poesía es entender que la libertad creadora rebasa los límites estrechos de los géneros; dispone de sus propias reglas sin pasar por alto la congruencia que busca el acomodo de las palabras precisas, el trabajo arduo de modificar la estricta linealidad del lenguaje en vías comunicantes de sentidos.

Apoyado en versos libres, Oskar no desatiende el ritmo que los acompasa. Bien decía Ezra Pound que todo poeta debe buscar el que corresponde a la emoción que quiere expresar.

Coleman Barks, estudioso incansable y traductor de la poesía de Rumi, subraya que del poeta persa emana música verbal en cada uno de sus versos; pero que, secretamente, busca abrir corazones y, junto con sus seguidores, explorar el misterio de la unión con lo divino.

La actitud meditativa que cubre la poesía de Oskar roza esferas místicas que en la espiral de su camino deja sólo entrever la cúspide de su andar. Reserva para sí los enigmas que todo arte guarda sin perseguir lógicas estrictas, respuestas objetivas o verdades absolutas.

Cada lector tendrá que formar su propio itinerario, recorrer el catálogo de distintas impresiones que el poeta ha plasmado, descubrir el acontecer siempre impredecible que despierta la palabra hecha de fibras íntimas.

Al final, la riqueza de los hallazgos será génesis luminosa; ahí donde Oskar nos habla de la metamorfosis eterna que regocija el alma.

Le agradezco a Carlos López la posición privilegiada de ser lectora esta noche y a Oskar por ensanchar horizontes en esta conjunción de momentos que dejan un mensaje hondo, para mí, y para aquellos que sientan el llamado de la poesía.

 


Viñeta

Presentación Agua del alba en Papantla

Oskar Santoscoy

 

Las líneas del tiempo hoy nos reúnen en el ombligo de un estado jarocho, lugar donde el arte no se limita por las fuerzas gravitacionales: Papantla, lugar amurallado por ríos, donde no sólo vuela la imaginación, vuela también el creador sin ego ni entidad, apunta siempre en todas direcciones y hace de su arte un ritual donde el artista desaparece en el canto de las aves y en el vuelo de su propia religión, para llamar la atención de los dioses.

Aprovecho para agradecer a las aves que nos recibieron con sinfonía, a Pablo García García y a cada uno de los artistas de este festival que han modificado de manera muy particular mi escenario interno de conciencia.

Agua del alba también quiere compartir letra, palabra, tempo, poesía; quiere acompañar a las aves cantar y hacer oración en el rito de Papantla. Agua del alba es un sendero donde podemos percibir la evolución de la conciencia, como la transmutación de la oruga en mariposa. De principio a fin,  como transcurren los poemas, nos vamos despojando del ego, de las falsas personalidades, de condicionamientos que cubren con armaduras y cadenas nuestro ser. Como transcurren las hojas, vemos destellos de luz que iluminan el camino hacia la paz interior y al encuentro con la divinidad, reconociendo en ti, en la muerte, en la mariposa, en la caída de una hoja, en las estrellas, en el llanto o en la sonrisa, la totalidad de Dios. 

 


Viñeta

Exposición Orígenes de un libro

Oskar Santoscoy

 

Hoy hace 5 meses y 18 días, fue el nacimiento públicamente hablando, del libro Agua del alba; en estos 5 meses, Agua del alba abrió caminos inimaginables en los cuales pude ceñir amistad con personas verdaderamente sinceras, honestas e inmersas en el camino de la creación, por supuesto siempre con la ayuda de Dios, porque descubrí que los artistas, de alguna manera, también, somos siervos de Dios, ayudándole en su infinita creación, ya que a través del artista Dio se expande en una de sus múltiples posibilidades.

Entre estas amistades, quiero agradecer al lic. Gerardo Zapata, director de Cultura de la Delegación Cuauhtémoc, porque gracias a su apoyo hoy esta exposición fue posible; y no sólo eso, a lo largo de nuestras reuniones me permitió ver el lado humano del ser, con su vocación clara, activa y en servicio, en este caso de los artistas, en apoyo de nuevos talentos y de los de antaño; siempre portando una presencia impecable pero con una sencillez majestuosa.

La exposición Orígenes de un libro nació cuando tuve la oportunidad de estar en los talleres de la Editorial Praxis, trabajando los detalles finales del poemario Agua del alba. En cada reunión que tenía con el maestro Carlos López, llegaba y de inmediato me sumergía en un silencio paradójico, porque ningún ruido humano se escuchaba, pero las murallas interminables de libros, que forman laberintos entre las oficinas eran murmullos apilados que martillaban mi mente, cuento y poesía cantan desde su rincón en esa editorial día y noche.

Veía que cada movimiento de las personas que trabajan en la editorial era de una delicadeza extraordinaria, como si no quisieran interrumpir el canto de los libros o como si los ancianos estuvieran hablando; su trabajo era meticuloso y con toda la entrega necesaria, para evitar, supongo, las travesuras del famoso duende que mete y quita letras en los textos a su antojo. Todo esto y otras extraordinarias experiencias fue lo que me inspiró a congelar momentos importantes de la creación de Agua del alba.

Como podrán ver en la exposición fotográfica, el proceso de un libro requiere el equipo y la dedicación constante de muchas personas: el formador, el que diseña las portadas, el corrector de estilo, los artistas del plotter, el escritor y las múltiples vivencias, pero como lectores muchas veces lo ignoramos.

Muchas gracias, maestro Carlos López, por abrir las puertas de su casa, la editorial, como un refugio para los escritores; en lo personal yo de usted bebí de su conocimiento y me alimenté de sus abundantes reservas de cultura, soy su aprendiz; orgulloso, hoy le reitero mi admiración.

Muchas gracias, Prem Dayal, porque siempre me confirmas que el amor y la meditación son los pasos firmes para una vida sana y clara, agradezco tu sencillo pero monumental apoyo.

Muchas gracias, Jenny Asse, un ejemplo más de amistad que germina por el canto poético, un ejemplo más de quien entrega todo por la palabra. Una sola reunión bastó, entre tú y yo para demostrar tu generosidad, una reunión atestiguada por los pilares de libros que le dan eco a tu risa jovial y tu danza ligera que inspira a la poesía.

Estoy seguro que a partir de hoy todos los lectores tomarán su libro predilecto con una mayor claridad de lo que es la creación, quizá hasta lleguen a comprender que un libro es un océano de vida que muestra la grandeza del universo en la constante creación de sus infinitas, creativas, inigualables hojas que permanecen en el corazón de otros, con un efímero destello de vida.

Agua del albalo escribí en diferentes procesos de meditación, en diferentes partes del mundo y en diferentes estados de conciencia; es para mí, hoy en día, un claro ejemplo, un recordatorio constante de que el alma hay que alimentarla día a día porque la conciencia oscila.

La poesía que encontramos en el interior de Agua del alba es la búsqueda constante del poeta hacia el amor supremo, son las palabras del alma que confían en la existencia, son las garzas bañadas de pureza que caminan a paso inseguro entre las playas, pero se entregan como flechas al vuelo del supremo destino.

Agua del alba define con pocas hojas las estaciones del alma y muestra entre sus vivencias los pasos constantes hacia el despertar de la conciencia y la oración de dicha ante la madre tierra y el padre supremo.

Gracias a todos por su divina presencia.

 


 


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Opiniones de los usuarios:

Paco Gómez  (Jueves, 25 Junio 2015)
Porcentaje: 5
Agua del Alba viene de un maravilloso sueño y abre sus letras a un dulce despertar. Como una rosa, cada una de sus páginas despliega su propio
aroma. Descubrir su interior es el reto. Acariciar nuestra imaginación es la recompensa. No hay reto más fascinante.rnSiempre es un placer
disfrutar la manera desmedida en que al autor nos comparte el amor a la vida, porque las más grandes virtudes se miden por la conducta ordinaria.